22 de marzo de 2012

¿Qué esperamos los académicos?


Por Pedro Flores-Crespo*
¿Qué esperamos los académicos congregados en el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) para ofrecer nuestro diagnóstico de la problemática educativa y hacer propuestas fundamentadas? ¿Dejaremos que otros llenen los espacios intelectuales para luego quejarnos de que no somos tomados en cuenta y que todo – o casi todo – está mal? La agenda educativa está en formación. Diversos grupos de la sociedad están ya reuniéndose para definir los puntos que desean incluir en el plan nacional de educación 2013-2018. El grupo dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), por ejemplo, ha organizado magnas conferencias dentro del marco del Quinto Congreso Nacional de Educación y del Tercer Encuentro Nacional de Padres de Familia y Maestros. Recordemos que la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE) fue uno de los productos del cuarto congreso del SNTE - al menos eso fue lo que se dijo. Por otra parte, el 22 de marzo el Consejo Ciudadano Autónomo por la Educación (CCAE) organizará el foro para discutir la conformación de una agenda ciudadana en educación en la Fundación Merced. Como se sabe, el CCAE está formado por 18 organizaciones de la sociedad civil e investigadores independientes y tiene como objetivo crear un espacio de diálogo plural e incluyente en torno a la calidad de la educación. El CCAE es claro: la educación es un asunto de todos y esto exige el cumplimiento de responsabilidades de cada uno. La transparencia y rendición de cuentas es un objetivo que el CCAE ha perseguido de manera sistemática y constante.
La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) también ya presentó su propuesta llamada “una nueva generación de políticas en educación superior” con la que colocó en el debate la posibilidad de que la cobertura en este nivel alcance 50 por ciento para el ciclo escolar 2020-2021. Es decir, que cinco de cada diez jóvenes entre 19 y 23 años asistan a la universidad en el mediano plazo.
La mesa está puesta para el académico interesado en que no se repitan los errores del pasado. La inconformidad en torno al manejo del sistema educativo crece, la evidencia muestra que la educación no está beneficiando a todos por igual y seguramente, los próximos candidatos y candidatas repetirán el mantra: “La educación será una prioridad en mi gobierno”. Como entre lo planeado y lo real sigue habiendo una brecha abismal, es tiempo de tomar una posición desde el privilegiado espacio que brinda la academia y la intelectualidad.
Sostendría que hoy más que nunca se requiere del conocimiento técnico y especializado para conformar la propuesta educativa del próximo gobierno. ¿Por qué? Los problemas educativos son complejos y difíciles de tratar. Pensemos en tres ejemplos. Primero, la evaluación. Capturar el logro escolar o la competencia docente por medio de un instrumento de medición implica conocer la teoría de evaluación y, sobre todo, desarrollar competencias metodológicas de avanzada. Tener técnicas y prácticas de evaluación deficientes puede costarnos mucho dinero y conflictos. Dejar este tema expuesto a la negociación política con actores que sólo buscan afianzar su poder es abonar al fracaso y no creo que el próximo secretario o secretaria de Educación Pública esté dispuesta a derrochar su capital político cometiendo errores.
El segundo tema sería la formación, selección y promoción de maestros del nivel básico es otro tema que aunque es inevitable ponerlo bajo la negociación sindical, debería estar iluminado por los argumentos y hallazgos de las investigaciones producidas por los miembros del COMIE.
¿Qué dicen los Estados del Conocimiento al respecto? Con base en estas revisiones, considero que el conocimiento y la política pueden aliarse para persuadir a otros actores a tomar la decisión correcta en beneficio tanto de los maestros como, y principalmente, de los niños. Con información especializada, podríamos comprender a los docentes más ampliamente para dejar de verlos como si ellos fueran los infantes.
El tercer y último tema que deseo comentar es el de la justicia y la equidad en la educación superior. ¿Somos equitativos y justos al mantener el “pase automático” en las universidades del país? El pase automático puede verse como una estrategia de equidad porque posibilita que los jóvenes en mayor desventaja cultural y social lleguen a la universidad, pero es una medida cortoplacista, que puede resolver inequidades creando otras y que al no considerar otras dimensiones intelectivas de estos estudiantes, puede poner en riesgo la creación de conocimiento de alta calidad en beneficio de todos. El pensamiento académico independiente es entonces clave para incentivar el debate sobre estos complejos temas y discutirlos abierta y públicamente para apoyar la configuración de políticas y programas orientados a mejorar la calidad de la educación en México.
La responsabilidad de brindar conocimientos que cuestionen y complementen la propuesta educativa de los políticos está frente a nosotros. Tomémosla en beneficio de los niños, jóvenes y adultos que siguen considerando a la educación como un medio legítimo para enriquecer y dirigir sus vidas como ellos y ellas valoran. Aún estamos a tiempo.

*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA). Email: pedro.flores@uia.mx 
Originalmente publicado en Campus Milenio 

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