29 de febrero de 2012

La educación bicultural y bilingüe sigue olvidada en México

Por *

Pasaron ya varios siglos desde que llegó la cultura europea a América. Ya pasaron dos siglos de independencia de México. A pesar del discurso que reconoce a los pueblos originarios, en la práctica la educación multicultural y plurilingüe es limitada. Después de 200 años los miembros de  nuestras culturas originarias siguen batallando para alcanzar niveles altos de educación y mejores condiciones de vida:

Claudia Ángel Pérez nació en San Juan Jaltepec, una zona de alta marginación ubicada en el municipio de Santiago Yaveo, en el distrito de Choapan, Oaxaca. Es la primera persona de su comunidad que estudió una licenciatura, la única con un posgrado. En la Unidad Mazatlán del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, la bióloga se graduó como maestra en ciencias con mención honorífica. Con un atuendo del Istmo de Tehuantepec, Claudia presentó su investigación “Crecimiento y supervivencia de Lutjanus colorado en jaulas flotantes a dos densidades de siembra”, proyecto con posibilidades de aplicación social.“Para cursar la secundaria y nivel medio superior tuve que salir y trabajar por hospedaje y alimentación. A pesar de que en cada nivel que lograba alcanzar la familia me insistía que ‘hasta ahí podría llegar, nomás’, cursé la licenciatura en Biología Marina en la Universidad del Mar, gracias a la beca de colegiatura y alimentación que me otorgó la institución. “Soy la primera persona que logra una licenciatura en mi comunidad y, de momento, la única con un posgrado, gracias a las facilidades que me dio la UNAM y la beca que me asignó el Conacyt”. Lo anterior no es fácil de conseguir si se es indígena y mujer, por las dificultades económicas y culturales que implica, dijo. La bióloga subrayó la discriminación y desigualdad en la preparación académica, porque el nivel educativo en el campo está muy por debajo del que tienen las zonas urbanas. “Estas y otras condiciones llegan a causar resentimientos y pérdida de identidad en las y los jóvenes indígenas, que desarrollan un desprecio por sus orígenes y cultura”.

Y el subsistema de educación indígena tiene las peores condiciones del sistema de educación pública, bien parece que no hemos podido sacudirnos nuestra mentalidad virreynal:

La mayoría de las escuelas públicas, adonde asisten estudiantes indígenas, carecen de material básico, como papel, lápices, crayones, pegamento, marcadores o gises, y los maestros no han sido capacitados con una pedagogía bilingüe eficaz, que les permita ofrecer a los alumnos una enseñanza de calidad en dos lenguas. En el estudio Ambientes de aprendizaje intercultural bilingüe de calidad: cuatro estudios de caso, realizado por el investigador de la Universidad Iberoamericana (UIA) Joan Marie Feltes, se establece además que si acaso existe una biblioteca de aula o de escuela, alumnos y docentes sólo tienen acceso a libros en español. Así, los escolares tienen cancelada la opción de visitar la biblioteca y escoger un libro en su lengua materna y el maestro indígena que quiere empezar el día con un buen cuento no tiene la opción de leer un texto en la lengua materna de sus alumnos. El análisis indica que la pedagogía imperante en los planteles para los niños indígenas es la de la traducción: El maestro dicta la lección en español y luego traduce lo que dictaba en la lengua indígena.

Ninguna transformación real ha ocurrido al iniciar el siglo XXI:

Durante la actual adminsitración del gobierno federal, la matrícula, el presupuesto, las plazas y el número de escuelas para la enseñanza dirigida a los niños de los pueblos originarios no han variado. De hecho, sostuvo la titular de la Dirección General de Educación Indígena (DGEI), Rosalinda Moreno Garza, de los 22 mil 800 planteles destinados a este sector, más de 50 por ciento no tiene las condiciones mínimas de acceso a energía eléctrica, agua, equipamiento y conectividad. De acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la inversión presupuestal para la atención de los niños indígenas que viven en regiones con el índice de desarrollo humano más bajo, en realidad descendió de 312 millones 199 mil 245 pesos en 2011 a 212 millones 140 mil 291 pesos en este año, es decir, más de 100 millones de pesos menos, lo que significa una caída de 32 por ciento. En entrevista, la funcionaria aseguró que hay una omisión en términos de a quién corresponde dedicar toda su energía, fuerza y sus recursos a construir escuelas indígenas, que son las que tienen las peores condiciones de todo el sistema educativo.

Y en muchas zonas del territorio mexicano, simplemente, no ha dejado de existir el Virreynato de la Nueva España. Todavía se pide cárcel para aquellos que desean cambiar la realidad educativa de nuestros pueblos originarios:

