28 de septiembre de 2012

¡Muchas felicidades!


Quetzalli Sotelo
, coordinadora académica del proyecto Diplomado en Escuela y Comunidad del INIDE, recibió mención honorifica del premio Antonio Garcia Cubas en la categoria de libro infantil y juvenil, por su libro Ventana a Mi Comunidad, editado por ediciones Tecolote, en el contexto de la Feria del Libro de Antropología e Historia.

¡Muchas felicidades, Quetzalli!


Transición educativa (tercera y última parte)

Por Pedro Flores Crespo*
Hay razones para pensar que en términos ideológicos y en orientación de políticas el próximo cambio de gobierno no significará una transición educativa. En términos ideológicos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus aliados no se complicarán la vida tratando de pensar cómo renovar sus creencias que han ido desde el nacionalismo revolucionario hasta el “liberalismo social” y la modernización.
La orientación de políticas tampoco parece que será transformada profundamente. Las propuestas educativas de Enrique Peña Nieto (EPN), como candidato a la presidencia, trazaron una línea de continuidad con aquéllas que pusieron en marcha las administraciones pasadas. ¿En dónde podrá entonces residir la transición educativa cuando el PRI empiece a encabezar la próxima administración federal? Probablemente, en la forma de gobernar el Sistema Educativo Nacional (SEN). A mi juicio, un nuevo modelo de gobernabilidad del SEN tendría que basarse en: (1) reconstruir la autoridad educativa, (2) institucionalizar los procesos para la formulación de la agenda educativa, implementación de acciones y reformulación de políticas, (3) organizar la estructura de la Secretaría de Educación Pública de manera funcional y (4) promover, decididamente, la participación social (PS).
En las dos entregas anteriores (Campus 478 y 479) ya expliqué los primeros tres puntos y ahora, en ocasión del décimo aniversario del suplemento, deseo cerrar esta serie hablando de por qué es importante promover la participación social en la educación de México. Hacer que la gente se involucre activamente en los asuntos escolares y educativos es una valiosa condición para tratar de impulsar el cambio en el sector educativo de nuestro país.
¿Qué significa participar?
Promover la participación social en la educación significa crear las condiciones para poder intervenir, como padres de familia, especialistas, representantes de organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos, en los asuntos escolares y en los procesos de política pública. La participación social en la educación de México es importante por varias razones. La primera es que la educación es un asunto público, que compete a todos y por lo tanto, no puede ser propiedad de grupos o burocracias oficiales o sindicales. Dejar la educación en manos de unos pocos es perjudicial para todos.
Desde 1993, la participación social se convirtió en una política “de Estado” al estar estipulada en la Ley General de Educación (LGE), no obstante sus avances son variables. Si bien 84 por ciento de las escuelas públicas en México cuentan con un Consejo Escolar de Participación Social (CEPS), algunos autores han mostrado que los CEPS son más un requisito formal que un instrumento para impulsar el involucramiento continuo y general de los distintos actores en los asuntos escolares y educativos (Martínez, Bracho y Martínez). Aunque en 2010 se propusieron lineamientos específicos para la operación de estos consejos, siguen conformándose bajo un modelo único, las nuevas actividades de “participación social” son temporales más que continuas, y sus miembros siguen sin ser “democráticamente” elegidos (Observatorio Ciudadano de la Educación). El nuevo gobierno bien podría revisar estas críticas, procesarlas y proponer una nueva estrategia para impulsar la participación de los diversos actores sociales y políticos en los asuntos escolares y en los procesos de política pública.
¿Qué impide la participación social?
Si a 20 años de su impulso oficial sigue habiendo problemas con la participación social en las escuelas y en los procesos de política, habrá que buscar nuevas explicaciones de este fenómeno. Si bien los mecanismos de PS propuestos por la SEP tienen fallas, habrá también que indagar qué pasa del lado de la sociedad. En este sentido, llama la atención que 32 de cada 100 mexicanos entrevistados en el Latinobarómetro 2011 haya dicho que “la mejor política pública” del país es la educación cuando los resultados de las investigaciones, de las pruebas nacionales e internacionales de logro académico e incluso, de los reportes de la prensa muestran las serias deficiencias de la política educativa mexicana. Este porcentaje (32%) contrasta con el uno, 17 y 20 por ciento de Chile, Brasil y Argentina, respectivamente. La complacencia de los mexicanos no parece ser una base útil para activar la participación social.
