28 de junio de 2012

Los jóvenes y la política: El Movimiento #YoSoy132

Por Pedro Flores Crespo y Luis Gregorio Sosa Grajales*

En esta ocasión, Observatorio Ciudadano de Educación pone a discusión un tema que ha ocupado los medios de comunicación en los dos últimos meses y que nos ha hecho reflexionar sobre el futuro de nuestra democracia: El papel de los jóvenes en la política y el surgimiento del movimiento #YoSoy132.
La movilización de los jóvenes, la mayoría de ellos estudiantes universitarios, le imprimió un tono muy distinto a un proceso electoral poco atractivo y que parecía definido de antemano. Los jóvenes capitalinos y de otras ciudades de la República se encargaron de poner en entredicho el papel de los medios de comunicación masiva en las elecciones, la forma de gobernar de algunos políticos y la necesidad de que los ciudadanos contemos con información transparente y objetiva. No pocos comunicadores, políticos, académicos, intelectuales y medios han reconocido la labor de los jóvenes y por ello, es necesario conocer más de este grupo de la población mexicana.

Identidad juvenil en formación

Corrientes del pensamiento contemporáneo como la contracultura y el posmodernismo han sugerido caracterizaciones y caricaturizaciones de los jóvenes que deben ser revisadas. Mientras los contraculturales ven a los jóvenes como los transgresores sociales por excelencia (los rebeldes inconformes del estatus quo, que representa la hegemonía adultocéntrica), los posmodernos los describen como entes pasivo-estatistas, sublimados y cuasi-hipnotizados por la asfixiante presencia de tecnología en sus vidas. Ambas concepciones han propiciado que en el imaginario actual se aplique ampliamente la idea del joven como el rebelde o el zombie, y casi nunca la del ciudadano del mundo con ideas y capacidades producto de la reflexión y la crítica (Heath y Potter, 2004; Lipovetsky, 2006).
Las visiones contraculturales y posmodernas parecen empezar a ser cuestionadas a partir de las movilizaciones políticas que los jóvenes universitarios están conduciendo no sólo en México, sino en distintas partes del mundo. Surgidas de la red mundial Internet, diversas demostraciones de rechazo y protesta han hablado en contra de la desigualdad, de las asimetrías de poder y privilegios de unos cuantos para refrescar el discurso sobre la democracia, identidad y desarrollo (Sosa, 2012). Ahí tenemos a la Primavera del Jazmín, los movimientos Occupy, las protestas estudiantiles sudamericanas, los indignados españoles y ahora en México, el movimiento #YoSoy132 que se ha encargado de manifestarse en contra de la monopolización de los medios, de la corrupción, del actuar de los políticos y de la falta de una democracia participativa.

El México del joven #YoSoy132
Un joven que participa en el movimiento #Yo Soy132 no vivió la época en que el presidente de la república era el “señor todopoderoso”, pero quizás sí recuerda imágenes de los asesinatos de políticos priístas, el alzamiento zapatista y las consecuencias de la terrible crisis económica de 1994. Ese joven rondaba los 10 años cuando escuchó que México iba a ser plenamente democrático porque el PRI estaba fuera de Los Pinos y que llegaba el “gobierno del cambio” encabezado por un político no tradicional: Vicente Fox Quesada.
A los quince años, ese joven seguramente presenció la polarización social y política que causaron los principales actores políticos en la campaña presidencial de 2006 y luego escuchó la palabra “fraude”, la cual ha sido utilizada recurrentemente en la historia política y electoral de México. Su sorpresa quizás fue mayor cuando por televisión vio que todos se declararon vencedores de la contienda electoral, aunque sólo uno pudo ceñirse la banda presidencial entre empujones y jalones de los legisladores.
El joven del movimiento #Yo Soy132 ha vivido este sexenio entre las noticias de las crisis económica mundial, el desempleo, los ninis, las impactantes imágenes de los “operativos” militares, las “daños colaterales” y la creciente intromisión de los medios de comunicación masiva en la arena política. Este escenario es terreno fértil para el surgimiento de movimientos de protesta y acción política. #YoSoy132 representa justamente una de esas expresiones que no están de acuerdo con las condiciones de vida que ellos y la población en general tienen. Así que los jóvenes, mucho de ellos universitarios, decidieron organizarse para protestar, en primer lugar, por el estado de cosas y en segundo, para tratar de delinear caminos de solución a los problemas que nos aquejan a los ciudadanos.
Los jóvenes como actores (pero no de telenovela)
En medio de una campaña presidencial poco atractiva, irrumpió en la Ciudad de México un movimiento de estudiantes universitarios que demandaba que no se les tachara de “intolerantes” y “manipulados” cuando, ejerciendo su derecho, rechazaron las propuestas de Enrique Peña Nieto, candidato de la Coalición  Compromiso por México la cual está formada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Como se recordará, Peña visitó el viernes 11 de mayo de 2012 la Universidad Iberoamericana (Ibero) para participar en el foro Buen Ciudadano Ibero.

