18 de junio de 2011

La indignación revisitada, por Pedro Flores-Crespo*

El Movimiento 15-M o de Los Indignados buscó interpelar a los representantes del sistema financiero y a los políticos. Las muestras de adhesión a la causa de los indignaos fueron amplias y a escala mundial, pero ¿se corresponde tanta ilusión con la realidad?

Apartir del 15 de mayo y hasta el 12 de junio un grupo de jóvenes se reunió libremente en la plaza de la Puerta del Sol de Madrid para reivindicar la conciencia política y social y pedir que los intereses económicos y políticos se delimiten en función del desarrollo de las personas. Ante la creciente cancelación de oportunidades de vida, el Movimiento 15-M o de Los Indignados buscó interpelar a los representantes del sistema financiero y a los políticos. Las muestras de adhesión a la causa de los indignaos fueron amplias y a escala mundial, pero ¿se corresponde tanta ilusión con la realidad? Campus visitó la acampada y obtuvo los siguientes testimonios para que usted, amable lector, se forme su propio juicio.

ACCIÓN CIUDADANA Y VÍNCULO GENERACIONAL

Caminar hacia la acampada, ubicada en la Puerta del Sol de Madrid, despierta mucho interés y genera diversas preguntas. ¿Qué fue en realidad lo que hizo que este movimiento tuviera resonancia mundial? ¿Están los indignaos conscientes de ello? ¿Qué pasos darán para hacer cumplir sus demandas? ¿A qué contradicciones se podría enfrentar el movimiento? ¿Por qué fue Stéphane Hessel su inspiración? Contestemos algunas de estas preguntas.

En su libro ¡Indignaos! (Destino, 2011), Stéphane Hessel se apoya en su emblemática figura —fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948— para decirle a los jóvenes: “mirad a vuestro alrededor, encontraréis los hechos que justifiquen vuestra indignación (…) Encontraréis situaciones concretas que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte”.

¿Cuáles son estos hechos? Según Hessel, el recelo hacia los inmigrantes, la amenaza hacia el sistema de seguridad social, la posesión de los medios de comunicación en manos de gente “pudiente”, la creciente desigualdad, la ambición desbordada de los representantes bancarios y la falta de recursos de subsistencia de todos los ciudadanos.

Hessel, de 93 años, observa que los valores y principios que dieron forma a la Francia de la posguerra y sobre los cuales se asentaría la democracia moderna, están en riesgo. Testigo vivo de los totalitarismos del siglo XX, como el comunismo y el nazismo, Hessel afirma que el terrorismo es inaceptable y sobresale de él su congruencia y temple.

Pese a vivir el horror de las campos de concentración nazi, el autor de ¡Indignaos! cuestiona las operaciones del ejército israelí en la franja de Gaza y Cisjordania, y expresa que es “insoportable” que los propios judíos puedan perpetrar “crímenes de guerra”.

Al final de su libro, Hessel se pronuncia por la no violencia. Cualquiera que sea su forma, dice, ésta “es un fracaso”. La violencia “da la espalda a la esperanza” y así no podremos comprender que este momento es sólo eso: un momento en el largo desarrollo de la historia.

La posición de Hessel traza un puente generacional y, a mi juicio, es valiosa por enfatizar al menos tres puntos. El primero es la importancia de la democracia deliberativa o participativa, es decir, la posibilidad de acción ciudadana a partir de los hechos sociales que nos disgustan, que nos indignan.

Con ello, damos paso a una responsabilidad individual, la cual, como dice Hessel, no puede “encomendarse ni a un poder ni a un dios” y debe, en cambio, “comprometerse en nombre de su responsabilidad como persona humana”.

Segundo, no pone a discusión la importancia de la democracia como sistema de gobierno, sino la calidad de la misma. Si no nos gusta cómo opera la democracia, tendremos que cambiarla a partir de las condiciones que ésta ofrece. De ahí el lema que resuena fuerte en todos lados pero más en México: “¡democracia real ya!”.

El tercer y último elemento que aprecio profundamente del librito es la congruencia de Hessel. Si como individuos nos comprometemos con un valor universal (respeto por los derechos humanos, libertad, autonomía, igualdad o democracia), deberíamos esforzarnos por defender ese valor sobre cualquier conveniencia e, incluso, sobre el amigo, jefe o simpatizante que piense diferente sin que esto nos separe como personas. A Hessel le tocó la fortuna de que sus palabras tuvieran eco en la actualidad y habrá que estar atentos de su evolución ,pero ¿qué aconteció en la Puerta del Sol?

DILEMAS DE LA REALIDAD

Sorprende que para ser un movimiento de amplia resonancia mundial, la acampada ocupara un espacio físico tan reducido en la plaza. Las tiendas de campaña no se localizaron en las calles aledañas y mucho menos estaban apostadas frente a las fachadas de los negocios. Calculo que la acampada no ocupó ni dos tercios de la plaza. Quizá el espacio físico haya sido ya reemplazado por las redes sociales. Para ser eficaz hoy en día, dice Hessel, “se debe actuar en red”.

Entre olores fácilmente reconocibles, plásticos, palos y casas de campaña de la marca Quechua se observaban jóvenes y entre ellos, una nutrida proporción de mujeres. Me acerco a una casucha y suelto la primera pregunta a sus habitantes: “¿por qué la acampada?”. Inmediatamente me responde una firmante de un desplegado que, supongo, iba de paso. “Porque estamos hasta las narices de los políticos, todos son unos gilipollas”.

Así como llegó la respuesta, vino también la corrección: “tranquila, hay que hablar con educación y respeto”, le dijeron los activistas. Me aprovecho de esto para decirles que me ha sorprendido el lenguaje utilizado para reivindicar sus demandas y su énfasis en perfeccionar la democracia, no en desecharla.

Un joven me responde haciendo suyas las palabras de Eduardo Arroyo, un artista gráfico que participó en las protestas de 1968 y un día antes declaró: “la diferencia con Mayo del 68 es que éstos (los acampados del Sol) quieren arreglar el sistema. Nosotros queríamos volarlo” (El País, 05/06/11).

Cambio de dirección en busca de más testimonios. Un joven español me dirige hacia un estudiante mexicano involucrado en el movimiento y comienza nuestra plática. El connacional me explica que estaba de vacaciones en España y que por motu proprio decidió apoyar la causa española.

Me revela algo que coincide con lo expuesto por algunos periódicos españoles como La Razón (06/06/11). El movimiento parecía estar atrapado en su propio círculo y aunque se quería levantar el campamento, la decisión no fue nada fácil pues, como expresaría el mexicano, podría haberse visto como una traición: “ya pusiste a muchos como a los catalanes a protestar, a recibir chingadazos y ahora tú, aquí en Madrid, ¿te levantas? Pues como que no”.

El compatriota —estudiante del Tec de Monterrey— me confirma que la ventaja del movimiento puede derivar en su principal amenaza, pues “no se esperaba tanta reacción” mundial.

Con este punto, me dirijo a entrevistar a más jóvenes de la acampada, quienes me confirman que la decisión de levantar o no la acampada dependía de la asamblea. No obstante, según algunos medios, esta forma “horizontal” de tomar decisiones es poco funcional. “La asamblea es como un cajón desastre, en donde entra todo, pero finalmente todo cae en saco roto” (Nota de Morales, La Razón, 06/06/11).

La tardanza en tomar decisiones —y buenas decisiones— ponía al movimiento en riesgo de caer en el clásico impasse de este tipo de expresiones políticas. Parecía que el tiempo no está en favor de los indignaos y deberían echar mano de sus buenos reflejos para cambiar las estrategias de protesta.

Aunque hasta el momento, seis de cada diez españoles simpatizan con el Movimiento 15-M, según una encuesta de El País (05/06/11), en la exploración realizada por Campus con seis dependientes de los negocios alrededor de la Puerta del Sol se constató que ya no están de acuerdo en que los jóvenes permanezcan allí. Las ventas, dicen, han caído y, además, los que iniciaron el movimiento ya se fueron y ahora quedó “otro tipo de gente”.

La dependiente de una heladería aseguró que pareciera que el movimiento de los indignaos se partió. Esta supuesta división del movimiento me intrigó pero no tuve manera de corroborarlo, lo que sí fue un hecho es que, en las seis horas que estuve en la plaza, presencié dos enfrentamientos entre dueños de los negocios aledaños y transeúntes con los jóvenes. Los primeros patearon las colchonetas de los acampados y los segundos arrancaron, de modo violento, los lazos que sostenían los tenderetes. “Estamos hasta los cojones de ustedes”, les dijo un hombre bravucón a los jóvenes ante la mirada nerviosa de todos. Afortunadamente, el incidente no pasó a mayores.

Por la raíz intelectual que inspira a los jóvenes españoles, por su sentido de realidad y clara inconformidad con un sistema democrático que dicen no los representa, simpatizo con el 15-M. Hacer que los ciudadanos seamos parte de las decisiones políticas que nos afectan es clave para mejorar la democracia y cualquier modelo de desarrollo.

Esto conlleva cierta responsabilidad de cada uno de nosotros. “Sois responsables en tanto que individuos”, recuerda Hessel citando a Jean-Paul Sartre en su best seller.


* Académico e Investigador del INIDE/UIA Ciudad de México.
Originalmente publicado en Campus Milenio. Derechos reservados.

No hay comentarios. :

Publicar un comentario