19 de enero de 2012

Crédito educativo: mentalismo de fin de sexenio


Por Pedro Flores Crespo*

Al anunciar el Programa Nacional de Financiamiento a la Educación Superior (Pronafies), el presidente Felipe Calderón expresó una serie de supuestos sobre los beneficios de estos esquemas de crédito que más pareció un ejercicio de mentalismo de fin de sexenio que un ejercicio de persuasión política. El mentalismo, como usted sabe, postula que es la fuerza de la mente lo que crea la realidad. Según el titular del ejecutivo, gracias a los créditos otorgados a los jóvenes que deseen estudiar en alguna universidad privada, se va a “corregir” la inequidad que existe dentro del sistema universitario, pues ahora los jóvenes de “bajos recursos” podrán pagar las inscripciones y colegiaturas en ese tipo de instituciones educativas.
Contrario a las creencias del ejecutivo, la experiencia internacional muestra que los jóvenes de las clases mejor acomodadas son los más proclives a aceptar este tipo de endeudamientos mientras que los pobres, económicamente hablando, al igual que las minorías son reticentes a utilizar tales esquemas (véase T.G. Mortenson). Una de las razones por la cuales los jóvenes y sus familias rechazan contratar este tipo de créditos es el nivel de endeudamiento que preven y en este sentido, no está de más recordar que en octubre pasado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció un programa para aliviar la deuda de 450 mil estudiantes de bajos ingresos que había solicitado un crédito para estudiar. ¿No le dice nada al gobierno mexicano este tipo de experiencias?
En lugar de dar por sentado que el Pronafies va a funcionar “bien” y de aventurarse a decir que le va a “meter” más dinero, el presidente Calderón pudo haber defendido su propuesta diciendo cómo va a enfrentar el gobierno los clásicos problemas que estos tipos de esquemas de crédito generan.
Ampliar la equidad en la educación superior no sólo implica asegurar que todo el que quiera entre a la universidad de su elección, sino que los cursos y programas académicos sean de alta calidad. Lo preocupante es que el titular del Ejecutivo asume que la oferta educativa de las instituciones particulares es sinónimo de “calidad” cuando esto, con los actuales esquemas de evaluación, certificación y acreditación, no puede demostrarse objetivamente. Por extraño que parezca, en México aún no podemos saber, con certeza, qué tipo de universidad – sea ésta pública o privada – está formando invariablemente a los profesionales más sensibles, capaces y críticos.
Al anunciar el Pronafies, el sesgo ideológico del presidente de México fue patente. Quizás esta inclinación explica por qué el Pronafies va a recibir 2,500 millones de pesos mientras que el Programa Nacional de Becas de Educación Superior (Pronabes) que apoya a los jóvenes de escasos recursos en las universidades públicas, recibió, en el ciclo escolar 2010-2011, casi mil millones menos, es decir, 1,536.7 millones, según lo informó el propio Calderón en su quinto informe de gobierno. ¿O de lo que se trata es de darle mayores ganancias a los bancos participantes?
Impulsar políticas por pura creencia ideológica puede causar más perjuicios que bondades y para evitarlo, se tendría echar mano de un ejercicio empírico que demuestra la efectividad de los esquemas de crédito educativo. Que sea la efectividad y no la ideología la base primordial para la promoción y el cambio de políticas.
Es por esto mismo que opino que la mera existencia de un esquema de crédito para poder asistir a la universidad no puede ser considerada como una “locura”. Pero un país como México cuya proporción de jóvenes cursando la licenciatura es relativamente baja (25%, según Manuel Gil), cualquier apoyo para tratar de aumentar el número de personas calificadas debe ser estudiada y discutida de manera amplia, si en verdad se desea generar un beneficio para todos.
Sin caer en ingenuidades, el enfoque de políticas basado en la evidencia podría ser más conveniente cuando un gobierno desea ser competitivo y desea ganar elecciones democráticamente. ¿Qué lecciones concretas le ofrece al gobierno federal la operación de los institutos de crédito estatales? ¿Se han preguntado en la presidencia de la República por qué las “becas-crédito” de posgrado al extranjero que ofrecía el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) dejaron de considerarse como tal para convertirse solamente en becas?
No es con el mentalismo del presidente de la República o siguiendo a ciegas una ideología como se puede ser competitivo electoral y políticamente. Si los representantes de Acción Nacional no lo han comprendido, que empiecen a contar sus días en Los Pinos.



*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA) pedro.flores@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio

No hay comentarios. :

Publicar un comentario