Recibido en medio de protestas tanto dentro como fuera de la universidad, la presencia del candidato del PRI aquel día en la Ibero distó mucho de los escenarios a los que este estaba acostumbrado: zonas de confort político distantes de la crítica reflexiva que impera en algunos espacios universitarios. ¿Por qué asumir que el ambiente de una universidad puede ser controlado en función de la imagen de un candidato a la presidencia de la república? La protesta nace justamente en ese microcosmos, el cual se vio invadido por personas externas a la Ibero que repartían propaganda priísta y que en muchos casos, según se sabe, ofrecieron dinero a los universitarios para “no hacer preguntas críticas al candidato”. ¿Debe aceptar calladamente un joven universitario este intento de soborno? Intentos como éste fueron lógicamente, descomponiendo el guion de la visita de Peña Nieto en la Ibero.
Después llegaron los choques de jóvenes con personal de seguridad del candidato, que les retiraba sus pancartas de protesta o los quería silenciar. El punto máximo de la protesta ocurrió cuando Peña Nieto asumió la responsabilidad por uno de los actos más violentos de su gobierno en el Estado de México: El caso de Atenco, el cual aún está recibe quejas de demandas por vejaciones a mujeres y violaciones a los derechos humanos.
A su salida del auditorio, Peña Nieto fue fuertemente cuestionado por los jóvenes y por miembros de la comunidad universitaria y ahí acabó el sueño de que la campaña sería tersa y el triunfo fácil. En ese momento, fueron evidentes dos formas de comunicación. Por un lado, el periódico El Sol de México tituló la nota de esta manera: “Éxito de Peña Nieto en la Ibero pese a intento orquestado de boicot" y La Prensa, más animosa declaró, ¡Supera Boicot!; por otro, en las redes sociales (Twitter y Facebook sobre todo), los jóvenes ofrecían versiones distintas a los medios de comunicación tradicionalmente unidos al PRI.

Pero el uso de los medios alineados con la cultura priísta se aderezó con expresiones como la de Pedro Joaquín Coldwell, líder nacional del PRI, quien minimizó y satanizó de inmediato las manifestaciones diciendo que sólo era “un puñado de jóvenes que no son representativos de la comunidad de la Ibero” y que se “asumió una actitud de intolerancia respecto a los planteamientos que hacía nuestro candidato”. Ante ello, el 14 de mayo se difundió en YouTube un video en que 131 jóvenes que habían participado en los eventos del viernes 11 se identificaron como estudiantes de la Universidad Iberoamericana, y con credencial en mano, respondieron a los “políticos y medios de comunicación de dudosa neutralidad”. El boom en las redes sociales fue inmediato, y la dimensión brutal: en videos y tweets comenzó a utilizar la consigna “Yo soy 132[1] para demostrar apoyo y solidaridad hacia los estudiantes de la Ibero, quienes como grupo se constituyeron en un colectivo al que más tarde llamarían Más de 131.

Pluriclasismo y objetivo principal
Al colectivo Más de 131 le siguieron más estudiantes de universidades como el Tec de Monterrey, Anáhuac, ITAM, UNAM, IPN y UAM, el Colegio de México, Instituto Mora, Ciesas. Así el viernes 18 de mayo se convocó a realizar una protesta de las instalaciones de la Ibero a Televisa Santa Fe y del ITAM a Televisa San Ángel, ambas en la ciudad de México. El reclamo principal de estos jóvenes de origen social y económico diverso, era avanzar en transparencia informativa, así como demandar que el debate entre los candidatos fuera transmitido en cadena nacional. Con estas demandas circulando por todos los medios, el 19 de mayo se organizó la primera marcha contra el candidato Enrique Peña Nieto, la cual pese a tener una convocatoria socialmente abierta, fue encabezada en su mayoría por los jóvenes.
El éxito de estas manifestaciones, la cobertura mediática que logró, el fortalecimiento y unión entre grupos estudiantiles de la capital y de diversos estados de la república, dieron pie a que se comenzara a hablar de una Primavera Mexicana (en alusión a la Primavera Árabe o Primavera del Jazmín que tuvo lugar en 2011 en los países de medio oriente y norte de África). Con la sensación de que las protestas estaban abriendo espacios de reflexión y discusión, los jóvenes empezaron a corroborar la importancia del actuar ciudadano y vino otra marcha más, ahora el 23 de mayo. Ésta tuvo como punto de origen la Estela de Luz y se dirigió hacia el Ángel de la Independencia y las instalaciones de Televisa Chapultepec para terminar en el Zócalo. Desde ahí se lanzó el pliego petitorio del movimiento, que incluía uno de los principales objetivos: la democratización de los medios, sobre todo en la televisión nacional.
Una semana después, el pliego petitorio se extendió gracias a la realización de la primera Asamblea 132, que estuvo integrada por 15 mesas temáticas y que tuvo lugar en Ciudad Universitaria. En este lugar, el movimiento fijó su postura ideológica y política. Los jóvenes se piensan herederos de las crisis económicas, de los fraudes electorales, de las luchas estudiantiles de 1968 y 1971, de las represiones durante la guerra sucia de los años 70, así como de las matanzas de Acteal y de las protestas de Atenco y Oaxaca. Sin darle mayores vueltas al asunto, #YoSoy132 se declaró estar en contra de la reinstauración del viejo régimen, cuya cara actual es el candidato priista, Enrique Peña Nieto: "No es odio ni intolerancia contra su nombre”, se dijo “sino hartazgo e indignación ante lo que éste representa".