En Baquiachi, Chihuahua, enseñar a leer y escribir no es un delito, pero Cesáreo Reyes Nevárez, indígena rarámuri de Bacusiachi, ranchería de la sierra Tarahumara, está amenazado con cárcel por dar clases sin ser maestro.Cesáreo no tuvo oportunidad de ir a la escuela. Ya era grande (11, 12 años) cuando aprendió a hablar, leer y escribir en español, de manera autodidacta. Tiempo después, consciente de los beneficios que le trajo dominar ambas lenguas y ante la falta de maestros, aceptó alfabetizar a los niños de su comunidad. “Yo aprendí batallando –recuerda–; había personas que hablaban el español y me iban diciendo cómo. Luego, en la comunidad me dijeron: ‘Oye, Cesáreo, tú sabes leer y escribir, enséñales a los niños’, y yo acepté.”  En días pasados la policía municipal se presentó en su comunidad para advertirle que no puede ser maestro y le dejaron dicho que lo van a detener porque está fuera de la ley. No lo detuvieron porque no se encontraba, había ido a Chihuahua. Marisela, esposa de Cesáreo, estudió hasta segundo grado de primaria y también enseña a los niños a leer y escribir. También ella fue nombrada por la comunidad para hacerlo Siguiendo usos y costumbres, los pobladores dieron esa tarea a Cesáreo Reyes y su mujer, por la cual no reciben ningún pago: “la comunidad nos puso; si el presidente municipal quiere que dejemos de dar clases, que venga aquí y hable con ellos”. Aprender español es indispensable ante la situación de acoso y explotación que viven los rarámuris: Luego vienen fuereños que se aprovechan de la gente porque no sabe y les dicen esto o lo otro y los engañan. Las habitantes de Bacusiachi llevaban varios meses solicitando al municipio un aula y un maestro. Ante la falta de respuesta, acudieron a Bowerasa, fundación de apoyo a las comunidades indígenas, que dirige Ignacio Becerra, activista pro derechos humanos y sacerdote de Carichí. Bowerasa financió la construcción de un aula, en la que trabajan Cesáreo y Marisela. Sostiene Becerra: No se trata sólo de leer y escribir, sino que tener un maestro indígena ayuda para que los niños no pierdan sus costumbres y tradiciones en el proceso de aprender español. También es cuestión de equidad en la educación: Si el niño va a una escuela donde no se habla en rarámuri, va a tener mayor grado de dificultad para aprender, entonces ahí ya no hay equidad.

En los próximos días escucharemos las promesas de los partidos políticos y sus candidatos.... el asunto es que son las mismas promesas que hace 200 años. ¿No es necesario dejar de suspirar y comenzar a exigir, de comenzar a iniciar un movimiento desde la sociedad civil para transformar el sistema escolar. ¿Sigues soñando que ahora si va a llegar el que si sabe, que si quiere y que si puede?  


* Originalmente publicado en Educación Café (28/II/2012). Visita este sitio en la dirección:   http://educacioncafe.blogspot.com/

28 de febrero de 2012

Educación y tecnología: Deberíamos utilizar las tecnologías de información y comunicación de una manera más amplia y eficaz, para mejorar los aprendizajes

Por Carlos Muñoz Izquierdo*

Las relaciones que existen entre la educación y la tecnología son recíprocas. La primera tiene a su cargo, por un lado, la formación académica de quienes desarrollan los conocimientos que son necesarios para asegurar el avance tecnológico. También tiene a su cargo la formación de una fuerza de trabajo que reúna los conocimientos, habilidades y actitudes que son indispensables para utilizar eficazmente las aportaciones del avance mencionado.
A su vez, la tecnología puede aportar a la educación los instrumentos que son necesarios para modernizar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Así se puede lograr que la educación deje de ser, gradualmente, una actividad intensiva de mano de obra.

Contribución de la educación al desarrollo tecnológico
Durante el siglo pasado se desarrolló la teoría de la “funcionalidad técnica de la educación” (Solow, R: 1956, 1957); la cual se propuso determinar la contribución que hace la escolaridad al crecimiento del producto interno bruto de los diferentes países.
En su versión original, esta teoría proponía que el cambio tecnológico (en cuya gestación interviene el desarrollo científico y, por ende, la educación de quienes lo generan) es un factor que interviene de manera exógena en el crecimiento económico. En otras palabras, atribuía al cambio tecnológico la proporción del crecimiento económico que no podía ser explicada por las aportaciones de otros factores, como el capital físico y el trabajo.
Investigaciones más recientes (Hanushek et al.: 2000, 2008) han demostrado que no son las dosis de educación formal que adquirieron los científicos y demás integrantes de la fuerza de trabajo, las que explican —por sí mismas— las diferencias observadas entre la productividad de los países. En realidad, tales diferencias son generadas por la calidad de la educación que recibieron los diversos integrantes de la fuerza de trabajo.
La validez de esta nueva formulación de dicha teoría también ha sido comprobada en nuestro país, en donde se ha demostrado, entre otras cosas, que quienes reciben una educación de buena calidad, aun en localidades que tienen altos índices de pobreza, elevan notablemente sus expectativas educacionales y laborales (Muñoz, C. y C. Solórzano: 2007).
De esto se desprende la urgente necesidad de mejorar, mediante una distribución más racional de los recursos asignados al sector educativo, los insatisfactorios resultados que han arrojado las pruebas de rendimiento escolar que son regularmente aplicadas a los alumnos inscritos en nuestras escuelas.

