31 de mayo de 2012

#Yosoy132: Entre la ilusión y la realidad

Por Pedro Flores-Crespo y Luis Gregorio Sosa Grajales*
Escribimos a partir del entusiasmo que nos causó la marcha #Yosoy132, la cual se realizó el pasado 23 de mayo en donde miles de jóvenes marcharon de la Estela de Luz —ya rebautizada por el ingenio popular como la “suavicrema”— al Zócalo capitalino, con escala en Televisa Chapultepec.
La movilización juvenil está despertando esperanzas de cambio, reflexiones sobre nuestra débil democracia, temores y alguna que otra nostalgia. ¿Estamos presenciando el inicio de un nuevo ciclo democrático en México? ¿Perdurará el esfuerzo juvenil cuando entre en contacto con otros movimientos políticos o serán éstos, los que anulen la Primavera Mexicana? Aún es pronto para responder a estas preguntas, sin embargo, quisiéramos resaltar cinco puntos para contribuir a la discusión sobre la actitud juvenil de estos momentos.
¿Apartidismo o antipeñismo?
Durante su presentación en el programa Tercer Grado, Enrique Peña Nieto (EPN) afirmó que en la marcha de ese día hubo de todo. Marchistas en contra de “su servidor”, apartidistas y jóvenes pugnando por el derecho a la información y la transparencia. Los medios electrónicos de Televisa hicieron eco a lo dicho por el candidato priísta y presentaron en sus programas a oradores que decían que no “apoyaban o rechazaban” a un determinado candidato a la presidencia de la república. Sin embargo, al estar ahí, era claro que la marcha era antipeñista; se dejaba ver en las pancartas, las consignas y el clamor generalizado de los participantes. El discurso contra EPN rebasó por mucho la idea inicial de que la movilización navegaría con la bandera del apartidismo.
Y no podía ser de otra manera: el punto de ignición de esta marcha fue la visita de Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana. Aquí fue donde, después de hablar de sus propuestas y de sus particulares formas de gobernar, los estudiantes rechazaron la opción política que él y su partido representan. Ahora, repentinamente, el discurso contra el candidato del PRI parece incomodar a algunos manifestantes. Quizás esto tenga explicación por la cobertura mediática que ha tachado, erróneamente, a los universitarios antipeñistas como porros, manipulados y revoltosos.
Cambiar el discurso para tratar de ser políticamente correcto le podría restar legitimidad al movimiento estudiantil, quitar seguidores y lo más grave, complicaría la creación de una coalición mayoritaria que busque impedir el regreso del viejo régimen. ¿O acaso muchos de los marchantes seguirían asistiendo a manifestaciones que no fueran contra Peña Nieto? Por favor, “no se hagan bolas”, las marchas son claramente antipeñistas.
¿Quién catalizará el antipeñismo?
Una vez que los jóvenes rechazan a un candidato presidencial, que además es el puntero en las encuestas, tendrán que definir a quién elegir en su lugar. Si no quieren que regrese el PRI, como claramente lo manifestaron en la marcha, ¿a quién le darán su voto? Lo más lógico, a nuestro juicio, sería votar por el candidato o candidata que esté más cerca de Peña Nieto para poder restarle votos. Ahora, en caso de que ningún candidato los convenza, podrán anular su voto. Esto último es altamente posible. ¿Cómo podemos esperar que los estudiantes elijan a una élite política que no honra su palabra y que confíen de la noche a la mañana en ellos? Más aún, ¿cómo esperar que toda una generación de votantes apoye a candidatos que constantemente los subestiman? Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo, declaró que le “sorprendía” la reacción de los universitarios con lo que dejó ver el poco valor que le otorga a la capacidad de la juventud para actuar y movilizarse. No todos somos Juanito.
Y si Peña gana, ¿qué sigue?
El escenario más probable es que Peña Nieto gane la elección presidencial. No es nuestro deseo, pero eso indican todas las mediciones de intención de voto. ¿Qué harán los jóvenes entonces? Algo preocupante en la marcha era escuchar consignas tales como “si hay imposición, habrá revolución”. Nuestra pregunta es, siguiendo a Alan Moore, ¿hasta dónde llega una revolución? Si la revolución a la que los jóvenes inconformes hacen referencia significa mutar de piel para florecer como ciudadanos críticos ante el actuar de cualquier gobierno, algo habremos ganado. Esta construcción ciudadana implicaría una vigilancia puntual y objetiva del desempeño del gobierno en turno.