Logros y retos: Una llamada para profundizar la democracia
A nuestro juicio, este movimiento juvenil inaugura avenidas de cambio al hacer aparecer nuevos sujetos en las protestas (estudiantes de universidades privadas), nuevos contrincantes (poderes fácticos como los medios masivos), nuevos espacios de protesta (las calles del afluente barrio de Santa Fe y Ciudad Nezahualcóyotl) y nuevos medios de protesta como las TIC y los mensajes masivos por estos medios secundarios.
El movimiento #YoSoy132 ha tenido, además, al menos cuatro logros específicos. Primero, haber logrado que Televisa y TV Azteca, las empresas televisivas cuestionadas por los jóvenes, hayan transmitido por sus canales de alta audiencia el segundo debate entre los candidatos presidenciales. Segundo, hacer que Enrique Peña Nieto hiciera mayor énfasis en su compromiso por no utilizar formas de gobierno autoritarias ante la disidencia. Tercero, haber logrado que el Instituto Federal Electoral ampliara el tiempo para registrarse como observador de casilla y cuarto, haber organizado un debate entre los candidatos presidenciales con un formato más ágil que los realizados por las instancias oficiales. A este último debate, no acudió Peña Nieto alegando que no veía condiciones de imparcialidad.
Pese a los logros, quedan enfrente muchos retos. El más evidente será encajar con otros movimientos políticos que sean contrarios al PRI como el lopezobredorismo o el panismo. En ello, hay riesgos y ventajas. Otro reto será enfrentar la radicalización de algunos miembros y soportar el asambleísmo, que es típico de cualquier movimiento social. Rebasar estas prácticas va a delinear los contornos de un movimiento que parece distinto a lo que hemos visto comúnmente en las universidades mexicanas. Éste es un movimiento que busca interpelar al próximo presidente de la república, no sólo a la autoridad universitaria.

Mientras el cambio hacia dentro del movimiento ocurre, hay graves riesgos afuera. La represión y hostigamiento a los jóvenes va en aumento. Tras las protestas contra el candidato priista en los estados de Coahuila y Veracruz hubo represión por presuntos miembros del PRI estatal. En Guanajuato, Zacatecas y Morelos también fueron golpeados jóvenes por los equipos de campaña de algunos alcaldes priistas (Reforma, 24/06/12 nota de Jorge Escalante y Héctor González). Las amenazas y denuncias contra miembros del #YoSoy132 y sobre todo, contra el colectivo de la Ibero son recurrentes. A este clima de hostigamiento - que busca coartar libertades política irrenunciables -, se agregó la agresión física por parte de simpatizantes de Enrique Peña Nieto (trasladados en más de 300 microbuses desde el Estado de México) contra miembros del movimiento #Yo Soy132 que desplegaron una manta en forma de playera con el lema “México #132” dentro del estadio Azteca.
Ser hostigado por manifestarse libre y abiertamente es un riesgo que un país como México ya no debería ocurrir. Por ello, el movimiento #YoSoy132, aparte del entusiasmo que despertó y las lecciones que ofrece, también es útil para señalar la imperiosa necesidad de profundizar la democracia mexicana a través de la consolidación de sus principios básicos como la libertad de expresión y la crítica pública y abierta.
Al momento de escribir estas líneas, #YoSoy132 se encuentra realizando asambleas para fijar una postura y delinear una agenda de cara a la elección del 1 de Julio y al eventual resultado de la misma. En la Asamblea del 26 de junio, se determinó realizar una marcha que partirá del Monumento del Coyote al palacio municipal de Nezahuacóyotl, una movilización nacional para el 30 de junio, que se realizará simultáneamente en la capital del país y en diversos estados de la república. Esta marcha, según La Jornada, se mantendrá como un “acto apartidista, pacífico y respetuoso de la ley” (nota de Laura Poy, 27/06/12). También se reporta que el 6,7 y 8 de julio habrá un encuentro nacional de estudiantes en el estado de Morelos.
Pareciera que los jóvenes están pensando en una agenda política amplía e inclusiva que vigile de manera puntual y objetiva al gobierno en turno. De realizarlo, los jóvenes mexicanos estarían dando una lección de inteligencia y democracia. Con su acción y sensatez podrían borrar la caricatura del muchacho revoltoso contracultural que prefiere salirse del sistema para formar su propio universo de placer y de confort. Al igual que los indignados españoles, parece que los jóvenes del #YoSoy132 no pretenden derrumbar “el sistema”, sino transformar uno que aún con sus terribles deficiencias, les otorga la libertad de manifestarse y protestar. ¿Qué rumbo tomará el movimiento en el futuro? Sería apresurado decirlo. Ya ve Usted que aquellas teorías que concebían a los jóvenes como apolíticos y conformistas fracasaron ante la realidad de México.