Contribución del desarrollo tecnológico a la educación
Sin duda, el desarrollo tecnológico se ha manifestado con mayor fuerza en el florecimiento de las llamadas tecnologías de información y comunicación (TIC), las cuales han incidido en los procesos pedagógicos por dos vertientes distintas: el desarrollo del software educativo, y los proyectos telemáticos (o de educación a distancia).
Desde luego, la utilidad pedagógica del software educativo y de los proyectos de educación a distancia está determinada por las características y el uso que se haga de esos instrumentos, y por su adecuación a los distintos contextos. El cumplimiento de estas condiciones exige, a su vez, disponer de un profesorado que sea capaz de dominar determinadas competencias, como la de usar ambientes de enseñanza individualizados y cooperativos; la de hacer aplicaciones curriculares relevantes; la de utilizar las herramientas de la Web para acceder a la información; la de reflexionar críticamente sobre la práctica profesional, y la de evaluar la calidad de los aprendizajes. (García Varcárcel: 2009).
Como lo han señalado varios autores, las TIC pueden desempeñar distintas funciones pedagógicas (García-Varcárcel: op. cit.). Sin embargo, consideramos que es más importante la repercusión que ellas pueden tener en el ensanchamiento —o la reducción, en su caso— de las desigualdades sociales. Esto depende del uso que se haga de dichas tecnologías y de los sectores de la sociedad que tengan acceso a las mismas.
En relación con las desigualdades sociales, es importante mencionar que las TIC —además de permitir la ampliación de la cobertura del sistema educativo hacia localidades alejada de las escuelas, y así estar al alcance de públicos más numerosos y diversificados— pueden ser de extrema utilidad para mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, incluyendo los de aquellos que se encuentran en situación de pobreza. También pueden contribuir a acelerar los aprendizajes de las personas superdotadas.
Ambos efectos han sido demostrados por varios autores, como D. Bloom (1976), quien diseñó el sistema de educación individualizada que se conoce con el nombre de “mastery-learning”1. De lo anterior se desprende que deberíamos utilizar las TIC de una manera más amplia y eficaz, para mejorar los aprendizajes de los estudiantes que se encuentran en condiciones socioeconómicamente precarias; disponer de la fuerza de trabajo calificada que es indispensable para impulsar el crecimiento de nuestra economía, y desarrollar el talento de quienes podrán contribuir con sus conocimientos al avance del desarrollo tecnológico del país.


 1 Una descripción de varios proyectos destinados a prevenir y combatir la desigualdad social se encuentra en Martín-Laborde, R. (2005).


Referencias
  • Bloom, D. (1976) Human Characteristics and School Learning, New York: McGraw Hill.
  • García Varcárcel, A. (2010) “Estrategias para una innovación educativa mediante el empleo de las TIC”. Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa (v. 2, n. 1) 20031-10.
  • Hanushek. E. and D. Kimko (2000), “Schooling, Labor Force Quality, and the Growth of Nations”, American Economic Review, 90(5), December 2000, pp. 1184-1208.
  • Hanushek. E. and L. Woessmann, (2008) “The Role of Cognitive Skills in Economic Development”, Journal of Economic Literature, 46(3), September.
  • Martín-Laborde, R (2005), Las nuevas tecnologías en la educación. Madrid: Fundación AUNA, Cuadernos/Sociedad de la Información.
  • Muñoz, C. y C. Solórzano (2007). “Explorando la relevancia de la enseñanza secundaria en condiciones de pobreza. Un estudio de caso”. En Perfiles Educativos. Vol. XXIX, 116.
  • Solow, R. (1956) “A Contribution to the Theory of Economic Growth”, Quarterly Journal of Economics: 70: 65-94.
  • Solow, R. (1957) “Technical Change and the Aggregate Production Function”, Review of Economics and Statistics: 39: 312-20.

* Licenciado en Economía por el ITAM y doctor en Educación y Desarrollo Internacional por la Universidad de Stanford, Estados Unidos. Ha sido profesor de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad de Harvard. Es investigador emérito y fundador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
Originalmente publicado en IBERO Revista de la Universidad Iberoamericana, No. 18 Feb-Mar 2012

17 de febrero de 2012

Balcanizando la red: El riesgo de las nuevas leyes anti-Internet

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*

El pasado 18 de enero asistimos a una protesta sin precedentes alrededor del mundo. Los usuarios de internet levantaron la voz y se opusieron al proyecto de ley SOPA (Stop Online Piracy Act) que   se buscaba aprobar en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Fue tanta la presión en la red (desde el apagón de Wikipedia hasta los millones de tweets y status en Facebook dedicados al tema) que la impopular minuta, junto con su hermana gemela PIPA (Protect IP Act), se tuvo que poner en el congelador. El principal promotor de esta propuesta, Lamar S. Smith, señaló que la ley sería revisada, y muchos de los grupos y empresas que la apoyaban tomaron pronta distancia. El poder social de la red se dejó sentir nuevamente; sin embargo, la pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo más durará esto.

Y es que el florecimiento repentino de propuestas de ley que buscan la protección de contenidos con derechos de autor y el combate frontal a la piratería en diversos países del orbe, pareciera enfocarse más a limitar las capacidades de la red para la libre expresión de las ideas. De allí emana tanto la sospecha, como el peligro: ¿qué hay detrás de estas leyes, quiénes se beneficiarían de ellas y, sobre todo, cómo nos afectaría que proyectos como SOPA o PIPA sean aprobadas en un futuro cercano?