¿Nos educamos para ser democráticos?
No involucrarse de manera general y continua en los asuntos de la escuela o de la política educativa apunta hacia varios problemas. Uno de ellos podría ser la falta de tiempo de los padres de familia para asistir a la escuela de los hijos y discutir, abiertamente, los asuntos relacionados con su aprendizaje. Igualmente, en el medio educativo está generalizada la tesis (elitista) de que los pobres no participan en los asuntos escolares porque primero deben cubrir sus necesidades básicas (comer, vestirse) antes de movilizarse políticamente. Esta tesis muchas veces no está sustentada en evidencia empírica y sirve para crear prejuicios de clase.
La falta de tiempo y la clase social pueden dar algunas señales sobre la reticencia de las personas para no participar en los asuntos escolares o educativos, sin embargo, no son los únicos factores. Habrá también que reflexionar en la capacidad real que tiene la escuela mexicana para formarnos con el propósito de ejercer la democracia como una forma de vida en la que, a partir de la identificación de los problemas, tengamos la capacidad de razonar, discutir públicamente, discrepar y llegar a soluciones de manera colectiva y razonada.
¿La educación mexicana nos forma para utilizar la razón públicamente y por lo tanto, para ser agentes del cambio? Varios estudios han demostrado que la escuela mexicana reproduce las clásicas conductas autoritarias del medio social y político en que actuamos y vivimos los mexicanos. Si algún alumno se atreve a cuestionar al maestro o alguna otra “autoridad” lo pagará caro. En nuestras acciones cotidianas probablemente asfixiamos los principios de la democracia deliberativa; parece que no somos capaces de percibir sus beneficios. Por ello, no debe sorprendernos que en el Latinobarómetro 2011 se reporte que 36 por ciento de los mexicanos diga que “da lo mismo” tener un gobierno democrático que uno autoritario. Sorprendentemente, esta proporción es la más alta de los países latinoamericanos.
¿Cómo promover la participación social?
Promover la participación social en los asuntos escolares y en el desarrollo de las políticas educativas podría indicar que el nuevo gobierno priísta realmente desea una verdadera transición en el ámbito educativo.
Fomentar esta política es deseable porque podría inducir cambios en distintos ámbitos del sistema educativo. La participación social podría ser una política “palanca” si se impulsa un nuevo esquema de CEPS, el cual podría perseguir como objetivo primordial la construcción, desde la escuela, de una pedagogía ciudadana basada en la discusión constante y abierta entre padres de familia, directivos y maestros sobre temas libremente elegidos por las comunidades. Para ello, la información sobre la situación académica y financiera de la escuela tendrá que fluir constantemente. Los periodistas educativos, medios electrónicos, redes sociales, agencias de evaluación independiente y la SEP —a través del Registro Nacional de Alumnos, Maestros y Escuelas (Rename)—, tendrán un papel central en esta tarea. Cualquier incumplimiento, omisión, opacidad o acción contraria al derecho de las niñas, niños y jóvenes de recibir educación de calidad deberá ser conocido para que la SEP, en apoyo de las respectivas instancias sociales y judiciales1, tome cartas en el asunto.
Si el razonamiento público se impulsa dentro de las escuelas, quizás sea más factible tener en un periodo no muy largo comunidades escolares que pugnen por acrecentar la autonomía de las escuelas. ¿Está el PRI comprometido con la autonomía escolar o privilegiará con sus acciones — o inacciones— la “intermediación burocrática” entre las escuelas, sindicato y secretaría? El PRI puede recuperar legitimidad con las primeras acciones que ponga en marcha en materia educativa. El sistema educativo demanda cambios de fondo y eso podrá lograrse si se modifica el actual modelo de gobierno que rige el sistema educativo mexicano. Para ello, habrá que trabajar por impulsar la participación social de manera decidida, recuperar la autoridad educativa, institucionalizar los procesos de políticas y organizar mejor la SEP para enfrentar los retos de millones de ciudadanos que de promesas y “revoluciones educativas” ya han escuchado demasiado. No responder cabal y eficientemente a las expectativas de la sociedad, creará un ambiente político desfavorable para el próximo gobierno. Veremos qué camino elige.

1Tomo este punto de Sergio Cárdenas (CIDE),quien, con sus pláticas, me ayudó a considerar al poder judicial como un aliado del derecho a recibir educación de calidad.
Estas reflexiones son parte de un proyecto de investigación más amplio sobre participación social, el cual es apoyado financieramente por la UIA y el Conacyt. En él, participan también Laura Ramírez y Ana Violeta Ramírez.

*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus MilenioConsulta los artículos anteriores:

Transición educativa (primera parte)
Transición educativa (segunda parte)

27 de septiembre de 2012

Maestros, a la escuela


Por Mariana Dávila*

Los buenos educadores en la ciudad son el motor de su transformación, pero el 30% no recibe las actualizaciones docentes de las que depende la calidad de lo que enseñan. Los maestros deben permanecer en formación constante.

Ya sabemos que el panorama actual de la educación no es prometedor. El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señaló que sólo el 47% de los estudiantes se gradúan del bachillerato y el 20% del nivel superior. También reveló que México es el tercer país en el mundo con más jóvenes que no estudian ni trabajan (24%).
No es cuestión de presupuesto, México es el país de la OCDE que más dinero destina a educación (alrededor del 6% del PIB), pero de acuerdo con Blanca Heredia, exdirectora de la OCDE en México, “el capital es invertido mayormente en mejoras en infraestructura y no en la calidad de la educación como tal”. El Dr. Carlos Muñoz, investigador emérito del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) establece que “muchos de los programas implementados no responden a las necesidades y posibilidades de los distintos sectores sociales. Por ejemplo, el otorgamiento de becas funciona en términos de cobertura, pero no garantiza una educación culturalmente pertinente. Asimismo, los proyectos que incorporan las nuevas tecnologías al proceso educativo, como Enciclomedia, carecen del entrenamiento adecuado del cuerpo docente.”
Según datos del INEGI, en el 2011 sólo el 52% de los maestros contaban con estudios de licenciatura. En este año, de los 234 mil 803 de nivel básico sólo 69 mil 290 acudieron a realizar la prueba de Evaluación Universal implementada por la Secretaria de Educación Pública (SEP). Sin indicadores no se puede conocer el desempeño de los maestros.
Hay profesores que no han tenido una actualización docente desde hace más de 20 años. De acuerdo con el ex secretario de Educación del D.F., Mario Delgado, en el 2011 60% de los maestros no contaban con una conexión a internet propia y el 42% ni siquiera tenía una computadora en casa. Las nuevas tecnologías de la información son fundamentales para crear un capital de conocimiento que impulse a México en la competencia internacional y muchos de nuestros docentes son analfabetas tecnológicos. La rectora de la Universidad Pedagógica Nacional, Sylvia Ortega, sostiene que en un mundo globalizado es de vital importancia que las autoridades educativas instruyan al cuerpo académico en el uso de las tecnologías.
Ya sabemos que el panorama actual de la educación no es prometedor. México es el tercer país en el mundo con más jóvenes que no estudian ni trabajan (24%).
El Distrito Federal es la entidad que menos invierte en la profesionalización de sus docentes. Esto sucede porque en la capital la educación está centralizada, lo que significa que mientras que en el resto de los estados hay dos presupuestos destinados a la educación: el de la SEP-SNTE (con quienes se negocia el sueldo) y el de la Secretaría de Educación del gobierno estatal de turno (el cual otorga aguinaldos, pago de vacaciones y bonos de productividad), en el D.F. sólo se recibe el primero. Por ello, el monto asignado para este rubro siempre se queda corto.
El presidente de la Fundación Mídete, Xiuh Tenorio, y el director general de la organización ciudadana Mexicanos Primero, David Calderón, proponen una serie de acciones para erradicar el problema. En primer lugar, establecen que se debe censar a los maestros para tener un registro de su formación, lo que a su vez serviría para determinar dónde están los mejores y así equilibrar su ubicación en las escuelas.
Para motivarlos sugieren incentivarlos con reconocimientos públicos y bonificaciones económicas vinculadas a los resultados mostrados en pruebas como ENLACE. Asimismo, consideran que se debe promover la participación de los padres de familia para aumentar el nivel de exigencia y nombrar a los directores por sus méritos académicos y no por su antigüedad o sus vínculos con los líderes del Sindica Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Hay que abrir espacios de experimentación para formar un nuevo tipo de maestros y para hacer atractiva la profesión.
Hay que voltear a ver a otras ciudades que han transformado su calidad educativa para fijarnos también una meta. Shanghái mejoró radicalmente la calidad de la educación implementando una rotación de directores y maestros bajo una perspectiva de mérito. Para que un maestro aspire a ser director tiene que pasar antes dos años en una escuela con peores rendimientos que la propia y demostrar que puede revertir la tendencia. En 20 años, la ciudad china logró pasar de tener una mitad de analfabetos a tener el primer lugar de lectura en la última prueba pisa.


* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Animal Político

25 de septiembre de 2012

Transición educativa (segunda parte)

Por Pedro Flores Crespo*
He sostenido aquí que la llegada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus aliados al gobierno federal abre diversas dudas sobre si México experimentará una verdadera transición en el ámbito educativo. Parece que en términos ideológicos y en orientación de políticas y programas no habrá grandes cambios con respecto a las dos administraciones pasadas. Pese a ello, también he comentado que existe una oportunidad de transitar del actual —y limitado— modelo de gobernabilidad del sistema educativo a uno que sirva para ampliar la efectividad de las políticas y programas orientados a mejorar la calidad de la educación de México.
Esta nueva forma de organizar y gobernar el sistema educativo podría construirse si, a mi juicio, se reconstruye la autoridad pública, se institucionalizan los procesos de política, se articula mejor la estructura funcional de la SEP y se le otorga un decidido impulso a la participación social. La semana pasada expliqué el primero de los cuatro puntos (reconstrucción de la autoridad) y ahora procedo a comentar otros dos. En primer lugar, ¿qué significa institucionalizar los procesos de política? Básicamente, introducir reglas para modular la acción de los actores que operan dentro del sistema de políticas para que se vaya construyendo la “superioridad técnica” (Weber) de un régimen político moderno.
La necesidad de institucionalizar la política educativa es cada vez más evidente en estos días en que especulamos quién será el nuevo secretario o secretaria de Educación Pública. La ansiedad por saber el nombre del nuevo secretario es directamente proporcional a la precariedad de nuestra institucionalidad educativa. Si tuviésemos instituciones sólidas, flexibles y con procedimientos claramente establecidos para orientar el rumbo de la educación mexicana, no importaría quién llega a la SEP. Si los privilegios de grupo estuvieran desterrados de la política mexicana, no sería tan determinante para el futuro de la educación quién es el secretario, subsecretario o director general.
Institucionalizar los procesos de política significa despersonalizarlos. Para reforzar este punto, permítanme usar una anécdota. Una vez que le pregunté a un alto ex funcionario de la SEP cuáles pensaba que había sido las tres políticas más exitosas del sector educativo, me respondió: “Vasconcelos, Torres Bodet y Solana”. La personalización de los ciclos de políticas es un rasgo característico de sistemas políticos en donde impera la figura para explicar el éxito o fracaso de las políticas. Una forma moderna de gobernar el sistema educativo sería haciendo menos relevantes los apellidos y creando sistemas de organización política más allá de la voluntad del personaje. ¿Tendrá el PRI el deseo de avanzar en este sentido como para poder constatar que habrá cambio en el ámbito educativo? ¿Sabrán leer los jóvenes del equipo de transición la nueva realidad?
Es evidente que en el sector educativo los actores sociales se están multiplicando, la información es cada vez mayor y más plural, el poder se está esparciendo en los distintos órdenes de gobierno y la preocupación por lo que ocurre en el sistema educativo ha crecido a tal grado hasta convertirlo en un espacio de constante disputa y debate.
Pasemos al tercer elemento sugerido para hablar de una verdadera transición en el sector educativo: La articulación de la estructura funcional de la SEP. Esto significa, por un lado, identificar los cambios más urgentes que habrá que impulsar la Secretaría (e.g. abatir el rezago educativo, elevar la calidad de la secundaria mexicana y hacer pertinente el bachillerato, por ejemplo) e imaginar, por otro, cómo podría organizarse mejor para hacerle frente a esos retos.
Así como decimos que fue un error de Acción Nacional haber cedido partes de la autoridad pública a la dirigencia sindical en el periodo 2007-2012, también es importante reconocer que durante el primer sexenio panista (2001-2006) se crearon importantes unidades administrativas para el desarrollo educativo del país. Gracias a la reestructuración de 2005, surgió la Subsecretaría de Educación Media Superior y años antes, la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe, así como el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. El tema de los jóvenes, de los indígenas y la necesidad de contar con una base de información independiente del poder ejecutivo impulsaron una nueva estructura funcional de la SEP. Ahora se habla de crear una nueva Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, idea que Enrique Peña Nieto (@EPN), en tiempos de campaña, no suscribió.
La SEP forma una de los cuerpos burocráticos más extensos de la administración pública, como bien lo hizo notar Alejandro Canales en Campus (14/06/12) y sin embargo, tal magnitud no se ha traducido en una eficiencia gubernamental generalizada. Las instituciones son valiosas en la medida que cumplen con el interés público y amplían las posibilidades de vida de las personas. Pregúntele usted a una mujer indígena de la tercera edad, a un hijo de un jornalero agrícola, a una joven con capacidades diferentes, a un asesor del Instituto Nacional para la Educación de Adultos (INEA) o a una maestra del medio rural que lucha por alcanzar autonomía sindical si se siente respaldada por las instituciones que mantiene la SEP. Hay una oportunidad de defender las palabras con hechos, ¿estará el nuevo gobierno a la altura de las circunstancias? Presionemos con argumentos y acciones razonadas para que así sea.