[1] De ahí el origen del término #YoSoy132, que no es sino un hashtag que se utilizó en Twitter con este propósito.


Referencias
Heath, J. y Potter, A. (2004) The Rebel Sell: Why the culture can´t be jammed. Capstone: Londres.
Lipovetsky, G. (2006). Lo sociedad de la decepción. Anagrama: España.
Sosa. L. G. (2012). “Balcanizando la red: el riesgo de las nuevas leyes internet”, Revista Ibero, no. 18, pp. 24-25, febrero-marzo, México.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). Email: pedro.flores@uia.mx.  Luis Gregorio Sosa Grajales es maestrante en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) y colaborador desde hace tres años del INIDE de la Ibero. Email: luis.sosa@uia.mx Originalmente publicado en Observatorio Ciudadano de la Educación (27 de Junio de 2012)

La autoridad académica no existe

Por Pedro Flores-Crespo*
A los jóvenes que dieron origen al movimiento #YoSoy132
En su libro Sin fines de lucro: Por qué la democracia necesita de las humanidades, Martha Nussbaum afirma que las personas que no tienen la capacidad para cuestionarse a sí mismos son fácilmente influenciables. Recuerda que en la Grecia antigua los demagogos podían ejercer una poderosa influencia sobre los atenienses utilizando una buena retórica pero malos argumentos. La gente escuchaba vehementemente al personaje sin meditar lo que decía. La fama o prestigio del orador contaba más que la calidad del argumento. Esto, para la educación de tipo socrática, es inaceptable.
Según Nussbaum, la indagación de tipo socrática es profundamente no autoritaria (unauthoritarian), por lo tanto, el prestigio del orador no cuenta; sólo la naturaleza del argumento; así que aquellos profesores de filosofía que se creen “autoridades” traicionan el legado de Sócrates. Asumirse como “autoridad”, prosigue Nussbaum, sirve para subestimar a los otros olvidando que todos somos iguales ante el argumento.
La educación mexicana está lejos de incorporar la perspectiva socrática y la pregunta es si tal omisión obedece - como varios historiadores han observado - al interés de los regímenes revolucionarios por mantenerse en el poder convirtiendo a la escuela pública en centro ceremonial. En la escuela o universidad mexicana, la figura del maestro y del héroe nacional son incuestionables, el dirigente sindical debe ser recibido de pie y con aplausos de los maestros, al rector debe alabársele todo pues es el “jefe nato” y al académico no se le puede cuestionar feroz y públicamente porque automáticamente tomará las cosas a pecho y de manera personal. Si alguno rechaza practicar tales ritos, lo pagará caro. No becas, no plaza, nada de invitaciones, premios o reconocimientos.
Me atrevo a decir que aquellos que poseemos una genuina vocación por la enseñanza y el aprendizaje tendríamos que rechazar tajantemente la idea de eso que algunos llaman “autoridad académica”. Así podríamos sentirnos más ligeros para desarrollar nuestro trabajo con dedicación y experimentar la “libertad absoluta”. ¿Y esto qué es? Sergio Pitol, en su Autobiografía Soterrada, concibe la libertad absoluta como una “posibilidad de no adular a los poderosos”, ni arrodillarse para lograr premios, homenajes, becas o cualquier otra canonjía”. La lisonja al personaje para lograr favores es característico de sociedades premodernas y antidemocráticas y por desgracia, en la escuela y universidad mexicanas no advierto una determinación general y genuina por desterrar el culto a la personalidad en aras de aprender a argumentar y juzgar el argumento. Siempre es más fácil y rentable, en ambientes clientelares, rendirse ante el personaje que examinar críticamente lo que dice o propone.
Admirar y ensalzar al expositor por sus cualidades externas y no por la calidad de sus argumentos inhibe la crítica, elemento esencial de nuestra vida intelectual y democrática. Roger Bartra, en su libro La fractura mexicana. Izquierda y derecha en la transición democrática dedica un capítulo completo a hablar de la crisis intelectual y las ciencias sociales. Ahí Bartra se hace la pregunta, ¿qué es lo que inhibe la crítica? Responde: “influencia de caciquillos académicos que bloquean el trabajo de aquellos que no comparten sus intereses e ideas”. Al carácter “raquítico de la crítica”, afirma Bartra, se agrega el hecho de que en muchos casos la exaltación desmesurada de alguna obra se debe a que su autor ejerce o ha ejercido poderosos funciones burocráticas o gubernamentales. Para Bartra, esta práctica clientelar del académico afecta los modelos de formación de estudiantes e investigadores jóvenes. “Si los modelos a seguir son obras vacías e insustanciales, se crea un efecto multiplicador de la mediocridad y se institucionaliza un bajo nivel de creatividad”.
Sobre la “exaltación desmesurada” como causa de la mediocridad académica, otro escritor, José Luis Borges, escribió lo siguiente a propósito del trabajo del poeta español Luis de Góngora (1561-1627): “No creo demasiado en las obras maestras (ojalá hubiera muchos renglones maestros), pero juzgo que cuanto más descontentadiza sea nuestra gustación, tanto más probable será que algunas páginas honrosas puedan cumplirse en este país”.
Si los académicos seguimos cultivando la idea de que existe la “autoridad académica”, corremos el riesgo de hacer “contentadiza nuestra gustación” y así inhibir la crítica que es fuente de libertad y creatividad. Si por conveniencia los académicos ensalzamos la figura, prestigio y estatus del colega, maestro o rector, seremos responsables de formar pésimamente a los jóvenes y de reproducir esquemas clientelares dentro de los espacios intelectuales. La “autoridad académica” no debería existir ni ser aspiración en un país como México que a partir de este primero de julio, requerirá de un esfuerzo mayor para defender la democracia.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Originalmente publicado en Campus Milenio. Síguelo en Twitter: @flores_crespo