Las leyes anti-Internet: ¿quién gana y qué perdemos todos?
Durante el año pasado quedó demostrado (sobre todo vía las redes sociales) el poder social y   político que se puede gestar en Internet: la Primavera del Jazmín, los indignados, los movimientos Occupy, el uso señalativo de Twitter… El mundo presenció el nacimiento de la consciencia social en la red, la metamorfosis del mayor escenario de entretenimiento del orbe al foro de expresión libre más grande y significativo de la historia.
Era sólo cuestión de tiempo antes de que cualquiera con poder viera en esto la gran amenaza. No aquella que viene disfrazada de terroristas árabes, economías asiáticas, inmigrantes invasores o narcotraficantes sanguinarios: más bien un peligro que es más realista y peligroso, y que en algunos casos usa solamente una laptop, una máscara de Guy Fawkes y una conexión WiFi. La libertad de expresión verdadera.
Y es que no se necesita ser un Mubarak o un Gadafi para darse cuenta de la amenaza que conlleva que los ciudadanos se expresen con entera libertad en la red. Basta y sobra con que seas Javier Duarte, y gobiernes Veracruz, para que busques espacios vacíos en la ley que te permitan balcanizar a Internet como foro de expresión, arremetiendo de paso contra todo aquel que represente un potencial peligro. Aunque, claro, desde un presunto marco legal.
Porque es allí donde radica el primer gran peligro de que se limite la red por medio de leyes que rayan en el absurdo absoluto: se pierde el espacio de expresión más libre que ha existido, todo ello bajo el argumento que enviarás ilegalmente una copia de The Dark Knight Rises a tus amigos en unos meses, o de que pondrás como fondo una canción de Arcade Fire en el video de tu cumpleaños, y que eso dejará en la bancarrota a los nobles artistas y a las siempre desinteresadas compañías que les financian. Nada es más ridículo ni más falso que eso.
El otro gran peligro viene de la mano del primero, y como si se tratara de un Big Brother orwelliano, toca los límites de lo grotesco: como muchos saben, una de las tantas (y francamente disparatadas) medidas se pudieron llevar a cabo si la SOPA o la PIPA se hubiesen aprobado hace algunos días, incluía el cierre de cuentas de correo, transferencia de archivos e información (tal es el caso de Dropbox) y el bloqueo del servicio de Internet por parte de los proveedores a particulares, en caso de encontrarse anomalías recurrentes, tales como el intercambio de material o datos protegidos, violaciones a derechos de autor, y todo aquello que no dejara una ganancia a los grandes conglomerados de tecno-entretenimiento americanos, como Disney, Apple o Warner.
Para lograr este siniestro objetivo, se llevaría a cabo un monitoreo preventivo permanente en la red por parte de las autoridades estadounidenses; monitoreo que no sólo representaba una flagrante violación a todos los derechos personales y de privacidad en línea, sino un espionaje franco e indiscriminado contra cada usuario de Internet. Era mantenernos siempre vigilados, puesto que mañana podríamos cometer el gran delito de descargar la nueva canción de Lady Gaga.
Y es que en el fondo, más que cazar a jóvenes que estuvieran compartiendo el último hit de The Strokes por medio de Megaupload o desarrollando el nuevo Jailbreak del iPhone, todo indica que ciertos intereses particulares se estaban previniendo contra una Primavera Árabe en Nueva York, o contra más chavos en las filas de Anonymous. Porque no olvidemos que Wikileaks tuvo lugar en la red, ni que en Twitter y Facebook muchos denuncian las incontables masacres que tienen lugar día a día en nuestro país, tanto por parte del crimen organizado como de las fuerzas armadas.
Es allí donde todo se ajusta: la idea de la libre expresión en Internet claramente le desagrada a más de un gobierno y a sus representantes, y ante ello, no hay nada mejor que trasladar el concepto bushiano de “guerra preventiva” a la red, utilizando las leyes para afectar tanto a los usuarios como al espacio donde éstos conviven. Tenga lugar esto en Estados Unidos o en México, Internet está en casi todos lados: la World War Web la pelearán los gobiernos contra los usuarios. Pues, como diría Maquiavelo, más que acabar con un viejo amigo, tratarán de matar a un nuevo enemigo.

Internet: espacio cultural y arena política
La historia todos la conocemos y la protagonizamos día con día. Internet es la herramienta comunicativa más dinámica de la historia, y con el tiempo se ha vuelto a tal grado parte de nuestra cotidianeidad, que muchos sencillamente ya no imaginan su vida sin ella. Porque Internet dejó de ser únicamente un espacio para acceder e intercambiar información, datos y contenidos diversos, y se ha vuelto un foro abierto, escenario virtual dinámico donde lo social se ha transferido a un grado insospechado. Y es que, con el paso
de los años, hemos empoderado a Internet como espacio cultural y arena política, a tal grado que muchos sencillamente ya no se sienten cómodos con la idea de que se gesten y reproduzcan ideas nuevas o revolucionarias en un espacio virtual que no pueden controlar.
Ante esto, los ataques desde contextos cercanos ya se han dejado sentir: crear nuevos impuestos al servicio, monitorear las actividades digitales de la población, censurar expresiones contrarias a gobiernos en turno bajo el previsible y ridículo argumento de terrorismo, y otros nuevos, como la ley Döring, se encuentran en el tintero. Sin embargo, todas ellos (incluidos la SOPA y la PIPA) han cedido ante un enemigo claro y común: nosotros, vía el ciberactivismo.
Internet, como escenario es (contrario a la televisión dominada por intereses de unos pocos), arena activa del pensamiento, la reflexión y la expresión de las ideas libres de todos. Y es claro que más de uno le tiene miedo a las ideas libres de la gran colectividad mundial.


*Lic. en Pedagogía por la Universidad Veracruzana y maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México). Colabora desde hace tres años en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Ibero. luis.sosa@uia.mx 
Originalmente publicado en IBERO Revista de la Universidad Iberoamericana, No. 18 Feb-Mar 2012

16 de febrero de 2012

Equidad en la Educación Superior en México: la Necesidad de un nuevo concepto y nuevas políticas


