16 de mayo de 2012

Continúa el debate sobre la secundaria

Pedro Flores Crespo*

A raíz de mi artículo anterior donde abordé el tema de la secundaria mexicana, recibí una serie de mensajes de algunos lectores que cuestionaban mis opiniones. Como atención a ellos, y con el ánimo de seguir la discusión pública sobre este nivel educativo, trataré de responder a sus críticas, así como de aclarar algunos puntos de vista.

Lo que preguntaba en mi entrega anterior era que si al haber extendido la trayectoria escolar obligatoria al bachillerato, valía la pena mantener la secundaria técnica (ST). Este cuestionamiento es pertinente por dos razones. La primera es porque esta opción de estudio, a pesar de que brinda a los jóvenes la posibilidad de seguir estudiando la educación media también puede incentivar a los jóvenes a truncar su trayectoria educativa al ser considerada también como un modelo “terminal”.
Segundo, la ST concentró, en 2008, altas proporciones de jóvenes en el nivel insuficiente en español y matemáticas (33.7 y 54 por ciento, respectivamente), lo que significa que estos jóvenes presentan “carencias importantes en el dominio curricular” que les impide avanzar satisfactoriamente en áreas de aprendizaje clave (INEE, 2009).
Quizás mi pregunta sobre si debemos seguir “manteniendo” a la ST pese a tal realidad, dio la impresión de que mi idea era acabar con esta opción de estudio. Sin embargo, mi posición fue clara: Había que “modernizar” la secundaria técnica del país y abrir un debate más amplio con información detallada de la problemática de la secundaria mexicana.
Un profesor de la ST me reprochó que no conocía la “realidad” de este nivel y que debería hacerlo para dejar de ser “crítico de sillón”. Para rebatir mi opinión, este lector utilizó el argumento que enfatiza el peso del contexto social sobre el funcionamiento de la escuela: “Como lo que rodea a la escuela es la pobreza, no juzguemos su funcionamiento tan severamente”. Este argumento tiene sentido cuando se sustenta en datos, pero en el caso de la ST no es así. Del total de secundarias técnicas en México, 81 por ciento se ubican en contextos urbanos y de este porcentaje, siete de cada diez escuelas están en contextos de baja marginación.
¿No será el modelo de formación de las ST lo que está restringiendo, en mayor grado, la capacidad de los jóvenes para aprender y desenvolverse libremente? No cerremos la discusión por argumentos basados en nuestro interés personal o de grupo, o incluso, por nuestro miedo a reconocer que todos podemos ser parte de las fallas de nuestras escuelas. Echarle la culpa de todo al contexto social puede utilizarse para tratar de evadir responsabilidades, ¿o usted por qué cree que los líderes y allegados del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación están ptrivilegiando este discurso?
Mi posición para comprender mejor cómo el contexto social condiciona las oportunidades de aprendizaje, de ninguna manera niega la existencia de las desigualdades que enfrentan millones de niñas, niños, jóvenes y adultos. Por esto mismo, defiendo la posición de debatir la problemática de la secundaria mexicana y en esto coincido plenamente con mis lectores.
Por último, y dentro de esta preocupación por los más pobres, quisiera remarcar que, aparte de sugerir que la modernización de la secundaria técnica es urgente, tendríamos que discutir mucho mejor cómo transformar las opciones educativas que atienden a una mayor proporción de estudiantes pobres. En este caso sobresalen las telesecundarias, que según el Panorama Educativo de México 2009, atienden primordialmente a jóvenes en contextos rurales o urbanos de alta marginación. 68 y 43 por ciento de las telesecundarias en contextos urbanos y rurales, respectivamente, están en zonas de alta marginación.
Entrar a discutir estos temas tiene como horizonte principal mejorar las oportunidades de aprendizaje de niños y jóvenes y no mantener el estatus quo por creencias e intereses personales o de grupo. De esto último México ya ha tenido suficiente.


*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del INIDE (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx 
Originalmente publicado en Campus Milenio

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