28 de febrero de 2011

¿Cómo garantizar que la interculturalidad vaya más allá de la escuela y se convierta en parte del quehacer cotidiano?, por Lic. Javier Bautista*


La educación intercultural no niega las diferencias: se nutre de ellas para generar visiones más amplias de la realidad.
En los últimos años, diversos conceptos han sido retomados para dar respuesta a problemáticas derivadas de las transformaciones del mundo globalizado; tal es el caso de la interculturalidad que hoy se convierte en un eje clave en el ámbito de la educación.
En nuestro país, la educación intercultural ha venido tomando fuerza con la construcción, en todos los niveles educativos, de modelos que buscan garantizar el acceso a las escuelas a grupos culturales históricamente excluidos, como los indígenas y habitantes de zonas marginadas; pero ¿basta con esto para decir que educamos en la interculturalidad?
Si bien es cierto que desde la perspectiva del pluralismo cultural, lo primero es lograr que en un mismo espacio educativo converjan diversas culturas, esto no es suficiente, pues la educación intercultural lo que busca es que las diversas culturas dialoguen, intercambien visiones de la realidad y construyan acuerdos. Lo anterior parece una tarea titánica para los sistemas educativos, sobre todo para aquellos que intentan crear estos espacios desde la institucionalidad dejando de lado la importancia de la vida cotidiana.
Precisamente, una de las formas de educar en la interculturalidad, particularmente en educación media y media superior, se basa en recuperar las experiencias de los estudiantes fuera de la escuela, estando atentos a los intercambios de conocimientos, creencias y visiones de futuro que se viven de forma paralela a los planes de estudio, en los pasillos, en los comedores, en el camino de la escuela a la casa. Pero no nos confundamos: no se busca institucionalizar estos intercambios, al contrario: hay que procurar que a partir de estas interacciones surjan espacios de autonomía como asambleas, redes de apoyo mutuo o colectivos que promuevan la cultura y con ellos construir iniciativas de trabajo conjunto. Esto garantiza que la interculturalidad no se quede en el discurso de la escuela ni sea vista como una imposición, sino justo lo opuesto: que sea vista como un compromiso y una responsabilidad compartida, pues de lo que se trata es de educar y educarse en la diferencia, en esa diferencia que amplía horizontes y completa mundos.

*Lic. Javier Bautista de la Torre, asistente de investigación (INIDE/UIA). Línea de investigación: Educación Intercultural. E-mail: Javier.delatorre@uia.mx

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