Por Marisol Silva Laya*
El presente artículo analiza la equidad en la educación superior en México. Propone una nueva conceptualización de la equidad educativa fundamentada en un principio de justicia social que contempla: el acceso efectivo, la compensación de desigualdades, asegurar la permanencia y la obtención de resultados significativos. Con base en este marco, advierte que pese a las políticas dirigidas a democratizar este bien público, el sistema educativo sigue excluyendo a miles de jóvenes provenientes de sectores de pobreza y a otros tantos no les brinda la atención adecuada. El Estado mexicano falla en asegurar el acceso en igualdad de condiciones pues los jóvenes pobres se encuentran en desventaja debido a sus antecedentes socioeconómicos y culturales. Por tanto, cuestiona el criterio meritocrático como una métrica justa de distribución y propone la instrumentación de acciones compensatorias y acciones afirmativas.
En cuanto a la permanencia señala que las estrategias e instituciones creadas para atender a la
población antes excluida no siempre cumplen con los requisitos de calidad indispensables –infraestructura, profesores, bibliotecas, tecnología y, sobre todo, prácticas de enseñanza relevantes- para atender las necesidades particulares asociadas con el bajo capital cultural que poseen los jóvenes más pobres. Enfrentar estos problemas pasa por generar políticas de equidad que garanticen la justa distribución de la educación superior reconociendo las desventajas de amplios sectores de la población joven y atendiendo proporcionalmente sus necesidades.

 



*Doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), es académica e investigadora titular del INIDE . E-Mail: marisol.silva@uia.mx  
Originalmente publicado en Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 20, No. 4

De Panzazo: ¿denuncia pública o agenda empresarial?

Por Pedro Flores-Crespo*

Gracias a las gestiones de la presidencia del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) y de Mexicanos Primero (MP), investigadores adscritos al COMIE pudimos ver el documental De panzazo antes de la premier que será el 24 de febrero. Después de la función, los representantes de Mexicanos Primero y los miembros del COMIE tuvimos un estimulante debate sobre el contenido e implicaciones del documental. A continuación reformulo algunos de mis puntos de vista expresados en ese magnífico espacio de convivencia.
De panzazo fue dirigido por Juan Carlos Rulfo con apoyo de Carlos Loret de Mola. Con poder visual, De panzazo trata de mostrar algunos de los problemas más acentuados del nivel de educación básico en México tales como la falta de información sobre el número de maestros, el número de “comisionados” sindicales que hacen trabajo político “de base”, la falta de preparación de algunos docentes, su ausentismo, la venta de plazas para ingresar al servicio docente, la falta de participación de los jefes de familia en los asuntos escolares y la baja calidad de la educación en México que, como deja claro el documental, no es exclusiva de las escuelas públicas. La educación de tipo privado también enfrenta graves problemas para que las niñas, niños y jóvenes adquieran competencias básicas.
Por medio de un estupendo recorrido visual en escuelas y oficinas públicas, De panzazo desea promover la toma de consciencia sobre la problemática educativa y como toda denuncia de los actores político-empresariales que están detrás del documental, sugiere algunas acciones para revertir esa problemática. Entre estas acciones, se pide que haya mayor transparencia de parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y del grupo directivo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que los maestros sean evaluados, que entren al servicio docente sólo los mejor calificados, que los jefes o jefas de familia se involucren más en los asuntos escolares y que finalmente, la educación se convierta en un asunto público, es decir, en un espacio en donde todos podamos exigir democráticamente la creación de las condiciones necesarias para impulsar un cambio verdadero en las escuelas de México.
Presentar esta postura política sobre la educación por medio del recurso cinematográfico es un acierto. Quizás lo que algunos investigadores hemos tratado de decir por años con base en nuestros estudios, sea asimilado más rápidamente si se muestra profusamente en la pantalla grande. Pero es precisamente por ese poder de comunicación masivo que los realizadores y promotores del documental De panzazo tienen una responsabilidad ineludible: Presentar información verídica.
A mi juicio, De panzazo pudo haber sido más cuidadoso con la información que presenta. A lo largo de hora y media que dura el documental se hacen afirmaciones que son desproporcionadas o infundadas. En la narración, Loret de Mola pontifica que “todos los que quieren ir a la universidad en Estados Unidos lo logran”, que “leerles a los niños por diez minutos equivale a que estudien un año”, que si estudias un posgrado puedes ganar hasta 52 mil pesos mensuales; que las escuelas normales “de normales, no tienen nada”, que los maestros “no se dejan evaluar” y una frase que me dejó frío: algunos estudiantes, que no alcanzan un nivel medio en la prueba PISA (Programme for International Student´s Assessment), son “incapaces de seguir aprendiendo”. Estos mensajes son una mezcla de la falta de conocimiento y prejuicio y así llegarán al público de 18 estados de la república.
Lamento mucho que partes del documental se hayan basado en el prejuicio y en la desinformación y lo lamento porque comparto, en términos generales, los puntos de la agenda de los promotores de De panzazo. No estoy de acuerdo en que exista opacidad en el trabajo de la SEP y del SNTE, deseo que las niñas, niños y jóvenes de México sean formados por verdaderos profesionales e intelectuales de la educación y no por grillos, quisiera ver en las jefas y jefes de familia mayor poder y voluntad para exigirles a las autoridades mejores resultados en términos de aprendizaje de sus hijos y sobre todo, que las promesas de precampaña y campaña de los políticos dejen de ser eso para dar paso a planes nacionales y estatales de educación plurales, sensatos y factibles para encauzar la energía mostrada por el personaje estelar de De Panzazo: las niñas y niños de México.
De panzazo es tanto una denuncia pública como una agenda de un grupo de la sociedad mexicana, la cual se muestra en un lenguaje no sofisticado y abiertamente. Sobre ella hay que reflexionar y tomar acción, pues es evidente que la deficiente formación académica no es exclusiva de la escuela mexicana, es visible también en el comportamiento y actitud de algunos representantes de los medios de comunicación masiva.
Si la educación nos debe preocupar “a todos”, no estaría mal que Televisa, con la misma calidad fílmica de Rulfo, tomara una posición sobre su función educativa en la sociedad mexicana. ¿O qué, esa empresa “líder” sugiere hacer justicia sólo en los bueyes de mi compadre?