19 de junio de 2012

La educación inclusiva: una alternativa de cambio ante la desigualdad

Por Erika Castañeda Rivera*

En el mundo globalizado, donde las sociedades y las personas individualmente se encuentran haciendo un esfuerzo por competir, por sobresalir o al menos por tener una vida más digna, no puede ignorarse la situación de desigualdad que permea en las sociedades actúales.
Según algunos estudios, la desigualdad hace referencia a estos dos extremos que, equivocadamente, hemos aprendido a vivir como sociedad, donde unos cuantos tienen de sobra mientras que el resto lucha por oportunidades para subsistir día a día, cuando lo más justo sería que a todos nos correspondiera un poco de lo que está disponible, sin embargo, no es así; la corriente actual tiende a excluir a sectores en condiciones desfavorables. Esta sociedad dividida se ve reflejada en diversas esferas: salud, cultura, política, economía, educación, destacando aquí ésta última como una alternativa de cambio ante esta realidad.
Actualmente, la política educativa no ha encontrado la forma para implementar un sistema que dé oportunidades de educación para todos, que atienda las necesidades de la comunidad escolar atendiendo a los principios de relevancia y pertinencia, que propicie espacios de bienestar integral, que dé una educación de calidad con maestros preparados para afrontar esta sociedad tan desigual.
La mejor vía para hacer frente a la desigualdad es la llamada educación inclusiva, que es aquella transformación de las escuelas para que adquieran las herramientas para atender a una población culturalmente diversa, con diferentes capacidades y proveniente de distintos contextos, contando con los espacios adecuados, personal capacitado para alcanzar la tan anhelada calidad de educación y así brindar oportunidades para todos.
Con ello, la educación pone su granito de arena para combatir y hacerle frente a la sociedad desigual, que margina y excluye a los menos favorecidos.
Finalmente, la política educativa tiene la tarea de considerar recursos suficientes y a nosotros como sociedad nos corresponde facilitar el camino. Habría que empezar por exigir la capacitación y la evaluación educativa para saber en qué se está fallando y corregir el camino. Desde el hogar, inculcar el respeto y estima a la diferencia. Y en lo personal ¿Qué más propones para cambiar la realidad de desigualdad de este país?


