31 de mayo de 2012

#Yosoy132: Entre la ilusión y la realidad

Por Pedro Flores-Crespo y Luis Gregorio Sosa Grajales*
Escribimos a partir del entusiasmo que nos causó la marcha #Yosoy132, la cual se realizó el pasado 23 de mayo en donde miles de jóvenes marcharon de la Estela de Luz —ya rebautizada por el ingenio popular como la “suavicrema”— al Zócalo capitalino, con escala en Televisa Chapultepec.
La movilización juvenil está despertando esperanzas de cambio, reflexiones sobre nuestra débil democracia, temores y alguna que otra nostalgia. ¿Estamos presenciando el inicio de un nuevo ciclo democrático en México? ¿Perdurará el esfuerzo juvenil cuando entre en contacto con otros movimientos políticos o serán éstos, los que anulen la Primavera Mexicana? Aún es pronto para responder a estas preguntas, sin embargo, quisiéramos resaltar cinco puntos para contribuir a la discusión sobre la actitud juvenil de estos momentos.
¿Apartidismo o antipeñismo?
Durante su presentación en el programa Tercer Grado, Enrique Peña Nieto (EPN) afirmó que en la marcha de ese día hubo de todo. Marchistas en contra de “su servidor”, apartidistas y jóvenes pugnando por el derecho a la información y la transparencia. Los medios electrónicos de Televisa hicieron eco a lo dicho por el candidato priísta y presentaron en sus programas a oradores que decían que no “apoyaban o rechazaban” a un determinado candidato a la presidencia de la república. Sin embargo, al estar ahí, era claro que la marcha era antipeñista; se dejaba ver en las pancartas, las consignas y el clamor generalizado de los participantes. El discurso contra EPN rebasó por mucho la idea inicial de que la movilización navegaría con la bandera del apartidismo.
Y no podía ser de otra manera: el punto de ignición de esta marcha fue la visita de Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana. Aquí fue donde, después de hablar de sus propuestas y de sus particulares formas de gobernar, los estudiantes rechazaron la opción política que él y su partido representan. Ahora, repentinamente, el discurso contra el candidato del PRI parece incomodar a algunos manifestantes. Quizás esto tenga explicación por la cobertura mediática que ha tachado, erróneamente, a los universitarios antipeñistas como porros, manipulados y revoltosos.
Cambiar el discurso para tratar de ser políticamente correcto le podría restar legitimidad al movimiento estudiantil, quitar seguidores y lo más grave, complicaría la creación de una coalición mayoritaria que busque impedir el regreso del viejo régimen. ¿O acaso muchos de los marchantes seguirían asistiendo a manifestaciones que no fueran contra Peña Nieto? Por favor, “no se hagan bolas”, las marchas son claramente antipeñistas.
¿Quién catalizará el antipeñismo?
Una vez que los jóvenes rechazan a un candidato presidencial, que además es el puntero en las encuestas, tendrán que definir a quién elegir en su lugar. Si no quieren que regrese el PRI, como claramente lo manifestaron en la marcha, ¿a quién le darán su voto? Lo más lógico, a nuestro juicio, sería votar por el candidato o candidata que esté más cerca de Peña Nieto para poder restarle votos. Ahora, en caso de que ningún candidato los convenza, podrán anular su voto. Esto último es altamente posible. ¿Cómo podemos esperar que los estudiantes elijan a una élite política que no honra su palabra y que confíen de la noche a la mañana en ellos? Más aún, ¿cómo esperar que toda una generación de votantes apoye a candidatos que constantemente los subestiman? Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo, declaró que le “sorprendía” la reacción de los universitarios con lo que dejó ver el poco valor que le otorga a la capacidad de la juventud para actuar y movilizarse. No todos somos Juanito.
Y si Peña gana, ¿qué sigue?
El escenario más probable es que Peña Nieto gane la elección presidencial. No es nuestro deseo, pero eso indican todas las mediciones de intención de voto. ¿Qué harán los jóvenes entonces? Algo preocupante en la marcha era escuchar consignas tales como “si hay imposición, habrá revolución”. Nuestra pregunta es, siguiendo a Alan Moore, ¿hasta dónde llega una revolución? Si la revolución a la que los jóvenes inconformes hacen referencia significa mutar de piel para florecer como ciudadanos críticos ante el actuar de cualquier gobierno, algo habremos ganado. Esta construcción ciudadana implicaría una vigilancia puntual y objetiva del desempeño del gobierno en turno.
Sin embargo, si la “revolución”, por otro lado, implica violencia, vandalismo, cierre de avenidas, lloriqueos, gritos, delirio y construcción de teorías complotistas, que tanto fascinan al mexicano y algunos medios de comunicación de izquierda, entonces los jóvenes y todos, habremos perdido. Siempre es más fácil destruir los trenes que hacerlos llegar a tiempo. Nuestra débil democracia está en peligro tanto por la llegada del PRI como por la irresponsabilidad de algunos grupos de la sociedad que, como bien afirma Jorge G. Castañeda, no saben distinguir entre una afirmación de hechos, entre una encuesta y un anhelo, entre un gobierno y una televisora o entre un lugar y un momento.
¿Exclusividad de propósitos?
Si la mayoría de los marchistas son jóvenes y antipeñistas, ¿cómo darle espacio a otras voces inconformes? Una marchista comentó que “le cagó ver a [Javier] Sicilia”, el poeta que lidera el Movimiento por la Paz con Dignidad y Justicia. ¿Es el movimiento de estudiantes exclusivo? ¿Acaso no podrán unírseles desempleados, los padres de los niños de la guardería ABC de Sonora, los padres de los hijos desaparecidos en la lucha anticrimen, intelectuales, disidentes, académicos, empresarios, maestras, líderes sociales y amas de casa? Si en verdad se desea promover un movimiento social que detenga el retorno del viejo régimen, los jóvenes tendrán que formar redes de apoyo con otros actores políticos y sociales. Definir el perfil del movimiento para hacerlo incluyente —o exclusivo— puede marcar el futuro de éste. Los jóvenes, por consiguiente, tendrán que tomar esta decisión en el corto plazo. Confiamos en ellos.
¡Peña y el PRI acabaron con las clases sociales!
Este irónico comentario es para decir que la marcha se caracterizó por la diversidad cultural y social. ¿Cuándo fue la última vez que Usted vio a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional o de la Universidad La Salle coreando un goya? ¿O cuántas veces ha visto a jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) gritando, junto a sus pares de la Ibero, “la verdad nos hará libres”? En la marcha se podía ver que al lado de la joven con rastas y tambor, se hallaba el universitario bien vestido, con su suéter de marca en los hombros. Detrás de ellos compartía la misma manta un joven con su novio y pronto se les unió una mujer de mediana edad, con un letrero que decía “aquí vienen mis estudiantes, ahora si estoy orgullosa de ellos”. El antipeñismo y antipriísmo unió bajo una misma idea: no al autoritarismo y “el que no brinque es Peña”.
Aparte de la consciencia política —que fomenta y posibilita la democracia—, el orgullo de algunos marchistas también creció. Al paso del contingente de jóvenes, la gente común les aplaudía y les expresaba su admiración desde las ventanas de los edificios, desde el autobús de transporte público y el carro particular. Algunos ya ni se molestaban de que el tráfico era lento, “ojala esos jóvenes logren lo que se proponen”, comentó una automovilista. En el Paseo de la Reforma, se evidenció también el desfase generacional por medio de una cartulina de un hombre mayor que decía: “Los jóvenes están haciendo la tarea que los adultos no hicimos por cobardía y valemadrismo”. Algunos comensales de restaurantes salían también a vitorear a los manifestantes y al terminar la manifestación, aquellos que nos trasladamos en Metro fuimos recibidos con aplausos.
Sin proponérselo, el PRI, con sus añejas prácticas y el rostro de su candidato, unió a la gente con una sola meta: Que no se restaure el viejo régimen. Evitarlo requiere actuar con sentido de realidad; aún no somos los suficientes para detener la regresión pero tenemos 30 días para intentarlo por todos los medios legítimos y legales que nos brinda nuestra democracia.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx.  Luis Gregorio Sosa Grajales es maestrante en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) y colaborador desde hace tres años del INIDE de la Ibero. luis.sosa@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio.