Sin embargo, si la “revolución”, por otro lado, implica violencia, vandalismo, cierre de avenidas, lloriqueos, gritos, delirio y construcción de teorías complotistas, que tanto fascinan al mexicano y algunos medios de comunicación de izquierda, entonces los jóvenes y todos, habremos perdido. Siempre es más fácil destruir los trenes que hacerlos llegar a tiempo. Nuestra débil democracia está en peligro tanto por la llegada del PRI como por la irresponsabilidad de algunos grupos de la sociedad que, como bien afirma Jorge G. Castañeda, no saben distinguir entre una afirmación de hechos, entre una encuesta y un anhelo, entre un gobierno y una televisora o entre un lugar y un momento.
¿Exclusividad de propósitos?
Si la mayoría de los marchistas son jóvenes y antipeñistas, ¿cómo darle espacio a otras voces inconformes? Una marchista comentó que “le cagó ver a [Javier] Sicilia”, el poeta que lidera el Movimiento por la Paz con Dignidad y Justicia. ¿Es el movimiento de estudiantes exclusivo? ¿Acaso no podrán unírseles desempleados, los padres de los niños de la guardería ABC de Sonora, los padres de los hijos desaparecidos en la lucha anticrimen, intelectuales, disidentes, académicos, empresarios, maestras, líderes sociales y amas de casa? Si en verdad se desea promover un movimiento social que detenga el retorno del viejo régimen, los jóvenes tendrán que formar redes de apoyo con otros actores políticos y sociales. Definir el perfil del movimiento para hacerlo incluyente —o exclusivo— puede marcar el futuro de éste. Los jóvenes, por consiguiente, tendrán que tomar esta decisión en el corto plazo. Confiamos en ellos.
¡Peña y el PRI acabaron con las clases sociales!
Este irónico comentario es para decir que la marcha se caracterizó por la diversidad cultural y social. ¿Cuándo fue la última vez que Usted vio a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional o de la Universidad La Salle coreando un goya? ¿O cuántas veces ha visto a jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) gritando, junto a sus pares de la Ibero, “la verdad nos hará libres”? En la marcha se podía ver que al lado de la joven con rastas y tambor, se hallaba el universitario bien vestido, con su suéter de marca en los hombros. Detrás de ellos compartía la misma manta un joven con su novio y pronto se les unió una mujer de mediana edad, con un letrero que decía “aquí vienen mis estudiantes, ahora si estoy orgullosa de ellos”. El antipeñismo y antipriísmo unió bajo una misma idea: no al autoritarismo y “el que no brinque es Peña”.
Aparte de la consciencia política —que fomenta y posibilita la democracia—, el orgullo de algunos marchistas también creció. Al paso del contingente de jóvenes, la gente común les aplaudía y les expresaba su admiración desde las ventanas de los edificios, desde el autobús de transporte público y el carro particular. Algunos ya ni se molestaban de que el tráfico era lento, “ojala esos jóvenes logren lo que se proponen”, comentó una automovilista. En el Paseo de la Reforma, se evidenció también el desfase generacional por medio de una cartulina de un hombre mayor que decía: “Los jóvenes están haciendo la tarea que los adultos no hicimos por cobardía y valemadrismo”. Algunos comensales de restaurantes salían también a vitorear a los manifestantes y al terminar la manifestación, aquellos que nos trasladamos en Metro fuimos recibidos con aplausos.
Sin proponérselo, el PRI, con sus añejas prácticas y el rostro de su candidato, unió a la gente con una sola meta: Que no se restaure el viejo régimen. Evitarlo requiere actuar con sentido de realidad; aún no somos los suficientes para detener la regresión pero tenemos 30 días para intentarlo por todos los medios legítimos y legales que nos brinda nuestra democracia.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx.  Luis Gregorio Sosa Grajales es maestrante en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) y colaborador desde hace tres años del INIDE de la Ibero. luis.sosa@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio.