* Licenciada en Ciencias de la Comuncación por la Universidad Autónoma de Hidalgo. Actualmente estudia la Maestría en Investigación Educativa (UIA) y colabora en el INIDE de la Ibero. Originalmente publicado en Publimetro (18 de Junio de 2012)

14 de junio de 2012

Analfabetismo democrático

Por Pedro Flores Crespo*
El Instituto Federal Electoral (IFE) vuelve a ser cuestionado por parte de uno de los competidores a la presidencia de la república. Para Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el IFE no es una institución confiable porque no le ha otorgado el triunfo. El “pueblo”, en cambio, es el garante de sus deseos de ser presidente. Si no gana, sugiere, habrá fraude. Muy mal punto para AMLO advertirnos ya lo que hará la noche del primero de julio en caso de no ganar. Pero el problema con AMLO no es él, sino la cultura política que ha cultivado y con la cual muchos – millones - se identifican. ¿Refleja esta cultura una especie de “analfabetismo democrático”?
El analfabetismo democrático lo entiendo como una condición de desventaja que se expresa cuando a pesar de poder ejercer el voto, algunos son - somos - incapaces de: leer la realidad política, utilizar reglas de la democracia para ganar sin imponerse, discernir entre la afinidad ideológica y el avance democrático o auto cuestionar para dejar de mirarse como alguien moralmente superior a otros. Bajo el analfabetismo democrático una persona no es capaz de aceptar su responsabilidad y se defiende atribuyéndole a otros las consecuencias de sus propias acciones. Contrario al analfabetismo funcional y tecnológico, el analfabetismo democrático es altamente contagioso.
Hace dos semanas escribíamos que la débil democracia mexicana estaba en riesgo tanto por la posible llegada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la república como por la irresponsabilidad de algunos actores políticos y sociales (Campus 464). AMLO, por desgracia para la izquierda mexicana, es uno de estos actores. Usted podrá rebatirme diciendo que la conducta de AMLO es explicable porque “le hicieron” fraude o porque después de Francisco I. Madero, es el político más atacado, como le gusta decir al candidato de la coalición Movimiento Progresista. Hacerse la víctima es otra expresión muy mexicana del analfabetismo democrático y no embona con el perfil del opositor verdadero.
La vida del opositor en México —como en cualquier otra latitud —es extremadamente difícil, pero por ello mismo se esperaría que aquel líder que desea impulsar el “cambio verdadero” aprendiera constantemente de la realidad, no que la negara o torciera cuando le conviene. AMLO, como todo el mundo, tiene derecho a expresar lo que piensa, pero un político que falsea la realidad a su conveniencia se aleja de la honestidad. Un líder social que no asume su responsabilidad y traslada sus errores a lo que hace el otro, traiciona a sus seguidores y no es un demócrata. Un candidato a ser presidente que basa su moral en la “sabiduría del pueblo”, no comprende lo que ocurre en México.
Después de decir esto, la pregunta es si el “analfabetismo democrático” se puede revertir y cómo. Seguramente, hay diversas respuestas en este sentido, sin embargo quisiera comentar la función del IFE como órgano orientado a “alfabetizar” para la democracia. Como se sabe, la Constitución Política de México mandata al IFE para desarrollar actividades relativas a la educación cívica. Según el Programa Estratégico de Educación Cívica 2005-2010 (PEEC), la “política de educación cívica del Instituto Federal Electoral es una herramienta del Estado y de la sociedad mexicana que busca ayudar a la consolidación de los valores, las prácticas, los procedimientos y las instituciones de la democracia mexicana”. El PEEC constituye, a mi juicio, un significativo avance en la discusión de qué es la democracia y cómo podemos fortalecerla en un país como México en donde, desafortunadamente, amplios grupos de la población no gozan de los derechos básicos para ejercer plenamente su ciudadanía.
El Informe Final del PEEC (2011) da cuenta del esfuerzo por fortalecer la democracia por medio de la educación cívica. Dos son las cosas que a mi juicio sobresalen de este amplio documento. Primero, haber detectado las dificultades para implantar programas orientados a fomentar competencias cívicas en los niveles de educación básica y medio superior. A este respecto, se advierte que la inserción curricular de este tipo de programas podría tener impactos limitados porque sólo se proponen técnicas cuya aplicación es “aislada” lo que contraviene el enfoque de desarrollo de competencias cívicas. Segundo, por medio del Ejercicio Infantil y Juvenil 2009, que buscó promover la libre expresión y la toma de decisiones mediante un proceso democrático, se atendieron a más de dos millones de estudiantes entre seis y quince años. Una de los puntos más sobresalientes expresados por los jóvenes de secundaria fue la necesidad de contar con un orientador/maestro que les proporcione información y los “apoye a evitar abusos y a encontrar formas de relacionarnos con respeto, sin importar nuestras diferencias” (Informe, 2011:52).
Ojala esta lección de los jóvenes sea escuchada por algunos estudiantes de una universidad pública que impidieron a una política contraria a su ideología expresarse, por el maestro radical y sobre ideologizado que roba un examen y por el dirigente social que sólo toma como válida aquella información que le conviene. El analfabetismo democrático, al igual que el funcional y el tecnológico, es un gravísimo problema del país.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Originalmente publicado en Campus Milenio

