17 de marzo de 2011

¿Qué es el neoliberalismo? En defensa del buen pensar, por Pedro Flores-Crespo*

En días pasados visitó nuestro país Amartya Sen, premio Nobel de Economía, para dar una conferencia en el Cuarto Encuentro de Educación Financiera de Banamex. Según algunas notas periodísticas, el profesor indio habló sobre crisis financiera, déficit fiscal, el precio de los alimentos, y explicó su propuesta de cómo evaluar el desarrollo en términos de libertad. Al contrario de otros grandes pensadores que visitan nuestro país, el filosofo-economista, optó por no pronunciarse sobre México porque, dijo, no está familiarizado con su economía y mucho menos con su política.

La sensatez y humildad de Sen no paró ahí. Cuando una reportera le preguntó su opinión sobre el neoliberalismo, el ex rector del Trinity College de Cambridge pidió que le explicara a qué se refería, pues según él, se ha encasillado cierto tipo de pensamiento con la etiqueta de neoliberalismo y eso impide el análisis y la discusión seria sobre las teorías económicas (nota de Roberto Morán, CNNExpansion.com).

La mesura de Sen quizá puso a la reportera fuera de las ocho columnas, pero a los universitarios nos recordó el arte del buen pensar. Calificar algo sin conocer el significado de las palabras y los términos es una trampa. Si etiquetamos antes de conocer, el pensamiento pierde.

Pero hay un riesgo mayor en poner etiquetas: se marca una línea divisoria en relación con el “otro” y nos podemos volver intransigentes. Consideremos el siguiente ejemplo. Con la excusa de ser “representante del sistema neoliberal”, algunos estudiantes de economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) impidieron la participación del senador priísta Francisco Labastida Ochoa en un seminario cuyo propósito era reflexionar sobre la reforma hacendaria de México (nota de Ariane Díaz, La Jornada, 10/03/11).

Lo he dicho aquí, puede o no gustarnos la actitud de un político, pero esta posición —ciudadana y legítima— no puede derivar en intolerancia (Campus 390). Es deplorable que por diferencias ideológicas se expulse a la gente de un espacio que por naturaleza es plural y destinado a cultivar la razón. Me sigue intrigando por qué algunos universitarios buscan trascender erigiéndose en “ángeles custodios” del campus sagrado. Si los jóvenes de Economía tenían diferendos con Labastida sobre cómo conducir los asuntos económicos del país, podrían haber esperado a conocer sus puntos de vista y luego entrar al fiero debate. Éste es el verdadero campo “de batalla” y uno de los espacios desde donde los universitarios construimos la democracia.

Pero, ¿qué es en realidad el neoliberalismo? Curiosamente, el Oxford Dictionary of Economics no tiene una entrada para el término ni tampoco el Dictionary of Economics de Penguin. Con el prefijo “neo” sólo podemos encontrar neoclassical economics, que se refiere a una teoría cuyo supuesto central es considerar a las personas como agentes económicos que buscan solamente maximizar su propio beneficio, algo que por cierto Amartya Sen cuestionó lúcidamente en un artículo de 1977 intitulado “Rational fools. A critique of behavioral foundations of economic theory”.

Quien sí ofrece un significado para el término neoliberalismo es el Dictionary of Social Sciences, que confirma que el neoliberalismo es sólo una etiqueta política con múltiples significados. Dentro de esta multiplicidad, este diccionario identifica tres versiones del neoliberalismo. La primera está asociada con una perspectiva reformista, de centro-izquierda, en la cual se refuerzan los valores de la justicia social, la tolerancia y el multiculturalismo. Esto no debería sorprender, pues ser liberal también equivale a defender y respetar los derechos y garantías de los individuos de toda forma de opresión. El liberalismo se opone entonces al absolutismo y tiene, como corrobora el Oxford Dictionary of Politics, una de sus raíces más evidentes en movimientos como el de la Ilustración y las revoluciones industriales y políticas de los siglos XVII y XVIII, algo que por cierto grandes facciones y líderes de la izquierda mexicana frecuentemente olvidan. Claro, ellos no podrían nombrarse como liberales contemporáneos porque aunque sea ideológicamente correcto, es impopular.

La segunda versión está relacionada con el retiro del Estado de los asuntos públicos para dejarlos en manos del mercado, tal como propusieron los gobiernos de Margaret Thatcher, en Gran Bretaña, y Ronald Reagan, en Estados Unidos. Estos gobiernos, por cierto, hay que recordarlo, fueron sustentados por facciones de corte netamente conservador, por lo tanto, el término “liberal” tampoco encaja. La tercera —y última— versión de neoliberalismo ofrecida en el diccionario se refiere a la promoción de la globalización económica por medio de los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y el Fondo Monetario Internacional (Calhoun, C. 2002, Oxford: OUP, pp. 335-6). Parece que es en esta última versión que se puede ubicar la idea del “proyecto neoliberal” que en México esbozaran Rolando Cordera y Carlos Tello a principios de la década de los ochenta en su libro México: la disputa por la nación. Perspectivas y opciones de desarrollo.

El problema es que sin tener mayor cuidado del significado del término, en México la palabra neoliberal se ha utilizado de manera indiscriminada y confusa. En muchos casos, se habla del neoliberalismo no para comprender la realidad, sino para buscar culpables y con ello denostar. En ello, no hay ética ni nada original, no se necesita ir a la universidad para repetir como perico y poner etiquetas, sino para estudiar las teorías a profundidad, cuestionarlas, dialogar y saltar a la realidad con propuestas razonadas que enriquezcan nuestra vida, no que la empobrezcan. Para combatir eficazmente las inadmisibles injusticias que aún enfrentan grandes grupos de la sociedad mexicana, se requieren menos pericos iracundos y más buenos pensadores.

* IEE-York/INIDE-UIA. Originalmente publicado en: Campus Milenio

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