7 de junio de 2012

¿Respetaría el PRI la autonomía del INEE?

Por Pedro Flores Crespo*
Imaginemos que las encuestas no están truqueadas y que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresa a ocupar la presidencia de la república. Muchos pensamos que esto sería una regresión en virtud de la ineficiencia con que los gobiernos priístas han conducido los asuntos públicos (véanse el Estado de México, Coahuila, Nuevo León, Puebla, Oaxaca). El PRI no es un partido político, es toda una cultura que ha asfixiado la construcción ciudadana, destruido instituciones, asesinado disidentes, cooptado intelectuales y manipulado y ocultado información.
Por ello es pertinente preguntar, ¿respetaría el PRI la autonomía que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) alcanzó por decreto el pasado 15 de mayo? La autonomía del INEE es importante pues la Ley General de Educación estipula que es “atribución exclusiva de la autoridad educativa federal” evaluar al Sistema Educativo Nacional (SEN). Con ello, la SEP se convirtió en juez y parte de la política educativa.
Con ordenamientos legales de este tipo – muchos de ellos creados durante el priísmo - se inhibe la objetividad y la transparencia para difundir los resultados del aprovechamiento escolar de los niños y jóvenes. Acuérdese usted que en 1995, la SEP solicitó que los resultados de una prueba internacional sobre matemáticas y ciencias (TIMSS, Trends in International Mathematics and Science Study) se excluyeran del informe final. México había participado en la preparación y aplicación de esta prueba junto a 49 países y los resultados nos ubicaban en “penúltimo lugar”, según escribió Pablo Latapí Sarre. Sobre este encubrimiento, Latapí fue claro: “A algunos ciudadanos nos queda la impresión de que detrás de esta manera de proceder está el ogro filantrópico: la actitud de algunos funcionarios, característicamente priista, de sentirse dueños de la información; nos dan a conocer sólo lo que les conviene, arrogante y paternalmente”.
Con la alternancia partidista, en el año 2000, el gobierno en turno - junto con algunos especialistas educativos -, empezó la construcción de un organismo que evaluara la calidad del SEN objetivamente y con mecanismos rigurosos y confiables, los cuales debían ser “independientes de las autoridades”. Así, en agosto de 2002, se inauguró el INEE y desde entonces se ha discutido su independencia y pertinencia para el medio educativo del país. En mayo pasado, el presidente Felipe Calderón emitió un nuevo decreto que estipula que el INEE es un “organismo descentralizado, no sectorizado” que para el ejercicio de sus funciones contará con autonomía “técnica, operativa y de decisión”. Las relaciones entre el INEE y las autoridades educativas federal y locales será a través de “convenios” que, como ente de evaluación autónomo, podrá o no suscribir.
La autonomía del INEE ha sido celebrada por algunos actores no gubernamentales, académicos y empresariales, pero también ha sido tomada con cautela por otros especialistas que aún ven al INEE en peligro por estar muy cerca del titular del Ejecutivo (Ornelas, “INEE: Un cuarto de autonomía”, Excelsior, 23.05.12). Mi opinión se ubica entre ambas posiciones. Por un lado, hay que celebrar que hayamos avanzamos en dotar de autonomía a un instituto que realiza labores de interés público (saber si los niños aprenden o no), pero por otro lado, también pienso que un decreto no es suficiente. Hay organismos que en la ley son “autónomos” pero que están fuertemente ligados a los deseos y voluntades del gobernador, cacique o caudillo. Algunas universidades públicas, por ejemplo, llevan años llamándose “autónomas” pero la conducción de algunos de sus asuntos académicos obedece a las reglas escritas y no escritas del poder político-partidista. Modular estos poderes depende no sólo de un decreto, sino también de una capacidad interna de los propios organismos para construir su propia autonomía e independencia.
El INEE, en diez años de operación, ha sabido construir esa capacidad de autonomía orgánica gracias al liderazgo de su cuerpo directivo, a la rigurosidad de los equipos técnicos, a la pluralidad de visiones de su Consejo Técnico y a su firme posición frente a los distintos poderes. Esta capacidad orgánica puede reafirmarse con un decreto u ordenamiento legal, pero también está en riesgo si la cultura de la opacidad, del manipuleo de cifras, del cuidado de imagen y del paternalismo se reinstaura. La autonomía de los organismos públicos es un indicio de democracia, la cual el PRI no ha conocido, ¿por qué suponer que ahora será diferente? Frente a la cultura priísta, la sociedad y las instituciones siguen siendo débiles. El riesgo de perder lo construido en la evaluación independiente del Sistema Educativo Nacional se acrecienta con el triunfo del PRI. Usted decide si con su voto les abre la puerta a esa élite política.
Postcriptum. El candidato del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto ha repetido que ni él ni su partido tienen algún pacto con la maestra Elba Esther Gordillo. Si es así, ¿rechazaría el apoyo de Gabriel Quadri, el candidato del Panal, en caso de que éste declinara a su favor? ¿Por qué en algunos estados como Querétaro hay alianzas entre el PRI y el PANAL para ocupar puestos de elección popular?

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Originalmente publicado en Campus Milenio

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