2 comentarios :

  1. Me inspiré y comenté,pero creo que no te llego, ni modo lo resumo, es justo que los chicos se manifiesten, no entiendo su movimiento; pero bueno esa es la ventaja de estar en un país como México, todos podemos manifestarnos y hacer las cosas sin que haya represalia. Todo esto se encamina a, yo apoyaría a los del movimiento #yosoy132, siempre y cuando fueran coherentes con su "apartidismo". Una sugerencia para manifestarse sería exigir cuentas a los que tenemos actualmente gobernándonos "las cuentas claras y el chocolate espeso" para que sus sucesores vean que el pueblo joven realmente está despierto y va a estar cuestionando sus movimientos todo el tiempo.

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  2. Es un gusto y placer leer lo que escribe.
    Recordemos que una moneda tiene dos caras y los movimientos de los jóvenes siempre han sido llamativos y diversos, me atrevo a llamarlos nuestros jóvenes porque son el presente que se ha construido desde que iniciaron su educación que en casa.
    Ellos son los universitarios que tienen ideas frescas, la inocencia a flor de piel y la sed de cambiar o aportar algo al país, son lo que fuimos, esa edad nos hace valientes, pero faltan los que no están en este movimiento, no los hemos escuchado y sería muy bueno saber qué opinan de la democracia y cómo viven su ciudadanía.
    Nos negamos a volver a vivir en el pasado pero ¿Cuándo hemos vivido en el presente? ¿Cómo nos tiene este régimen democrático con 12 años en el poder? La justicia no ha llegado, atreverse, es decir, todo a todos, Freire en una de sus máximas dijo enseñemos todo a todos. Considero es algo que debemos pensar y hacer.
    El movimiento yo soy el 132 muestra una parte de lo que el pueblo piensa y es un movimiento interesante, que invita a la tolerancia, al libre pensamiento, a externar quejas, y a mostrar a los estudiantes como seres iguales, porque para mi las marcas de ropa o estilos de vestir, no importan, da lo mismo, acaso no fueron enseñados por los mismos maestros y doctores que dan las mismas clases en las instituciones de educación superior públicas o privadas.
    Ricos y pobres unidos, eso es lo que se pretende en una democracia, no es acaso el pueblo el que decide y también se dice que hay igualdad en nuestro país, ¡nuestro voto es un tema de igualdad!
    De verdad invito a los jóvenes a no anular su voto, pero si a pensar ¿a quien si quieren para que nos gobierne? A seguir siendo críticos, actuemos y exijamos cuentas a nuestros gobernantes.

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