26 de enero de 2012

SNTE: ¿Hora final?

Por Pedro Flores Crespo*

El viernes pasado nos enteramos, con sorpresa, que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) deshizo su alianza con la líder magisterial, Elba Esther Gordillo y su partido, Nueva Alianza (Panal). ¿Qué representa este rompimiento? ¿Surge alguna esperanza para la democracia mexicana a partir de esta fractura? ¿Es verdad que esto es pura “faramalla”, como expresó Andrés Manuel López Obrador (AMLO)?
Aún falta ver cómo se desarrollan las cosas, sin embargo, es importante decir que el rompimiento entre el PRI y el SNTE-Nueva Alianza significa una esperanza para aquellos que hemos venido insistiendo en que no se le dé ni un voto al candidato o partido que negocie con Elba Esther Gordillo y su grupo – que no son las maestras y maestros de México (Campus 434). Pero la esperanza debe nutrirse también de reflexión. Así que a continuación ponemos sobre la mesa algunas conjeturas concernientes al rompimiento entre el PRI y el SNTE.
Se dice que el rompimiento entre la cúpula del magisterio y el PRI de Enrique Peña Nieto se debió a que los dirigentes priístas no dejaron pasar las “candidaturas familiares” de Gordillo al Senado de la República, pues éstas ya habían provocado una “rebelión interna” en el tricolor, además de la creciente crítica de la sociedad (nota de Andrea Becerril, La Jornada, 22/01/12). Como el PRI se las gasta, no pensamos que le importase mucho que sus afiliados se inconformaran; ellos son expertos en disciplinar (ahí tienen al senador Manlio Fabio Beltrones). Quizás el cálculo es de otra naturaleza. Con los familiares de Gordillo como candidatos al Senado, el PRI no podría ser lo competitivo que se necesita. Ya Francisco Labastida Ochoa, ex gobernador de Sinaloa y ex candidato presidencial, había anticipado que con los miembros de Nueva Alianza se perdería en ese estado. La lección entonces es que las imposiciones sí merman a los partidos; aún al PRI y esto no es poca cosa.
Otra conjetura desarrollada a partir de esta ruptura y de las declaraciones de Enrique Peña Nieto es que quizás Elba Esther Gordillo y la estructura de información y electoral que posee no es tan determinante para ganar una elección. Según el precandidato presidencial del PRI, como no hubo “conciliación en los intereses” con el Panal, que cada partido vaya por su cuenta”. Esto sugiere dos cosas. La primera – positiva - es que el poder de Elba Esther Gordillo y su grupo no parece ser, como dijimos, ilimitado y determinante. La segunda – muy negativa - es que el PRI puede ya haber aceitado su estructura corrupta y clientelar para asegurar a como dé lugar su triunfo. “[M]i ocupación es ganarme la confianza de la sociedad mexicana”, confesó Peña quien concede con sus palabras que el Panal sólo representa los intereses de un grupo político extractor de privilegios, no a la sociedad.
Ante este escenario, surgen varias preguntas. La primera es si ante la ruptura, el Panal y Gordillo harán campaña contra Peña como lo hizo con Roberto Madrazo en 2006. La segunda es quién será el candidato presidencial del Panal que le reditué los votos para mantener el registro. El riesgo de perder el registro es latente. El tercer cuestionamiento es que, a pesar de ya no poder registrar oficialmente alguna alianza con otro partido, Gordillo y el Panal podrían hacer una negociación de facto con el triunfador de la elección de julio.
La cuarta pregunta es a qué candidato buscara, mientras tanto, Elba Esther Gordillo para asegurar su permanencia política. Con AMLO el camino parece cerrado. Ya el político tabasqueño se desmarcó de este controversial personaje de la política mexicana (ojala hiciera lo mismo con los líderes del Partido del Trabajo (PT) quienes alaban “camaradas” dictadores como el finado Kim Jong II). Penoso este episodio para la “izquierda” mexicana, por cierto.
Pero volviendo al tema, ¿irá Gordillo a ver a los precandidatos panistas para pedirles privilegio e impunidad a cambio de votos? Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota ya descartaron un acercamiento con Nueva Alianza (Reforma; 22/01/12). Ernesto Cordero, por su parte, no se ha declarado al respecto rotundamente y esto es un peligro para México.
Pero si Cordero mordiese el anzuelo y negociara con Elba Esther y su partido, los costos serían más altos que los beneficios. Pocos ciudadanos nos tragamos la justificación expresada durante ese sexenio de que fue “por el bien del país” haberle entregado los hilos de la educación al CEN del SNTE. La evidencia muestra terribles retrocesos en materia educativa, una autoridad menguada y de pilón, un presidente penosamente exhibido.
¿A esto le van a apostar los precandidatos panistas ante la desventaja electoral que actualmente tienen? Aprendamos que el apoyo del Panal y la habilidad de la maestra Elba Esther Gordillo no son imprescindibles para el triunfo electoral, para imprimirle mayor efectividad a las políticas, ni mucho menos para consolidar la democracia mexicana, al contrario. ¿Llegó la hora del SNTE como organización corporativa y clientelar? Eso esperamos.

 
*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA) pedro.flores@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio

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