2 de febrero de 2012

Diversidad sexual y escuela

Por Pedro Flores-Crespo y Manolo López*

[L]o vivido con pasión que a nadie daña se justifica por sí mismo.
Carlos Monsiváis en el prólogo de La Estatua de Sal de Salvador Novo.

Las escuelas son desafiadas constantemente por la realidad. Que si es necesario crear dentro de ellas hábitos para evitar la obesidad, que si debemos reformar las leyes para inscribir al joven transexual que desee utilizar su nombre elegido y no el asignado al nacer, que si debemos explicarle a los niños que alguno de sus compañeros puede provenir de hogares formados por parejas del mismo sexo, etcétera.
A medida que nuestras sociedades evolucionan, las escuelas y universidades deben sufrir constantes transformaciones. Si no lo hiciesen, revelarían su carácter conservador, el cual puede funcionar como factor de exclusión y marginación para todos, pero en especial para el niño indígena, la joven lesbiana, los adultos mayores, la persona con capacidades diferentes o el estudiante sin recursos económicos. Idealmente, no debería existir una escuela o universidad pública que rechace adaptarse al cambio y a las nuevas realidades. La diversidad humana —que se comprende por medio de la persona, del individuo— es un reto constante para la escuela en particular y para el sistema educativo en general.
De acuerdo con una encuesta realizada por el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/sida y la Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual (Anodis), 87 por ciento de los encuestados refirieron que siempre, casi siempre o algunas veces era necesario ocultar su orientación sexual en el ámbito escolar por miedo a ser discriminado.
Esta encuesta también reveló que los principales agentes de discriminación en los centros educativos son los compañeros de clase. Del 57 por ciento de los encuestados que aseguró haber recibido maltrato o agresión en la escuela debido a su apariencia u orientación sexual, 92 por ciento aseveró que las agresiones provenían de sus propios compañeros, mientras que el 8 por ciento restante notificó que fueron discriminados por maestros, directores, personal académico o padres de familia.
El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) confirma, por medio de la Encuesta Nacional de Discriminación 2010, que en México la “discriminación por preferencia u orientación sexual sigue siendo de las que más mitos, falsedades, generalizaciones y demonizaciones evoca”.
Aunque han surgido sobresalientes posturas y enfoques como el multiculturalismo, educación inclusiva, educación para la tolerancia, pedagogía crítica, o la “universidad incluyente”, aún persisten grandes retos para hacer de las escuelas de México espacios orientados hacia el aprendizaje efectivo pero además, centros de sana convivencia y respeto entre individuos con identidades “múltiples”, cambiantes, no fijas ni impuestas por la “dictadura de los comportamientos fijos”, en términos de Monsiváis.
Como parte de una investigación realizada en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, se ha tratado de cuestionar los clásicos enfoques de “educación inclusiva” ya que no logran capturar las múltiples facetas que componen la diversidad humana y dentro de ésta, las complejas manifestaciones sobre la sexualidad. Al sexo biológico no le corresponde invariablemente una orientación sexual específica, ni mucho menos roles socialmente asignados.
Contrario al supuesto de que los establecimientos educativos sólo reproducen lo que ocurre fuera de ellos, el estudio, “cómo vive la escuela el estudiante gay, lésbico, bisexual o transgénero”, muestra que mediante la puesta en marcha de programas específicos orientados al reconocimiento de la diversidad sexual en un bachillerato público del Distrito Federal, las escuelas podrían convertirse no sólo en espacios que reconocen la diversidad, sino en medios para la libre construcción de la identidad del joven y con ello, adquirir el atributo de pertinencia del que tanto se habla en la planeación educativa.
Rey es un joven entrevistado que al llegar a su escuela se convierte en Reyna y según declaró, se llena de “seguridad” y “energía” al hacerlo. En la escuela, Reyna ocupa una banca del patio en donde se reúnen más de 50 jóvenes. Ahí, dijo, “se le olvida” que venía “triste”; “aquí soy el mismo de siempre”, afirmó. Reyna también expresó que al salir de la escuela, “se va transformando” en el camino a su casa en donde convive con su padre con quien tiene que mostrarse “hombre” “escupiendo” y “hablando de futbol”.
¿Qué importancia tiene que Rey construya y viva en la escuela así su identidad “múltiple y elegida”? Que al vivir dentro de este espacio, puede acrecentar el interés por aprender y no desertar, cuestión que habrá que comprobar en estudios futuros. Lo que si está claro en la literatura sobre diversidad sexual es que entre mayor sea el rechazo social contra el joven gay, lesbianas y transgéneros, la posibilidad de que éstos se expongan a situaciones de riesgo para la salud y el contagio de VIH/sida también se acrecienta. El prejuicio mata. Piénsalo la siguiente vez que vea a alguien que no es como usted quiere.

*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA) pedro.flores@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio

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