*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA) pedro.flores@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio

13 de febrero de 2012

Lo que pudo ser la evaluación universal

Por Héctor Rojas*

Los investigadores educativos Sylvia Schmelkes y Carlos Mancera recomendaron a la Secretaria de Educación Pública (SEP) que los estándares de evaluación universal de maestros fueran consensuados con los docentes, lo cual omitió la dependencia educativa.
Como parte del Acuerdo de cooperación México-OCDE para mejorar la calidad de la educación de las escuelas mexicanas, firmado entre el gobierno mexicano y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Schmelkes y Mancera desarrollaron las medidas específicas para la implementación de medidas encaminadas a mejorar la calidad educativa del país.
El tipo de evaluación docente propuesto por Schmelkes y Mancera proponía que los profesores fuesen examinados a través de una visita de una semana a su centro escolar, la cual sería realizada por personal especialmente calificado para medir el desempeño de los docentes.
Por el contrario, la SEP busca realizar en junio próximo un examen para medir los conocimientos de los maestros, lo cual ha generado malestar e incertidumbre en miles de docentes a lo largo del país.
Las recomendaciones específicas definidas por los académicos para evaluar a los maestros eran cuatro: 1) diseñar estándares, 2) consensuarlos con los maestros, 3) evaluar al profesor a partir de la observación de su desempeño en clase y 4) elaborar un sistema de apoyo para mejorar la práctica del maestro.
Con la metodología propuesta por Schmelkes y por Mancera se podría haber evaluado la 1) planeación de clase, 2) el ambiente de aprendizaje que logra el maestro, 3) el arte o capacidad instructiva y 4) las actividades extra clase.
El procedimiento contemplaba dos vertientes: la primera, que las autoridades educativas construyeran un documento marco que los maestros pudieran discutir y mejorar para medir su capacidad; y una segunda forma sería a partir de un planteamiento general que los docentes fueran construyendo, para después cotejar ambos procesos.
Dichos estándares deberían, además, ser puestos a consideración de los maestros, dicen las recomendaciones.
“Eso fue justamente lo que no se hizo, el hecho de que los maestros estén en las calles, tiene que ver con que nadie nunca les consultó cómo se les iba a evaluar”, explicó en entrevista para Educación a Debate la académica del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana (UIA), Silvia Schmelkes.
Para desarrollar este proceso de evaluación “hay que invertir tiempo”, enfatizó la académica; pues elaborar los estándares y ponerlos a consideración del casi millón y medio de docentes no se puede hacer en menos de seis meses, calculó la investigadora.
Además, en la visita de una semana para evaluar a los docentes “se observan clases, se tienen reuniones con los docentes, se platica con los padres de familia, con los alumnos, se hace una entrevista con el director.
“(Con este tipo de evaluación) las observaciones en la clase son las que van a permitir dar una calificación en función de los estándares consensuados por los maestros”, puntualizó Schmelkes.
No obstante, lo importante en este esquema que propuso la OCDE no es la calificación que obtiene el maestro, “sino el conjunto de recomendaciones que salen de ahí, por eso es una evaluación formativa”, explicó Schmelkes.
A partir del resultado de estas valoraciones, las recomendaciones establecían que la SEP se hiciera responsable de apoyar a los maestros “para que pudieran efectivamente mejorar su práctica”, apoyos que deben darse “en la escuela misma”.
Esta evaluación, prevista para ser aplicada cada tres años, recomienda finalmente que si luego de tres aplicaciones -es decir, después de seis años- el maestro continúa presentando un bajo desempeño, se le solicita que salga del Sistema Educativo Nacional


*Derechos Reservados. Originalmente publicado en Educación a Debate (13/2/2012) Siguelos en Twitter: @EduDebate

10 de febrero de 2012

Recomendaciones de políticas específicas sobre el desarrollo de un marco integral de evaluación de maestros en servicio