13 de junio de 2012

Candidatos no profundizan en educación: especialistas



Luego del debate entre los cuatro candidatos a la Presidencia de México, especialistas en educación coincidieron que los aspirantes que compiten en el actual proceso electoral consideran que pueden ganar las elecciones sin profundizar en el tema educativo, pues hay otro conjunto de prioridades que resultan más atractivas para el electorado.
Por lo que escuchamos en el debate no podemos asegurar que haya algún candidato que realmente se interese en la educación, consideró Sylvia Schmelkes, académica y directora del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana (UIA).
“A mí me gustaría saber qué vamos a hacer con el rezago educativo, donde más del 30 por ciento de la población en México no ha concluido la educación básica”, señaló Germán Álvarez, académico del Departamento de Investigaciones Educativas (DIE) del Centro de Investigaciones y Estudio (Cinvestav).
Germán Álvarez lamentó que este y otros temas fundamentales los candidatos no tengan un posicionamiento.
Por su parte la académica del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Aurora Loyo, recalcó que los aspirantes presidenciales no se han posicionado de forma ni siquiera discursiva con respecto a “para qué quieren mejorar la educación”.
Aunado a ello, los académicos invitados al encuentro organizado por Educación a Debate y La Silla Rota coincidieron en que los temas sobre los cuales los candidatos se han manifestado tienen que ver más con cuestiones políticas que con asuntos educativos, como es el caso de la influencia que la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, tiene en la educación del país.
Aún así, aunque se hiciera a un lado a Gordillo Morales del funcionamiento del Sistema Educativo Nacional (SEN), los múltiples rezagos que presenta nuestro país en este rubro “no se resolverían, fue otra de las coincidencias entre los académicos invitados al segundo debate denominado “Educación y Candidatos”.
“El fantasma de Elba Esther ronda en los discursos políticos, como si el problema educativo encarnara en la maldad de una sola persona, pero si hiciéramos a un lado a la lideresa del SNTE los problemas que presenta la educación en México no se resolverían”, por lo tanto el “choque” entre Quadri y Josefina durante el segundo debate entre los aspirantes a la Presidencia es una cuestión política más que educativa, reconoció Germán Álvarez.
“En realidad se trata de un conjunto de ofertas que más bien parecen dádivas”, comentó Sylvia Schmelkes, quien también consideró que darle tanta importancia a la evaluación del sistema educativo es “terriblemente simplista”, ya que sólo es un parámetro para conocer en donde se ubican los niveles de aprendizaje, pero “la evaluación no resuelve nada por sí misma”.
Del mismo modo, Aurora Loyo expresó que “los candidatos creen que pueden ganar las elecciones sin profundizar en el tema educativo, eso también  habla de la sociedad en la que estamos viviendo”, donde pareciera que la educación, no importa, dijo.
Los aspirantes a la Presidencia parecen tener un desconocimiento de los distintos subsistemas que contempla el SEN, dijo Schmelkes; por ejemplo, en una ocasión el director del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) aseguraba que un estudiante de este sistema representa una inversión de 7 mil pesos al año, mientras un alumno de un sistema escolarizado urbano equivale a una inversión de 37 mil pesos al año.
Pero estos factores los candidatos no los toman en cuenta, concluyó Schmelkes.

* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Educación a Debate.
Sylvia Schmelkes del Valle es Socióloga y Maestra en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana - Ciudad de México) Actualmente es Directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la UIA.

7 de junio de 2012

¿Respetaría el PRI la autonomía del INEE?