24 de mayo de 2012

Sobre las virtudes, vicios y educación

 Por Pedro Flores Crespo*
A Alessandro
La inhumanidad es una de las posibilidades de la humanidad”, asienta José Antonio Marina (Toledo 1939) en su libro, Pequeño tratado de los grandes vicios (Anagrama, 2011), el cual hace un repaso del “canon de la perversidad” en Occidente desde una mirada histórica y cultural.
Con erudición y claridad, Marina muestra cómo ha cambiado la forma en que miramos la maldad a través del tiempo. Este ejercicio sobresale por la sensatez del autor para tratar temas difíciles. A mi juicio, el autor ofrece una buena lección pedagógica al situarse del lado de la inteligencia antes de apresurarse a exponer juicios morales y no es porque Marina piense que lo malo no existe o que no daña a la persona; al contrario, Marina, es un filósofo profundamente humanista que argumenta que en el momento de tener que diseñar el futuro habrá que confiar en las personas que posean las virtudes básicas (prudencia, justicia, fortaleza, templanza y compasión) y para ello, se requiere la educación.
La “tarea básica” de la educación, refuerza Marina, es promover esas virtudes para que a partir de ellas cada persona se adapte creativamente a su contexto, elabore su proyecto de vida y se produzcan modos de vida digna a partir de la “interacción inteligente” de éstas. ¿Habrá alguna escuela o universidad mexicana que busque cultivar esas virtudes por medio de sus planes de estudios, procesos de enseñanza-aprendizaje y prácticas docentes? ¿Se podría construir una noción de pertinencia educativa a partir de la combinación de las virtudes humanas que sea útil y comparable entre instituciones?
Pero aparte de la lección intelectual, el libro de Marina es útil para recordarnos que los grandes vicios están fuertemente relacionados con las pasiones, aunque aquí marca una gran diferencia: Las pasiones “no son voluntarias, surgen espontáneamente” mientras que los vicios son “aprendidos”. En otras palabras, “las pasiones se convierten en vicio cuando el sujeto las acepta como forma de vida”. Con ello, Marina ratifica la capacidad racional del ser humano para hacer mal.
Pero aquí no termina la historia. El autor toledano observa que en la génesis de la maldad, las pasiones reciben un juicio menos severo que los vicios, ¿por qué? Porque las pasiones pueden ser utilizadas para construir tanto vicios como virtudes. Para Marina, como para tantos otros, en la pasiones hay “fuerza, inevitabilidad y ambivalencia” y con admirable honestidad, escribe que los “griegos, los medievales, los ilustrados, los románticos, los modernos, los posmodernos saben que la fuerza apasionada puede emplearse en un proyecto ascendente o descendente”. Es a partir de esta capacidad creadora que puede haber superación, crecimiento personal o lo que el autor denomina como anábasis.
Con base en la anábasis, Marina procede a analizar los “pecados capitales” y logra una reclasificación de éstos. El resultado es muy sugestivo. Por ejemplo, la soberbia, ese “afán de ser como dioses”, es el primer pecado capital porque es potencialmente peligroso, pero también profundamente humano como para servir de impulsor de la superación. El grado de ambivalencia de la soberbia asusta a la vez de sorprender. La soberbia, escribe Marina, “aprovecha el ímpetu ascendente que mueve la naturaleza humana, y de ahí resulta su atractivo, pero lo pervierte, y de ahí procede su horror”. Horror que pueblos enteros han conocido bajo los regímenes de “soberbios iluminados” como Hitler, Stalin, Mao Zedong, Pol Pot y yo agregaría, uno que otro dictador latinoamericano.
A la pereza, en cambio, Marina la ubica en el séptimo sitio porque cancela la anábasis, es decir, esa capacidad de superación personal. Bajo este pecado, dice Marina, se “detiene el flujo de la vida”, la actividad que “convierte al sujeto en persona”, como afirma Hartmann. Sin funcionamientos no podemos florecer.
Pero a mi juicio, una de las lecciones centrales del libro de Marina es que logra con sólidos argumentos remarcar la capacidad individual de la persona para cultivar tanto la virtud como los vicios; “somos protagonistas de un gran relato de final incierto”, asienta el toledano. Así como los seres humanos tenemos potencialidades que pueden desarrollarse por medio de una buena educación, también podemos traicionarnos y promover los vicios que históricamente han anulado al otro. Esto, interpreto, es un oportuno llamado a tener en México una educación de alta calidad. Sin ésta, los vicios pueden sobreponerse a las virtudes.