Por Carlos Mancera y Sylvia Schmelkes*
México es un país que, pese al formidable avance en la cobertura educativa en los pasados 60 años, al pasar de tres millones de estudiantes a más de 30 millones, aún tiene sólo a 60 por ciento de sus jóvenes inscritos en la educación media superior. Si México aspira a desarrollar una economía del siglo XXI, no sólo necesitará impulsar su matrícula de educación media superior, sino asimismo garantizar que todos los jóvenes que egresen de este nivel educativo cuenten con los conocimientos y habilidades que les permitan aprender durante toda su vida.
Si bien muchos factores contribuyen al desempeño educativo de un país, ahora sabemos, a partir de un número creciente de investigaciones internacionales, que formar una fuerza laboral docente profesional y bien calificada es clave para que un país cuente con la capacidad de mejorar los resultados escolares de sus jóvenes (Sclafani y Manzi, 2010; OECD, 2005). Sabemos también que disponer de datos y sistemas de medición sólidos y precisos que permitan no sólo registrar el avance de estudiantes y escuelas, sino también intervenir de forma oportuna con el apoyo adecuado, es indispensable para crear una cultura de mejora continua y de rendición de cuentas sobre el desempeño (McKinsey and Company, 2007).
Por esta razón proponemos el diseño de un sistema integral de evaluación de maestros en servicio en México. Esta recomendación necesita apreciarse en el contexto del conjunto más amplio de recomendaciones de la OCDE en torno al desarrollo docente y al liderazgo escolar profesionales, pues un enfoque centrado sólo en fortalecer la evaluación docente tendrá resultados limitados en el mejoramiento del desempeño de los alumnos. Sin embargo, lo contrario es asimismo válido: México puede mejorar sus programas de preparación docente, sus procesos de asignación de maestros a las escuelas, su estrategia de desarrollo profesional, su liderazgo en las escuelas, pero si estos cambios no se acompañan de un sistema de evaluación docente bien diseñado e implementado con cuidado, es poco probable que esos cambios tengan mucho efecto en el desempeño de los alumnos.
Estamos conscientes de que, de acuerdo con la experiencia internacional y la naturaleza propia de la tarea, el camino hacia el desarrollo de un sistema de evaluación de maestros en servicio presenta desafíos. Aunque es una tarea difícil, este esfuerzo es básico para mejorar la calidad educativa en México. Será necesario el compromiso de los principales actores interesados para garantizar que el sistema de evaluación docente se elabore con su apoyo. Las autoridades educativas federales y estatales, el Sindicato  Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), académicos, maestros prestigiados en lo individual y líderes de la sociedad civil deberán contribuir a llevar a buen puerto este importante proyecto, cuya meta final es mejorar la calidad de la educación.
En este documento, que toma en cuenta la experiencia y las evidencias sobre evaluación docente internacionales, delineamos las principales opciones y recomendamos una estrategia de implementación para México.
Entre los asuntos más amplios que se debaten en los países cuando elaboran y revisan sus políticas de evaluación docente se encuentran los siguientes:
-¿Cuáles deben ser los componentes de un sistema justo de evaluación docente?
-¿Cómo equilibrar los propósitos formativos y sumativos de la evaluación?
-¿Cómo comprometer a los maestros en el diseño y la implementación de los sistemas de evaluación docente?
-¿Cómo elaborar, implementar y evaluar estándares confiables de prácticas de enseñanza que conformen la base de dichas evaluaciones?
-¿Cómo emplear los resultados de evaluacionesde alumnos para evaluar a los maestros?
-¿Qué clase de recompensas o consecuencias asociar a los resultados de las evaluaciones docentes?



* Carlos Mancera es Presidente del Consejo Asesor de la OCDE sobre Evaluación y Políticas de Incentivos en México y Sylvia Schmelkes es Presidenta del Consejo Asesor de la OCDE sobre Liderazgo Escolar y Política Docente y Directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana (INIDE). Documento escrito a petición de la OCDE en junio de 2010.


7 de febrero de 2012

Las políticas de equidad en la educación superior mexicana

Por Marisol Silva Laya*

Un concepto de equidad educativa que goza de aceptación indica que el Estado debe garantizar el ingreso a la escuela, la permanencia y la conclusión exitosa de los estudios, sin importar el origen social, económico o cultural de sus alumnos. Este principio comúnmente se equipara con la igualdad de oportunidades, que ha constituido un eje central de las políticas educativas recientes.
En esta materia, México aún está lejos de alcanzar sus fines, a pesar de que ha incrementado su matrícula de educación superior. Las declaraciones de Rodolfo Tuirán a finales del año pasado dan cuenta de ello. Según el Subsecretario, sólo el 21 por ciento de los jóvenes más pobres ingresan a este nivel, en contraste con el 78.4 por ciento de los jóvenes con ingresos más altos. El sistema educativo falla en el primer paso hacia la equidad: grandes proporciones de jóvenes son excluidos debido a sus condiciones socioeconómicas.
Cuando se toca este tema, el análisis se agota ahí, pero es preciso preguntarse qué pasa en las dos etapas restantes: permanencia y conclusión. Algunos investigadores han advertido que la vida universitaria entraña muchas dificultades, pero que éstas son mayores para los jóvenes más pobres, quienes se enfrentan a una tarea que sobrepasa su capital cultural. Presentan bajo desempeño, reprobaciones, rezago y, en general, desadaptación académica y social. Todo ello puede arrastrarlos al abandono escolar.
Esto constituye otra fisura de las políticas que buscan democratizar la educación. La masificación ha desdibujado los rasgos específicos de los diferentes tipos de estudiantes y se tiende a brindar una atención estandarizada. Esto es un reflejo más de la inequidad educativa porque, como advierte Amartya Sen, pasar por alto las diferencias entre los individuos puede llegar a ser muy injusto ya que “considerar a todos por igual puede resultar en que se dé un trato desigual a aquellos que se encuentran en una posición desfavorable”.
Estos elementos expuestos de manera breve son útiles para llamar a la reflexión sobre la concepción y operacionalización de la equidad. Hasta ahora, las políticas educativas han puesto el acento en el acceso, para ello se crean nuevas instituciones y se otorgan becas a la población pobre. Sin embargo, a juzgar por los resultados, parecen estrategias insuficientes y en muchos casos ineficaces.
Es necesario cuestionar el principio de igualdad de oportunidades. En un país de profundas desigualdades, ¿no sería conveniente pensar la equidad en términos de atención diferenciada y proporcional a las necesidades; es decir, en términos de distribución desigual de oportunidades para favorecer a los más necesitados? En realidad ocurre lo contrario: los servicios más deficientes son los que atienden a los más desfavorecidos. Es todo un contrasentido.
Habría que pensar la atención a las poblaciones vulnerables mediante el diseño de políticas que compensen las desventajas sociales, económicas y culturales que han acumulado. Se requiere crear las condiciones para que los jóvenes más pobres cuenten con una educación de calidad que les permita desarrollar a plenitud sus capacidades. Ello implica: a) garantizar un acceso efectivo a instituciones universitarias de calidad, lo que supone repensar los mecanismos de selección de las universidades más prestigiosas e incrementar la calidad de las escuelas que se abren para los jóvenes más pobres; b) incrementar la calidad de los niveles previos para favorecer un mejor capital cultural, pero también diseñar programas universitarios que reconozcan los puntos de partida y atiendan las deficientes habilidades académicas de estos jóvenes y c) otorgar prioridad financiera a estas políticas.
Los desafíos en la materia son enormes y requieren estrategias innovadoras para obtener resultados distintos. Urgen intervenciones integrales y diversificadas que reconozcan las necesidades diversas. Veamos qué propuestas surgen en los tiempos que se avecinan.

