8 de marzo de 2012

De Panzazo: Un documental sin pedagogía

Por Marisol Silva Laya*

Una concisa definición de documental -extraída de la página web de Alfamedia- dice que un documental es “…un tipo de cine eminentemente informativo y didáctico, que intenta expresar la realidad de forma objetiva”. Cuando me decidí a ver este documental esperaba eso: un análisis crítico y fundamentado de la realidad educativa transmitido de manera didáctica (a propósito del tema educativo). Lo que fui encontrando a lo largo de la cinta no fue precisamente eso.
Ya otros analistas han señalado acertadamente las principales deficiencias de este material. Coincido con Manuel Gil cuando afirma que “para documental le sobran… las constantes y manidas interpretaciones del relator que supone un auditorio menor de edad”; con Silva-Herzog en que “no acierta en construir una narración medianamente atractiva” y con Flores Crespo en que una parte se basa en prejuicios y desinformación. Yo añadiría que, no pocas veces, hay manipulación de la información para lograr ese efecto estremecedor que no apela a la razón sino a las emociones, tan característico de las telenovelas. Si por esto se entiende lo “didáctico,” creo que andamos mucho peor de lo que intenta revelar esta cinta.
Debido a mi interés en los temas pedagógicos, me quiero detener en la estrategia de comunicación empleada para “educar” a un púbico heterogéneo. Pareciera que Mexicanos Primero asume que la audiencia será incapaz de procesar información compleja y por eso recurre a la simplificación extrema para facilitar la comprensión. Así el mensaje entregado es que en este país todos los profesionales con posgrado ganan 52 mil pesos mensuales y ésta es una razón suficiente para exigir el acceso a la más alta escolaridad. En primer lugar, el dato no concuerda con otras fuentes oficiales y académicas, aunque lo hayan tomado de una investigación de una reconocida fundación y pongan la fuente en su página. Dicho sea de paso, el estudio referido indica que los ingresos reportados son familiares y no individuales, y esa precisión no es poca cosa. Pero, como puede resultar complicado explicarlo, mejor se simplifica. Por otra parte, ¿será económica la razón fundamental para exigir el derecho a la educación superior? Habrá quienes pensamos que no y las explicaciones nos llevan a un debate complejo, pero no es la tónica de la cinta.
Otro ejemplo simplista y lamentable ocurre con el tratamiento que se le da a una de las más importantes banderas de demanda ciudadana que ha tenido Mexicanos Primero: la exigencia de un padrón de maestros. Saber cuántos maestros hay en México tiene profundas implicaciones no sólo para la necesaria transparencia administrativa, sino que podría favorecer un aprovechamiento más eficiente de los recursos, elemento clave para la calidad. Sin embargo, justamente este punto es el que se trata de manera más frívola. ¿Por qué no explicar a la audiencia el sentido e implicaciones de este problema? ¿Por qué no fomentar el pensamiento crítico del que adolecen muchas propuestas pedagógicas en el país? ¿Por qué reducir a la comedia un problema tan serio, será que es aburrido?
De Panzazo intenta revelar que en el sistema educativo predomina la enseñanza tradicional y esto contraviene los enfoques pedagógicos más innovadoras, como puede ser el fomento de competencias. En esto estoy de acuerdo. Lo que no puedo admitir es que este problema se pretenda ejemplificar con el caso de la maestra que se empeña en enseñar un fragmento literario a sus alumnos y los corrige una y otra vez en su contenido y entonación. Ciertamente, es un ejercicio que cultiva la memoria en el que la maestra juega un papel directivo. Sin embargo, esto no se corresponde necesariamente con una enseñanza centrada en la transmisión de conocimientos en la que no se procura que el estudiante los construya y se interese en su propio aprendizaje.
Me pregunto si no encontraron ejemplos más acertados, pero sé muy bien que este objetivo exige una investigación profunda de carácter antropológico para captar la esencia de lo que pasa en las aulas. Esto no se logra con un barrido rápido de información. Pero en ausencia de este método complejo se optó por hacer una toma puntual y mal seleccionada. Por cierto, sé que Mexicanos Primero pidió autorización a las personas para aparecer en la cinta, pero me pregunto si la maestra sabía que su “aparición” sería manejada de la manera que se hizo, donde ella queda como el vivo ejemplo de una mala maestra. ¿Será que la comprensión del problema y la consecuente búsqueda de soluciones requieren de la manipulación de la información y de la realidad?
Dicho sea de paso, en estos tiempo en los que tanto se denigra “lo memorístico” valdría la pena reflexionar sobre la importancia de la memoria que representa ni más ni menos que una de las funciones superiores del cerebro humano. ¡Hay que cultivarla, sí hay que cultivarla! Claro, no es el único medio de aprendizaje, pero juega un papel clave. Lo malo es enseñar a repetir como loritos, sin comprender lo que se dice. ¡Cómo me hubiera gustado que en la escuela me enseñaran a declamar –memorizar y comprender- “La suave patria”.
En fin, este documental falla en la presentación de información objetiva, aunque es preciso reconocer que buena parte de ésta sí lo es. Confunde la transmisión didáctica, con la simplificación y manipulación. Y su problema más grave es que reduce la complejidad del problema educativo de este país a la culpabilización del maestro y aunque intenta poner en el tablero otros factores de carácter político y económico no logra articularlos en una explicación contundente. Así, corre el riesgo de llamar a una quema de brujas.
De Panzazo, no obstante, tiene la gran virtud de estar posicionando el tema educativo en la agenda pública. Vale la pena aprovechar el momento para debatir con profundidad qué educación queremos tanto en la escuela como fuera de ella –por ejemplo en la televisión- y cómo diseñamos un proyecto responsable para lograrla. Basta ya del cliché de alcanzar a Corea o a Finlandia. Somos otro país, con otra cultura, otros talentos y otras aspiraciones, ¿o no?


*Doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), es académica e investigadora titular del INIDE. E-Mail: marisol.silva@uia.mx  
Originalmente publicado en Educación a Debate (8 de Marzo de 2012)

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