*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del INIDE (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx 
Originalmente publicado en Campus Milenio

17 de mayo de 2012

Peña Nieto en la Ibero: ¿Quién es el intolerante?

 Por Pedro Flores Crespo*

Al contrario de lo que ocurre en algunas universidades públicas en donde los “ángeles guardianes” no dejan ni siquiera entrar al Campus a los políticos contrarios a sus creencias, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México ha demostrado ser, a lo largo de su historia, un espacio plural y de tolerancia. Bajo este compromiso, se organizó el foro Buen ciudadano con el propósito de invitar a los cuatro aspirantes a la Presidencia de la República a que presenten su oferta política y a que respondan a los cuestionamientos formulados por la comunidad universitaria.
El pasado 11 de mayo visitó la Ibero Enrique Peña Nieto, candidato de la coalición Compromiso por México, la cual está formada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México. Desde las siete y media de la mañana constaté que los jóvenes ya hacían fila para entrar al auditorio en donde a las 10 de la mañana haría su aparición el puntero en las encuestas.
Peña llegó a la Ibero entre porras y abucheos. Ya en el auditorio, pronunció un discurso en donde repitió datos construidos a su conveniencia. Dijo, por ejemplo, que de cuatro años a la fecha, la pobreza se ha incrementado y que se “compromete” a erradicar la pobreza alimentaria en el país, cosa que llama mucho la atención pues durante su mandato como gobernador del Estado de México (2005-2011) el porcentaje de personas que no tuvieron acceso a la alimentación creció de 21.1 a 31.6 por ciento. Peña sigue empeñado no solo en construir una imagen bonita, sino que ahora también busca torcer la realidad por la forma en como presenta la información. ¿Hará lo mismo siendo Presidente?
Con relación a la educación del país, propuso aumentar las tasas de cobertura en el nivel medio superior y superior. Sobre este último punto, habló de “comprometerse” a llevar la cobertura universitaria a niveles de 45 por ciento “o más”. Elevar la tasa de cobertura en la educación superior es más difícil que hacerlo en el nivel básico y en esto, Peña Nieto tampoco entregó buenas cuentas. El rezago educativo en el Estado de México creció en términos absolutos de 2008 a 2010, es decir que las personas de 3 a 15 años que no cuentan con educación básica obligatoria y que no asisten a un centro de educación formal pasaron de 2,763,900 a 2,809,400. Pese a estos fracasos de la política social en el Estado de México, cuatro de cada diez encuestados siguen apoyando a Peña Nieto.
Acostumbrado a mítines controlados, Peña enfrentó un espacio diferente en la Ibero. Al término de su presentación en donde libremente expresó sus puntos de vista e intercambió opiniones con miembros de la comunidad universitaria, hubo fuertes manifestaciones de rechazo al candidato por su actuación en el caso de Atenco, por los asesinatos de mujeres en su entidad y por sus relaciones con políticos a quienes les persigue la sombra de la corrupción. Afuera y adentro del auditorio se podían leer cartelones con frases tales como “soy prole pero tengo consciencia”, “fuera el PRI” e imágenes con el rostro de Carlos Salinas de Gortari que decían “busco un títere para regresar”. Para contrarrestar el alboroto y fieles al guión, varias personas portaban cartelones rojos —todos iguales— de una red llamada Ectivismo que rezaban “contigo hasta los Pinos”.
Al salir del auditorio, la ficción televisiva fue remplazada por la inconformidad de los jóvenes que le gritaban fuertes y, a mi juicio, desproporcionados adjetivos al candidato priísta. Al salirse del script el acto de la Ibero, no tardaron en llegar las interpretaciones de los políticos priistas y sus aliados que los reflejan de pies a cabeza. Al subirse a su camioneta y ante la pregunta de una reportera de CNN sobre los hechos, Peña se enredó y dijo que las expresiones de rechazo “no son genuinas…todas (las expresiones)” y tratando de ser correcto, prosiguió y dijo: “al fin y al cabo se respeta el espacio libre de la universidad”. Arturo Escobar, vocero del Partido Verde minimizó la protesta usando el término que generalmente se le impone al joven que se inconforma “eran pseudoestudiantes”, dijo.
El que también sacó la casta fue Pedro Joaquín Coldwell, líder nacional del PRI, quien dijo que en los jóvenes hay “envenenamiento”, que fueron “intolerantes” y que “desperdiciaron totalmente” la oportunidad de hacerle preguntas al “puntero en la carrera presidencial”. Esto no es cierto. Los jóvenes escucharon civilizadamente a Peña Nieto — me consta—, le hicieron preguntas, escucharon sus respuestas y si éstas no los convencieron, sólo demostraron su derecho a rechazar la opción política que representa el PRI.
Querer controlar la realidad por medio de la imagen y la información es un rasgo de autoritarismo. Las universidades, en cambio, son espacios idóneos para la confrontación intelectual, para desmontar creencias y cuestionar los vicios de la política. Esto lo saben bien los priístas. No en balde Coldwell anunció que Peña podrá ya no ir a las universidades porque “estarán de vacaciones”. ¿Miedo a enfrentar la realidad y el cuestionamiento? Esto es también intolerancia. 


