2 de agosto de 2011

Participación Juvenil Ciudadana, por Martha Chicharro Gutiérrez*

De acuerdo con los resultados preliminares de las elecciones del domingo 3 de julio, el Estado de México registró uno de los porcentajes de abstencionismo más elevados de los últimos 15 años (57%).

A pesar de haber experimentado una transición de regímenes, particularmente la ocurrida en el 2000 en la que se puso en evidencia el poder que tiene la participación ciudadana, los mexicanos no se sienten motivados a participar en la vida política del país.

Según el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana (ICCS, 2009) los jóvenes mexicanos tienen la capacidad de identificar ciertas características de las instituciones cívicas y la sociedad civil, pero se les dificulta entender su interconexión, sus procesos y su relación con la vida cotidiana. Por ejemplo, los estudiantes tienen poco interés en temas políticos y no sienten confianza en los partidos políticos.

Este estudio también refleja que las condiciones de desigualdad en la distribución de oportunidades sociales se relacionan con los aprendizajes, es decir, los alumnos con menores recursos económicos y de menor escolaridad de sus padres, no logran las mejores competencias ciudadanas.

Sin embargo, se reportan resultados alentadores con respecto a su interés por participar en actividades cívicas dentro de la escuela. De hecho, los estudiantes sienten que la escuela es la institución más confiable.

Los docentes perciben este interés, particularmente en eventos deportivos, pero notan menos participación cuando se invita a los alumnos a formar parte de proyectos relacionados con derechos humanos, servicio a la comunidad o de apoyo a grupos desfavorecidos. De acuerdo con el estudio, esto se puede relacionar con la falta de oportunidades para realizarlas.

Es aquí donde se presenta una gran oportunidad para la educación en México. La escuela es un lugar idóneo para la práctica de la ciudadanía. En ella, los alumnos pueden experimentar procesos democráticos y ser protagonistas de cambios importantes para mejorar su entorno. También se puede orientar la participación a causas de gran relevancia, como la inclusión social, el bien común y la solidaridad.

Existen modelos y métodos educativos que promueven didácticamente la participación ciudadana privilegiando el diálogo, el respeto y el aprecio por la diversidad humana. Por este motivo, es importante que docentes, directivos y padres de familia se formen en valores cívicos y éticos que son necesarios para provocar los cambios sociales que deseamos para nuestro país.


*Martha P. Chicharro Gutiérrez es investigadora asistente en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

Artículo originalmente publicado en: Publimetro (18/Julio/2011)

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