7 de diciembre de 2011

Sobre el logro escolar en el bachillerato de Mexico

Por Pedro Flores-Crespo*
El informe más reciente del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) se centra en la educación media superior de México, nivel que hasta hace poco empezó a recibir mayor atención por parte del gobierno, líderes de opinión, legisladores, medios de comunicación, padres de familia e investigadores. La preocupación social iniciada en nuestro país sobre este nivel educativo ahora se ve reforzada con una base informativa que se deberá revisar meticulosamente para hacer mejores juicios sobre el estado que guarda el bachillerato mexicano del siglo 21.
La Educación Media Superior en México. Informe 2010-2011 del INEE está dividido en cinco capítulos. Todos muy interesantes por la información que presentan, como la compleja organización del subsistema de educación media superior, los datos sobre las condiciones de trabajo y perfiles de los docentes, la cifra revisada sobre los ninis —que dará mucho de qué hablar— y algunos impactos de la escolaridad sobre el bienestar subjetivo y las condiciones de empleo.
Pero lo que aquí quisiera resaltar es lo referente al capítulo 4, el cual presenta datos sobre el aprendizaje de los estudiantes, según el modelo educativo (general, tecnológico, profesional técnico) y el régimen de sostenimiento (público y privado).
Con esta información ahora podemos saber qué tipo de bachillerato concentra las mayores proporciones de jóvenes con alto, medio y bajo desempeño en áreas como lectura, expresión escrita, matemáticas ciencias y formación ciudadana.
El INEE confirma que entre el bachillerato público general (BG) y el privado (BP) no hay grandes diferencias en términos de aprendizaje. Ambas opciones académicas registran proporciones de estudiantes similares (17 y 21 por ciento, respectivamente) que poseen una competencia avanzada de lectura y que, en consecuencia, pueden discriminar entre información relevante e irrelevante y pueden evaluar críticamente lo que leen.
Pero no hay que cantar victoria. El INEE también señala claramente que los bachilleres mexicanos aún no alcanzan el nivel de lectura que poseen sus contrapartes en algunos países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), con lo que se demuestra que ni mandando a nuestros hijos a la prepa privada se logra una formación de alta exigencia académica. El problema de la mala calidad educativa en México no es sólo de dinero, dirían algunos colegas.
Pero hay otro dato del Informe digno de comentar. Se afirma que las competencias lectoras de los estudiantes de BG y BP son comparativamente más favorables que las de quienes estudian en escuelas públicas pertenecientes al bachillerato tecnológico (BT) y al profesional técnico (PT), la cual es ofrecida primordialmente por el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep).
Este patrón se repite en las otras cuatro áreas de evaluación. Es decir, los BG y los BP se desempeñan mejor que las opciones tecnológicas y vocacionales en expresión escrita, matemáticas, ciencias y formación ciudadana (véase la tabla).
¿Esta diferenciación en los resultados de aprendizaje se explica porque las opciones tecnológicas captan más jóvenes en relativa desventaja socioeconómica y cultural? El INEE asegura que “aunque hay algunas diferencias contextuales entre los estudiantes de diferentes modelos de bachillerato, éstas no son tan pronunciadas como en niveles escolares anteriores, ni se acumulan para dar ventaja o desventaja a los estudiantes de un modelo en particular, como sí sucede en educación básica” (2011:120).
Esto parece sugerir que es el modelo educativo lo que puede estar explicando, en mayor grado, los resultados de aprendizaje. A diferencia de las opciones vocacionales y tecnológicas, el “bachillerato general” —donde cabe una amplia gama de prácticas y submodelos escolares— parece ser más efectivo para desarrollar habilidades centrales en los jóvenes.
¿Por qué existen, específicamente, estas diferencias? Aún falta mayor investigación sobre las causas que explican la diferencia en el logro académico según el modelo educativo. Sin embargo, esto no obsta para decir que desde hace tiempo urge una reflexión abierta y plural de la educación tecnológica en México en todos sus niveles.
¿No es ésta la estrategia principal de los gobiernos federal y estatal para ampliar la cobertura en los niveles siguientes al bachillerato? ¿Qué se hace desde la pedagogía y desde el ambiente escolar para que los jóvenes desarrollen competencias para su libre desenvolvimiento personal y profesional?
Con su informe, el INEE hace repensar la pertinencia y relevancia histórica de la educación tecnológica y vocacional en pleno siglo 21 y con demandas claramente más amplias que la mera industrialización del país.
Aprovechemos entonces el contenido de este informe para identificar qué prácticas y submodelos escolares tienen la capacidad de formar integralmente al bachiller que requiere el México del siglo 21.
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*Académico e investigador del INIDE/UIA. Originalmente publicado en Campus Milenio.

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