*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del INIDE (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx 
Originalmente publicado en Campus Milenio

16 de mayo de 2012

Revertir la desigualdad educativa, un paso decisivo para el desarrollo social

Marisol Silva Laya y Carlos Muñoz Izquierdo*

El presente artículo tiene como propósito hacer notar que el principal problema que enfrenta la educación básica en México es la profunda desigualdad en la distribución de las oportunidades educativas, que impide que las personas aprovechen este bien común para expandir sus capacidades, lo que se traduce en menores oportunidades para alcanzar mejores niveles de desarrollo social. De ahí que una política de Estado efectiva tendría que dirigir sus esfuerzos a resolver este grave problema que atenta contra grandes segmentos de la población mexicana.
Escrito por los doctores Marisol Silva Laya y  Carlos Muñoz Izquierdo, el artículo (pág. 40-55) forma parte del libro “Políticas de Educación, Ciencia, Tecnología y Competitividad: Análisis estratégico para el desarrollo” de la Colección de Análisis Estratégico para el Desarrollo (consultar en este enlace), cuyos objetivos son:
  • Conjuntar nuestros esfuerzos para formular desde una perspectiva universitaria un sistema integral de propuestas viables de políticas públicas capaces de superar el pobre y errático desempeño mostrado por la economía mexicana durante las últimas décadas, fortalecer la cohesión social de nuestra nación y abrir los cauces de un desarrollo sustentable, incluyente, equitativo y democrático.
  • Contribuir de manera organizada a la formación de la conciencia ciudadana sobre la apremiante necesidad de que nuestro país adopte una nueva estrategia de desarrollo. 
  • Contribuir a enriquecer el contenido y a elevar la calidad del debate sobre los grandes problemas nacionales durante los próximos procesos electorales de 2012. 

Para consultar el artículo (pág. 40-55): da clic en este enlace.

Para consultar la colección completa: da clic en este enlace.






* Marisol Silva Laya es doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), académica e investigadora titular del INIDE. E-Mail: marisol.silva@uia.mx. Carlos Muñoz Izquierdo es licenciado en Economía por el ITAM, doctor emérito de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México; es además, fundador del INIDE.

Continúa el debate sobre la secundaria

Pedro Flores Crespo*

A raíz de mi artículo anterior donde abordé el tema de la secundaria mexicana, recibí una serie de mensajes de algunos lectores que cuestionaban mis opiniones. Como atención a ellos, y con el ánimo de seguir la discusión pública sobre este nivel educativo, trataré de responder a sus críticas, así como de aclarar algunos puntos de vista.