 *Doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), es académica e investigadora titular del INIDE . E-Mail: marisol.silva@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio 

2 de febrero de 2012

Diversidad sexual y escuela

Por Pedro Flores-Crespo y Manolo López*

[L]o vivido con pasión que a nadie daña se justifica por sí mismo.
Carlos Monsiváis en el prólogo de La Estatua de Sal de Salvador Novo.

Las escuelas son desafiadas constantemente por la realidad. Que si es necesario crear dentro de ellas hábitos para evitar la obesidad, que si debemos reformar las leyes para inscribir al joven transexual que desee utilizar su nombre elegido y no el asignado al nacer, que si debemos explicarle a los niños que alguno de sus compañeros puede provenir de hogares formados por parejas del mismo sexo, etcétera.
A medida que nuestras sociedades evolucionan, las escuelas y universidades deben sufrir constantes transformaciones. Si no lo hiciesen, revelarían su carácter conservador, el cual puede funcionar como factor de exclusión y marginación para todos, pero en especial para el niño indígena, la joven lesbiana, los adultos mayores, la persona con capacidades diferentes o el estudiante sin recursos económicos. Idealmente, no debería existir una escuela o universidad pública que rechace adaptarse al cambio y a las nuevas realidades. La diversidad humana —que se comprende por medio de la persona, del individuo— es un reto constante para la escuela en particular y para el sistema educativo en general.
De acuerdo con una encuesta realizada por el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/sida y la Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual (Anodis), 87 por ciento de los encuestados refirieron que siempre, casi siempre o algunas veces era necesario ocultar su orientación sexual en el ámbito escolar por miedo a ser discriminado.
Esta encuesta también reveló que los principales agentes de discriminación en los centros educativos son los compañeros de clase. Del 57 por ciento de los encuestados que aseguró haber recibido maltrato o agresión en la escuela debido a su apariencia u orientación sexual, 92 por ciento aseveró que las agresiones provenían de sus propios compañeros, mientras que el 8 por ciento restante notificó que fueron discriminados por maestros, directores, personal académico o padres de familia.
El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) confirma, por medio de la Encuesta Nacional de Discriminación 2010, que en México la “discriminación por preferencia u orientación sexual sigue siendo de las que más mitos, falsedades, generalizaciones y demonizaciones evoca”.
Aunque han surgido sobresalientes posturas y enfoques como el multiculturalismo, educación inclusiva, educación para la tolerancia, pedagogía crítica, o la “universidad incluyente”, aún persisten grandes retos para hacer de las escuelas de México espacios orientados hacia el aprendizaje efectivo pero además, centros de sana convivencia y respeto entre individuos con identidades “múltiples”, cambiantes, no fijas ni impuestas por la “dictadura de los comportamientos fijos”, en términos de Monsiváis.
Como parte de una investigación realizada en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, se ha tratado de cuestionar los clásicos enfoques de “educación inclusiva” ya que no logran capturar las múltiples facetas que componen la diversidad humana y dentro de ésta, las complejas manifestaciones sobre la sexualidad. Al sexo biológico no le corresponde invariablemente una orientación sexual específica, ni mucho menos roles socialmente asignados.
Contrario al supuesto de que los establecimientos educativos sólo reproducen lo que ocurre fuera de ellos, el estudio, “cómo vive la escuela el estudiante gay, lésbico, bisexual o transgénero”, muestra que mediante la puesta en marcha de programas específicos orientados al reconocimiento de la diversidad sexual en un bachillerato público del Distrito Federal, las escuelas podrían convertirse no sólo en espacios que reconocen la diversidad, sino en medios para la libre construcción de la identidad del joven y con ello, adquirir el atributo de pertinencia del que tanto se habla en la planeación educativa.
Rey es un joven entrevistado que al llegar a su escuela se convierte en Reyna y según declaró, se llena de “seguridad” y “energía” al hacerlo. En la escuela, Reyna ocupa una banca del patio en donde se reúnen más de 50 jóvenes. Ahí, dijo, “se le olvida” que venía “triste”; “aquí soy el mismo de siempre”, afirmó. Reyna también expresó que al salir de la escuela, “se va transformando” en el camino a su casa en donde convive con su padre con quien tiene que mostrarse “hombre” “escupiendo” y “hablando de futbol”.
¿Qué importancia tiene que Rey construya y viva en la escuela así su identidad “múltiple y elegida”? Que al vivir dentro de este espacio, puede acrecentar el interés por aprender y no desertar, cuestión que habrá que comprobar en estudios futuros. Lo que si está claro en la literatura sobre diversidad sexual es que entre mayor sea el rechazo social contra el joven gay, lesbianas y transgéneros, la posibilidad de que éstos se expongan a situaciones de riesgo para la salud y el contagio de VIH/sida también se acrecienta. El prejuicio mata. Piénsalo la siguiente vez que vea a alguien que no es como usted quiere.

*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA) pedro.flores@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio