16 de agosto de 2012

Justicia social y educación: En memoria de Pablo Latapí

Por Pedro Flores Crespo*
Pablo Latapí Sarre (1927-2009) fue uno de los mejores analistas del Sistema Educativo Nacional. Con sus investigaciones, artículos de opinión, asesorías e impulso para la creación de instituciones clave para el desarrollo educativo, nos hizo voltear la mirada hacia asuntos verdaderamente importantes tales como la relación entre la justicia y la educación. En este sentido, el investigador se mostraba sorprendido de que en México, un país con “tan grandes problemas de equidad”, tuviera tan pocos filósofos de la justicia. La problemática de la justicia, decía Latapí en 2001, parece no provocar reacciones o debates políticos.

Tratando de responder a la preocupación del doctor Latapí y con motivo del tercer año de su muerte, quisiera poner sobre la mesa el tema de la justicia y la educación a partir de la aparición, en 2009, del libro, La Idea de la Justicia de Amartya Sen, profesor Lamont de la Universidad de Harvard y premio Nobel de Economía en 1998. 
Lo primero que diría es que tanto Latapí como Sen coinciden en su crítica a la Teoría de la Justicia de John Rawls, “el principal filósofo político de nuestro tiempo” (Sen), al observar que su teoría se asienta en una base contractualista, es decir, en el supuesto de que todos los miembros de una sociedad “ceden sus derechos y oportunidades a un poder central, con el fin de asegurar un funcionamiento armónico” de ésta (Latapí). Este “pacto social” sirve entonces para fijar las normas y principios de la justicia.
Para Sen, el enfoque contractualista concentra demasiada atención en identificar los esquemas institucionales justos para la sociedad, pero omite hacer comparaciones relativas de la justicia y la injusticia. Bajo este enfoque, dice Sen, la búsqueda se orienta hacia la identificación de la naturaleza de lo “justo” y no al hallazgo de algunos criterios para una opción “menos injusta” que otra. Al no realizar comparaciones, es mucho más problemático impulsar un “razonamiento práctico” sobre cómo combatir las injusticias reales que las personas enfrentan. “El énfasis en las vidas reales para la evaluación de la justicia tiene muchas implicaciones de largo alcance para la naturaleza y el alcance de la idea de justicia” (Sen). En pocas palabras, no basta sólo con detectar las instituciones perfectamente justas, sino considerar, en la evaluación social, “la forma en que las personas viven sus vidas”.  
¿Y cómo evaluamos estas formas de vida? ¿Qué medida se debe utilizar para saber si una persona o una sociedad alcanza niveles de justica más altos que otra? Rawls propuso que los “bienes primarios” (ingresos y riqueza, libertades básicas, libertad de movimiento y de elección profesional, poderes, prerrogativas y bases sociales de la autoestima) deben ser distribuidos equitativamente para poder hablar de justicia. Sen reconoce esta aportación; sin embargo, hace dos críticas sustanciales y propone una nueva métrica para la valoración de la justicia.
Primera crítica: Los “bienes primarios” son medios; no son valiosos por sí mismos y segundo, dada la diversidad humana, la distribución equitativa de “bienes primarios” puede no ser suficiente para combatir las inveteradas injusticias, algo con lo que Latapí podría estar de acuerdo cuando cuestiona la “igualdad de oportunidades” dentro del ámbito educativo. Para Latapí, cada individuo posee un punto de partida distinto, ya sea por el ambiente familiar, el talento y el entorno social; por ello, nuestro colega mexicano propone compensaciones basadas en el principio de “proporcionalidad solidaria”.
Sen, por su parte, cuestiona la “exaltada posición” que Rawls le concede a la métrica de los bienes primarios, pues esto le resta importancia al hecho de que personas diferentes, por sus características propias o por la influencia del ambiente físico y social, o por la privación relativa, pueden tener “muy variadas oportunidades para convertir recursos generales” (como el ingreso y la riqueza) en capabilities, es decir, en la libertad de poder alcanzar logros que se juzgan valiosos. Sen, por lo tanto, propone que la métrica para valorar si una sociedad es justa es la libertad (o capability).
Ante esta propuesta, Pablo Latapí expresó en su último libro Finale Prestissimo, que las ideas del profesor indio las consideraba “valiosas” pues resaltaban que la esencia del desarrollo es la capacidad de la persona para elegir. Asimismo, nuestro colega mexicano, tuvo la oportunidad de leer algunos capítulos del libro Amartya Sen´s Capability Approach and Social Justice in Education (2007) y expresó que el enfoque basado en la libertad era muy sugestivo pues a su juicio, recogía muchos elementos de la educación humanística tradicional y los formulaba en “categorías modernas”. Latapí celebraba que con este enfoque se contrarrestaran las “perversidades del enfoque del capital humano”.
El tiempo desafortunadamente ya no alcanzó para que Pablo Latapí siguiera explorando y debatiendo los nuevos desarrollos teóricos de la justicia y aplicarlos a la educación de México, pero ojalá un mayor número de jóvenes se interesen por aplicar las ideas de Sen y de Latapí, ideas que no son solamente para círculos esotéricos, sino argumentos elegantemente expresados que cobran sentido en la vida de las personas dentro de sus respectivos contextos. Expandir la libertad de los millones de niñas, niños, jóvenes y adultos por medio de la educación bien podría ser un principio del Artículo Tercero Constitucional. Quizás a partir de este nuevo referente, se pueda generar un esquema de evaluación de la justicia renovado y se pueda, por lo tanto, impulsar una “nueva” generación de políticas y programas educativos.

Postcriptum: Observatorio Ciudadano de la Educación organiza mañana viernes la Cátedra Pablo Latapí Sarre, precisamente con el tema de justicia social y educación. La cita es a las 9:30 en el auditorio José María Vigil del Centro Cultural Universitario de la UNAM. ¡No falten!



*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

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