30 de julio de 2012

El legado educativo de Calderón

Por Pedro Flores Crespo*
En memoria de Arturo Nava Jaimes, generoso funcionario público y cordial amigo.

Pongo en itálicas el título de este artículo para referirme a un texto que apareció el viernes pasado en Milenio con el mismo encabezado y el cual fue firmado por el secretario de Educación Pública, José Ángel Córdova. Ahí, el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) trata de hacer un “balance” de la administración del Presidente Felipe Calderón en materia educativa. Desde el título y la respuesta que trata de responder (“qué hemos logrado y qué legado queda de lo realizado”) se intuía el contenido. Realmente, no es un balance porque la información que presenta adquirió un tono triunfalista y personalista. “[E]l presidente Calderón modificó el sistema educativo desde sus cimientos”, “hubo mística”, “los avances están a la vista de todos”, este gobierno ha “sido el primero en la historia” que ha evaluado cotidianamente el sistema educativo para “mejorarlo a fondo”.
¿Por qué escribir un artículo en este tono? Aventuro tres respuestas. La primera, para congraciarse con el Presidente, cosa que creo poco probable en un funcionario con el perfil profesional del doctor Córdova. Segundo, para contrarrestar la visión de que la política educativa de esta administración ha sido profundamente errática, cuestión que toca lo ingenuo por tratarse de un artículo periodístico. Y tercera y última, para llamar la atención sobre los programas y acciones que la próxima administración debería continuar. Si esta última opción es la correcta, ¿no hubiera sido mejor identificar los factores que determinaron la implementación y el éxito de las reformas educativas que esta administración se propuso y transferir así la responsabilidad a otros actores? ¿En verdad creen los dirigentes sindicales, gobiernos de los estados, legisladores, empresarios, investigadores, padres de familia y medios de comunicación que Calderón fue capaz - el solo - de “modificar el sistema educativo desde sus cimientos”? ¿Existe evidencia para creer esto?
Como en todo ejercicio de poder, el gobierno de Calderón tuvo aciertos y errores; pero en educación, desde mi perspectiva, privó más lo segundo sobre lo primero. Veamos algunos puntos que el doctor Córdova menciona.
Evaluación. Si bien es cierto que la evaluación durante el sexenio 2007-2012 tomó un auge inusitado y se abrieron los resultados a “escrutinio público” (algo que celebro), también es cierto que se sobre dimensionaron las bondades de ciertas pruebas como Enlace (Evaluación Nacional de Logro Académico en los Centros Escolares). Enlace se ha usado, entre otras tantas cosas, para crear incentivos económicos para los maestros y directivos cuando la evidencia científica ha demostrado que el rendimiento académico de los estudiantes no mejora por medio de este tipo de mecanismos (Michael Hout y Stuart W. Elliott, editores; Committee on Incentives and Test-Based Accountability in Public Education; National Research Council). ¿Por qué entonces la SEP se embarcó en un proyecto de este tipo?
Ingreso al servicio docente. Es de reconocer que en este sexenio 140 mil plazas se hayan otorgado por medio de un concurso de oposición; sin embargo, diversos estudios empíricos han detectado que a la par de ser el mérito el factor que determina el ingreso al servicio docente, siguen operando los mecanismos de venta y herencia de plazas. ¿Por qué negar este hecho? ¿No sería mejor explicar por qué sobrevivieron los esquemas tradicionales para obtener un puesto de maestro y así impulsar a que la sociedad pugne por erradicar tales prácticas? En las condiciones actuales políticas, al país le sirve más conocer informes equilibrados de las políticas educativas que reportes de “color rosa”.
Profesionalización docente. En la visión de la SEP, la actualización de los maestros de educación básica se “transformó” pues se hizo un catálogo de formación continua cuya oferta de cursos, diplomados y posgrados rebasa los mil programas, los cuales serán administrados por instituciones educativas de prestigio. Sin embargo, dentro de la formación y actualización docente, nada se dijo de la manera con que operan las escuelas de formación inicial, especialmente, las escuelas normales particulares. Los resultados del concurso de oposición para obtener una plaza revelaron que 78 por ciento de los sustentantes de estas escuelas requieren nivelación académica. Sobre la formación inicial en las escuelas privadas, el Programa Sectorial de Educación 2007-2012 no ahondó. Esta omisión es grave como para ahora decir que con Calderón todo marchó de maravilla. La regulación de las escuelas normales particulares deberá ser un punto a incluir en la agenda educativa futura.
Una administración federal que no fue respaldada de manera mayoritaria con el voto ciudadano, no tiene la necesidad de reportar sus acciones de manera superficial y triunfalista. Si hubo cambios y mejoras, la mejor forma de cerrar un ciclo político es comunicarlos de manera realista; enfatizando lo que no pudo lograrse y señalando las razones de ese retraso. En democracia todos aprendemos y la derrota debe servir para eso, de otra forma, los partidos y élites hoy salientes tardarán mucho más tiempo en volver a ser gobierno.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

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