7 de febrero de 2012

Las políticas de equidad en la educación superior mexicana

Por Marisol Silva Laya*

Un concepto de equidad educativa que goza de aceptación indica que el Estado debe garantizar el ingreso a la escuela, la permanencia y la conclusión exitosa de los estudios, sin importar el origen social, económico o cultural de sus alumnos. Este principio comúnmente se equipara con la igualdad de oportunidades, que ha constituido un eje central de las políticas educativas recientes.
En esta materia, México aún está lejos de alcanzar sus fines, a pesar de que ha incrementado su matrícula de educación superior. Las declaraciones de Rodolfo Tuirán a finales del año pasado dan cuenta de ello. Según el Subsecretario, sólo el 21 por ciento de los jóvenes más pobres ingresan a este nivel, en contraste con el 78.4 por ciento de los jóvenes con ingresos más altos. El sistema educativo falla en el primer paso hacia la equidad: grandes proporciones de jóvenes son excluidos debido a sus condiciones socioeconómicas.
Cuando se toca este tema, el análisis se agota ahí, pero es preciso preguntarse qué pasa en las dos etapas restantes: permanencia y conclusión. Algunos investigadores han advertido que la vida universitaria entraña muchas dificultades, pero que éstas son mayores para los jóvenes más pobres, quienes se enfrentan a una tarea que sobrepasa su capital cultural. Presentan bajo desempeño, reprobaciones, rezago y, en general, desadaptación académica y social. Todo ello puede arrastrarlos al abandono escolar.
Esto constituye otra fisura de las políticas que buscan democratizar la educación. La masificación ha desdibujado los rasgos específicos de los diferentes tipos de estudiantes y se tiende a brindar una atención estandarizada. Esto es un reflejo más de la inequidad educativa porque, como advierte Amartya Sen, pasar por alto las diferencias entre los individuos puede llegar a ser muy injusto ya que “considerar a todos por igual puede resultar en que se dé un trato desigual a aquellos que se encuentran en una posición desfavorable”.
Estos elementos expuestos de manera breve son útiles para llamar a la reflexión sobre la concepción y operacionalización de la equidad. Hasta ahora, las políticas educativas han puesto el acento en el acceso, para ello se crean nuevas instituciones y se otorgan becas a la población pobre. Sin embargo, a juzgar por los resultados, parecen estrategias insuficientes y en muchos casos ineficaces.
Es necesario cuestionar el principio de igualdad de oportunidades. En un país de profundas desigualdades, ¿no sería conveniente pensar la equidad en términos de atención diferenciada y proporcional a las necesidades; es decir, en términos de distribución desigual de oportunidades para favorecer a los más necesitados? En realidad ocurre lo contrario: los servicios más deficientes son los que atienden a los más desfavorecidos. Es todo un contrasentido.
Habría que pensar la atención a las poblaciones vulnerables mediante el diseño de políticas que compensen las desventajas sociales, económicas y culturales que han acumulado. Se requiere crear las condiciones para que los jóvenes más pobres cuenten con una educación de calidad que les permita desarrollar a plenitud sus capacidades. Ello implica: a) garantizar un acceso efectivo a instituciones universitarias de calidad, lo que supone repensar los mecanismos de selección de las universidades más prestigiosas e incrementar la calidad de las escuelas que se abren para los jóvenes más pobres; b) incrementar la calidad de los niveles previos para favorecer un mejor capital cultural, pero también diseñar programas universitarios que reconozcan los puntos de partida y atiendan las deficientes habilidades académicas de estos jóvenes y c) otorgar prioridad financiera a estas políticas.
Los desafíos en la materia son enormes y requieren estrategias innovadoras para obtener resultados distintos. Urgen intervenciones integrales y diversificadas que reconozcan las necesidades diversas. Veamos qué propuestas surgen en los tiempos que se avecinan.

 *Doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), es académica e investigadora titular del INIDE . E-Mail: marisol.silva@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio 

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