Por Pedro Flores Crespo*
Imaginemos que las encuestas no están truqueadas y que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresa a ocupar la presidencia de la república. Muchos pensamos que esto sería una regresión en virtud de la ineficiencia con que los gobiernos priístas han conducido los asuntos públicos (véanse el Estado de México, Coahuila, Nuevo León, Puebla, Oaxaca). El PRI no es un partido político, es toda una cultura que ha asfixiado la construcción ciudadana, destruido instituciones, asesinado disidentes, cooptado intelectuales y manipulado y ocultado información.
Por ello es pertinente preguntar, ¿respetaría el PRI la autonomía que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) alcanzó por decreto el pasado 15 de mayo? La autonomía del INEE es importante pues la Ley General de Educación estipula que es “atribución exclusiva de la autoridad educativa federal” evaluar al Sistema Educativo Nacional (SEN). Con ello, la SEP se convirtió en juez y parte de la política educativa.
Con ordenamientos legales de este tipo – muchos de ellos creados durante el priísmo - se inhibe la objetividad y la transparencia para difundir los resultados del aprovechamiento escolar de los niños y jóvenes. Acuérdese usted que en 1995, la SEP solicitó que los resultados de una prueba internacional sobre matemáticas y ciencias (TIMSS, Trends in International Mathematics and Science Study) se excluyeran del informe final. México había participado en la preparación y aplicación de esta prueba junto a 49 países y los resultados nos ubicaban en “penúltimo lugar”, según escribió Pablo Latapí Sarre. Sobre este encubrimiento, Latapí fue claro: “A algunos ciudadanos nos queda la impresión de que detrás de esta manera de proceder está el ogro filantrópico: la actitud de algunos funcionarios, característicamente priista, de sentirse dueños de la información; nos dan a conocer sólo lo que les conviene, arrogante y paternalmente”.
Con la alternancia partidista, en el año 2000, el gobierno en turno - junto con algunos especialistas educativos -, empezó la construcción de un organismo que evaluara la calidad del SEN objetivamente y con mecanismos rigurosos y confiables, los cuales debían ser “independientes de las autoridades”. Así, en agosto de 2002, se inauguró el INEE y desde entonces se ha discutido su independencia y pertinencia para el medio educativo del país. En mayo pasado, el presidente Felipe Calderón emitió un nuevo decreto que estipula que el INEE es un “organismo descentralizado, no sectorizado” que para el ejercicio de sus funciones contará con autonomía “técnica, operativa y de decisión”. Las relaciones entre el INEE y las autoridades educativas federal y locales será a través de “convenios” que, como ente de evaluación autónomo, podrá o no suscribir.
La autonomía del INEE ha sido celebrada por algunos actores no gubernamentales, académicos y empresariales, pero también ha sido tomada con cautela por otros especialistas que aún ven al INEE en peligro por estar muy cerca del titular del Ejecutivo (Ornelas, “INEE: Un cuarto de autonomía”, Excelsior, 23.05.12). Mi opinión se ubica entre ambas posiciones. Por un lado, hay que celebrar que hayamos avanzamos en dotar de autonomía a un instituto que realiza labores de interés público (saber si los niños aprenden o no), pero por otro lado, también pienso que un decreto no es suficiente. Hay organismos que en la ley son “autónomos” pero que están fuertemente ligados a los deseos y voluntades del gobernador, cacique o caudillo. Algunas universidades públicas, por ejemplo, llevan años llamándose “autónomas” pero la conducción de algunos de sus asuntos académicos obedece a las reglas escritas y no escritas del poder político-partidista. Modular estos poderes depende no sólo de un decreto, sino también de una capacidad interna de los propios organismos para construir su propia autonomía e independencia.
El INEE, en diez años de operación, ha sabido construir esa capacidad de autonomía orgánica gracias al liderazgo de su cuerpo directivo, a la rigurosidad de los equipos técnicos, a la pluralidad de visiones de su Consejo Técnico y a su firme posición frente a los distintos poderes. Esta capacidad orgánica puede reafirmarse con un decreto u ordenamiento legal, pero también está en riesgo si la cultura de la opacidad, del manipuleo de cifras, del cuidado de imagen y del paternalismo se reinstaura. La autonomía de los organismos públicos es un indicio de democracia, la cual el PRI no ha conocido, ¿por qué suponer que ahora será diferente? Frente a la cultura priísta, la sociedad y las instituciones siguen siendo débiles. El riesgo de perder lo construido en la evaluación independiente del Sistema Educativo Nacional se acrecienta con el triunfo del PRI. Usted decide si con su voto les abre la puerta a esa élite política.
Postcriptum. El candidato del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto ha repetido que ni él ni su partido tienen algún pacto con la maestra Elba Esther Gordillo. Si es así, ¿rechazaría el apoyo de Gabriel Quadri, el candidato del Panal, en caso de que éste declinara a su favor? ¿Por qué en algunos estados como Querétaro hay alianzas entre el PRI y el PANAL para ocupar puestos de elección popular?

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Originalmente publicado en Campus Milenio

Presentación del libro "En el camino... Formación para el trabajo e inclusión: ¿hacia dónde vamos?"

El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la UIA invitan a la presentación del libro "En el camino... Formación para el trabajo e inclusión: ¿hacia dónde vamos?", coordinado por Enrique Pieck Gochicoa.


Comentando la obra: 
Sylvia Schmelkes (INIDE/UIA)
María de Ibarrola (DIE/Cinvestav)
Benjamín Berlanga (UCIRED)
Graciela Messina (Consultora)

Moderador: Javier Loredo (Departamento de Educación de la UIA)

Miércoles 20 de junio a las 18:00 hrs.
Auditorio Ángel Palerm (Edificio S, planta baja)
Universidad Iberoamericana (Ciudad de México)
Prolongación Paseo de la Reforma 880, Lomas de Santa Fe (DF)