Lo que preguntaba en mi entrega anterior era que si al haber extendido la trayectoria escolar obligatoria al bachillerato, valía la pena mantener la secundaria técnica (ST). Este cuestionamiento es pertinente por dos razones. La primera es porque esta opción de estudio, a pesar de que brinda a los jóvenes la posibilidad de seguir estudiando la educación media también puede incentivar a los jóvenes a truncar su trayectoria educativa al ser considerada también como un modelo “terminal”.
Segundo, la ST concentró, en 2008, altas proporciones de jóvenes en el nivel insuficiente en español y matemáticas (33.7 y 54 por ciento, respectivamente), lo que significa que estos jóvenes presentan “carencias importantes en el dominio curricular” que les impide avanzar satisfactoriamente en áreas de aprendizaje clave (INEE, 2009).
Quizás mi pregunta sobre si debemos seguir “manteniendo” a la ST pese a tal realidad, dio la impresión de que mi idea era acabar con esta opción de estudio. Sin embargo, mi posición fue clara: Había que “modernizar” la secundaria técnica del país y abrir un debate más amplio con información detallada de la problemática de la secundaria mexicana.
Un profesor de la ST me reprochó que no conocía la “realidad” de este nivel y que debería hacerlo para dejar de ser “crítico de sillón”. Para rebatir mi opinión, este lector utilizó el argumento que enfatiza el peso del contexto social sobre el funcionamiento de la escuela: “Como lo que rodea a la escuela es la pobreza, no juzguemos su funcionamiento tan severamente”. Este argumento tiene sentido cuando se sustenta en datos, pero en el caso de la ST no es así. Del total de secundarias técnicas en México, 81 por ciento se ubican en contextos urbanos y de este porcentaje, siete de cada diez escuelas están en contextos de baja marginación.
¿No será el modelo de formación de las ST lo que está restringiendo, en mayor grado, la capacidad de los jóvenes para aprender y desenvolverse libremente? No cerremos la discusión por argumentos basados en nuestro interés personal o de grupo, o incluso, por nuestro miedo a reconocer que todos podemos ser parte de las fallas de nuestras escuelas. Echarle la culpa de todo al contexto social puede utilizarse para tratar de evadir responsabilidades, ¿o usted por qué cree que los líderes y allegados del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación están ptrivilegiando este discurso?
Mi posición para comprender mejor cómo el contexto social condiciona las oportunidades de aprendizaje, de ninguna manera niega la existencia de las desigualdades que enfrentan millones de niñas, niños, jóvenes y adultos. Por esto mismo, defiendo la posición de debatir la problemática de la secundaria mexicana y en esto coincido plenamente con mis lectores.
Por último, y dentro de esta preocupación por los más pobres, quisiera remarcar que, aparte de sugerir que la modernización de la secundaria técnica es urgente, tendríamos que discutir mucho mejor cómo transformar las opciones educativas que atienden a una mayor proporción de estudiantes pobres. En este caso sobresalen las telesecundarias, que según el Panorama Educativo de México 2009, atienden primordialmente a jóvenes en contextos rurales o urbanos de alta marginación. 68 y 43 por ciento de las telesecundarias en contextos urbanos y rurales, respectivamente, están en zonas de alta marginación.
Entrar a discutir estos temas tiene como horizonte principal mejorar las oportunidades de aprendizaje de niños y jóvenes y no mantener el estatus quo por creencias e intereses personales o de grupo. De esto último México ya ha tenido suficiente.


*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del INIDE (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx 
Originalmente publicado en Campus Milenio

15 de mayo de 2012

¿Qué hacemos con la secundaria?


