12 de abril de 2012

Cobertura total: ¿necesidad real o demagogia?

 Por Pedro Flores Crespo*

Durante las campañas políticas, las universidades van a ser parte de la estrategia mediática de los candidatos presidenciales. Seguramente, todos prometerán respetar la autonomía, dar becas, aumentar la cobertura y destinar más recursos públicos a las instituciones de educación superior, lo cual agradará a más de un rector.
Hace una semana, el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), prometió que en caso de llegar a la presidencia de la república “garantizaría” que en México se alcance una cobertura de 100 por ciento en la educación superior. Es decir, que en 2018 no haya ni un joven de entre 19 a 23 años sin tener acceso a la universidad.
Querer darles oportunidades a todos los jóvenes es loable, pero en el caso de la propuesta de AMLO, hay por lo menos cuatro preguntas que hay que formular para nutrir el debate educativo y prevenir al sector de la demagogia.
La primera pregunta es, ¿cómo sustentar filosófica e ideológicamente la propuesta? ¿Masificación, universalización o ampliación de la élite? La educación superior no es obligatoria como la básica y la media superior, por lo tanto, ¿para qué debemos hacer que todos los jóvenes de determinada edad vayan a la universidad? ¿Sería malo que un joven elija un camino alterno al enfoque escolarizado para salir adelante? La propuesta de AMLO parece fundamentarse en el clásico “educacionismo”, es decir, en la antigua idea de que la educación posee una capacidad ilimitada para resolver los problemas del país. “[S]ino (sic) impulsamos la educación no vamos a encontrar la salida ni como sociedad ni como nación” (03/04/12, www.amlo.org.mx). Una visión realista y no redentora de la educación universitaria es necesaria en el proyecto educativo de AMLO.
Segundo punto: ¿Cómo hacer financieramente viable la propuesta? Con base en las proyecciones poblacionales del Consejo Nacional de Población (CONAPO), el documento Cobertura de la educación superior en México, Tendencias, retos y perspectivas de Manuel Gil y colaboradores (ANUIES, 2009), revela que en 2013 habrá 9,980,420 de jóvenes entre 19 y 23 años. Si todos estos jóvenes completaran su bachillerato – como también prometió AMLO – habría que multiplicar este número por los sesenta mil quinientos pesos que actualmente cuesta financiar a un estudiante de la educación universitaria. Esto revela que se necesitarían más de 600 mil millones de pesos para apoyar la propuesta de AMLO. Con casi tres millones de estudiantes, el gasto federal en educación superior, en el ciclo escolar 2010-2011, se estimó en 113 mil millones de pesos, incluyendo el gasto en ciencia y tecnología. AMLO dijo que sólo destinaría 30 mil millones a su propuesta. Así, las cuentas no salen.
Tercera pregunta, ¿cómo ampliar la cobertura con una perspectiva federalista? Cuando AMLO lanzó su propuesta quizás lo invadió la clásica visión centralista. Como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) había rechazado días antes a 90 por ciento de sus postulantes, él asumió que todo el país padecía de igual manera la cancelación de oportunidades de estudio a nivel superior. Por ello, propuso 100 por ciento de cobertura en México, como si todas las entidades federativas reprodujeran los mecanismos selectivos de la UNAM. Alguien debería explicarle a AMLO que, del 2000 a la fecha, entidades como Zacatecas o Hidalgo han ampliado su cobertura considerablemente (casi 15 puntos porcentuales) mientras que otras como Guerrero se han quedado estancadas en tasas que rondan 20 por ciento. En el Distrito Federal, la tasa de cobertura casi alcanza 70 por ciento y aquí, como revela el documento de Gil y colaboradores, la tasa de crecimiento de la población de 19 y 23 años va en descenso. Por estas razones, los instrumentos de política deberían ser diferenciados. Si AMLO fuese presidente tendría que ser sensible sobre lo que ocurre en los estados y sobre todo, en poner atención a qué compromiso tienen los gobiernos de las entidades federativas para financiar la educación superior y ampliar la cobertura a los niveles que él desea. En México, no todo depende de la voluntad del Presidente.
Cuarta - y última - pregunta, ¿cómo lograr la “cobertura total” con calidad y equidad? Las desigualdades que enfrentan los jóvenes de México no sólo se revelan en tener o no acceso a la universidad, sino a lo largo de su trayectoria escolar y esto exige un tratamiento institucional y académico distinto al que los gobiernos priístas, panistas y perredistas han intentado últimamente. A la par de abrir universidades, habrá que desarrollar modelos de aprendizaje que sean flexibles, pertinentes y eficientes en donde el joven tenga la oportunidad de ampliar su conocimiento y adquirir las habilidades para desempeñarse libre y responsablemente en cualquier sociedad. Esto exige un fundamento pedagógico moderno y mayor financiamiento a las poblaciones en mayor desventaja.
¿Es justo que un gobierno de izquierda proponga alcanzar altas tasas de cobertura pero falle en asegurar altas tasas de retención, aprobación y titulación? Esto no es “eficientismo neoliberal”. Comúnmente, los que pagan los costos de las promesas incumplidas no son los políticos ni sus asesores, sino los propios jóvenes.
Ser de izquierda no es aprovechar un momento coyuntural para hacer propuestas a la ligera. La demagogia le hace mucho daño a la igualdad, a la justicia y a la democracia. Maduremos para poder ampliar las oportunidades reales y valiosas para los jóvenes. Con ocurrencias y amor se pueden ganar simpatías y votos, pero no necesariamente se resuelven los problemas del país.


*Doctor en Política (Universidad de York), es investigador y académico del INIDE (UIA). Email: pedro.flores@uia.mx 
Originalmente publicado en Campus Milenio 

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