Pedro Flores Crespo*

Si algún nivel educativo debe transformarse radicalmente es la secundaria mexicana. Con la puesta en marcha de la obligatoriedad del bachillerato, la secundaria va a tener mayores presiones para dotar a los jóvenes de 12 a 14 años de conocimientos y habilidades que les permitan transitar a niveles superiores de estudio. El problema es que la secundaria no funciona como debería.
De acuerdo con el Panorama Educativo de México del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación Superior (INEE), en el ciclo escolar 2009-2010, 83 de cada 100 jóvenes entre 12 y 14 años ingresaron a la secundaria. Al ser este nivel obligatorio, deberíamos tener una tasa de cobertura de 100, no de 83 por ciento. ¿Qué pasa con los 17 jóvenes restantes que no están cursando el nivel? El INEE responde: O pueden estar cursando la primaria o fuera de la escuela. Pero esto es a nivel nacional, la realidad en algunas entidades federativas es muy diferente. Hay siete estados (Campeche, Chihuahua, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Yucatán) con tasas netas de cobertura entre 70 y 75 por ciento. ¿Cómo se logrará ahí la obligatoriedad del bachillerato cuando aún no se ha podido asegurar la obligatoriedad de la educación básica?
El INEE reporta que en el ciclo escolar 2009-2010, había 6,127,900 jóvenes estudiando la secundaria, los cuales fueron atendidos por 374,363 profesores en más de 35 mil escuelas. Como se sabe, la secundaria se oferta en seis tipos de escuelas: (1) general, (2) técnica, (3) telesecundaria, (4) comunitaria, (5) para trabajadores y (6) privada. ¿Todos funcionan bien? Según datos de los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativo (Excale), de 2005 a 2008, ha aumentado la proporción de jóvenes que se ubican en el nivel insuficiente en español y matemáticas (ver tabla). Esto indica que hay más jóvenes que presentan “carencias importantes en el dominio curricular”, lo que les impide progresar satisfactoriamente en la asignatura (INEE).
Lo más alarmante de esta situación es que las mayores proporciones de jóvenes con nivel insuficiente se ubican en la opción técnica y telesecundaria (ver tabla). Estas dos opciones concentran casi a la mitad de la matrícula del régimen de sostenimiento público. Casi tres millones de jóvenes estudian en secundarias técnicas y telesecundarias. ¿Con base en este tipo de escuelas podremos aspirar a tener una educación secundaria de vanguardia que sirva para hacerle frente a los retos de la sociedad actual? Al ser ya el bachillerato obligatorio y al haber opciones tecnológicas en este nivel, ¿debemos seguir manteniendo la secundaria técnica?
Modernizar la secundaria técnica del país y reflexionar si las opciones abiertas y a distancia son la mejor alternativa para ampliar la matrícula con calidad son dos puntos centrales de debate. La Secretaría de Educación Pública (SEP), y en específico, la Subsecretaría de Educación Básica (SEB) ha puesto en marcha distintas iniciativas para tratar de revertir la grave situación en la que se encuentra la secundaria mexicana. Por ejemplo, se diseñó y echó a andar el Programa para el Mejoramiento de Logro Escolar (PEMLE), se formaron grupos académicos nacionales, internacionales e interinstitucionales para discutir las acciones que podrían contribuir al fortalecimiento de la educación secundaria. De hecho, precisamente con esta temática se realizó la semana pasada un congreso internacional en la Ciudad de México con la participación de docentes y funcionarios de todos los estados de la República.
La preocupación de la SEP por mejorar la calidad de la secundaria podría escalar a la sociedad en general si se crearan más espacios de discusión pública sobre el estado que guarda este nivel, se ofreciera información detallada de las consecuencias de retardar el cambio en la secundaria y se persuadiera a los diversos actores políticos y sociales para que se sumen a una verdadera reforma de este nivel. La coyuntura política es óptima.
¿Qué opinan los candidatos presidenciales – y sus posibles secretarios de estado - sobre la problemática de la secundaria mexicana y qué proponen para que los jóvenes de 12 a 14 años amplíen sus oportunidades de adquirir conocimientos, habilidades y destrezas para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo? ¿Qué posición ahora asumen los intelectuales que en 2004 se opusieron a la reforma de la secundaria bajo el argumento de que “perderíamos identidad” si no se enseñaba la vida de los aztecas en las asignaturas de Historia? ¿Los medios de comunicación escritos y electrónicos serán capaces de demostrar su compromiso con los jóvenes generando debates sobre la educación secundaria y mostrando la pluralidad de posiciones al respecto? ¿Están los expertos listos para argumentar y tratar así de vencer las visiones sobre ideologizadas en torno a la educación del país?
La responsabilidad es de todos. Abordemos con inteligencia el debate sobre la secundaria mexicana y no permanezcamos indiferentes a la mala calidad que impera en este nivel educativo. Se trata de los jóvenes del país.

E s p a ñ o l
Tipo
2005
2008
General
29.7
34.7
Técnica
31.1
33.7
Telesecundaria
51.1
50.1
Privada
8.1
11.9

Nacional

32.7

35.9
M a t e m á t i c a s
Tipo
2005
2008
General
50.5
50.5
Técnica
52.0
54.0
Telesecundaria
62.1
62.1
Privada
23.7
24.5

Nacional

51.1

51.9
Fuente: Panorama Educativo de México, INEE, México, 2009. 

*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del INIDE (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx 

Originalmente publicado en Campus Milenio


2 de mayo de 2012

Elección 2012. Educación: Sylvia Schmelkes

MX360° preguntó a expertos educativos cuáles son las acciones prioritarias que el próximo presidente de México deberá llevar a cabo para mejorar la calidad de la educación en México. En el caso de Sylvia Schmelkes (investigadora y directora del INIDE/UIA) estas fueron sus respuestas.



*Derechos Reservados. Originalmente publicado en MX360°