*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

24 de septiembre de 2012

Educación, reforma inacabada

Por Ericka Pedrero*

Autoridades y especialistas proponen al gobierno entrante un nuevo ajuste al sector para privilegiar la calidad de la enseñanza.

A casi 20 años de la reforma a la Ley General de Educación de 1993, los nuevos planes de estudio y la descentralización del sector si bien plantearon transformaciones profundas al sector, en la práctica tuvieron alcances limitados, coinciden especialistas de la UNAM y de la Universidad Iberoamericana.
Dicha reforma, publicada en el Diario Oficial de la Federación en julio de 1993, se propuso un año antes, en la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica y Normal, entre la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) -cuya dirigencia fue asumida tres años antes por parte de Elba Esther Gordillo-.
La reforma planteó la actualización del sistema educativo sobre cuatro ejes principales: descentralizar la enseñanza básica, la renovación curricular, mejorar la preparación del magisterio y mayor participación social en la educación.
La descentralización de la educación, con la que se pretendía lograr una mayor cobertura y mejor calidad educativa se logró parcialmente, indicó Sylvia Schmelkes Del Valle, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Universidad Iberoamericana.
Explicó en entrevista que la mayoría de las entidades coexisten dos sistemas educativos, el federal y el estatal, y bajo este esquema los gobiernos locales sólo toman decisiones en acciones administrativas, como la ubicación de escuelas, la contratación de los maestros -a pesar del concurso de plazas a nivel federal- y “resolver los problemas cotidianos”.
Por el contrario, las modificaciones a los planes de estudio y métodos de enseñanza están negadas a los estados y los pocos que tienen la oportunidad de realizar un cambio deben someterlo a la aprobación de la Federación, por lo que “es una descentralización que a 20 años de distancia la vemos como insatisfactoria”.
Asimismo, dijo que “la reforma curricular de 1993 ha sido una de las más congruentes, más profundas, desde el punto de vista de los contenidos, desgraciadamente no en la operación del sistema (…) sí hay evidencias de que ha cambiado en 20 años, pero con mucha lentitud e insatisfactoriamente”.
Roberto Rodríguez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comentó que esta reforma publicada durante la administración del ex presidente Carlos Salinas tuvo avances importantes, por ejemplo, cada entidad ya cuenta con su ley estatal de educación, pero la repartición de los recursos ha entorpecido el avance.
“Los avances se han visto sesgados por la repartición de los recursos, los estados siguen dependiendo del centro económicamente y mientras este sistema no se modifique va a seguir resultando complicado”; además, a pesar de que cada entidad tiene su ley educativa los planes de estudio siguen siendo centralizados, no obedecen a las necesidades de cada región, puntualizó.
Sin embargo, la descentralización también tiene sus consecuencias, ya que un problema educativo derivó en conflictos de intereses, como ocurre en diversas entidades del sureste del país, como Oaxaca, Guerrero, Chiapas e incluso Michoacán y Zacatecas, indicó al referirse a los movimientos de los maestros disidentes.
Aunado a lo anterior, dijo, “la reforma del 93 fue dirigida a la educación básica, pero la educación básica no lo es todo, los niveles media superior y superior quedaron desprotegidos y sus posibilidades a nivel federal quedaron ligadas a lo que cada entidad pudiera hacer por su parte”.
Apenas la semana el secretario de Educación, José Ángel Córdova y Emilio Zebadúa, presidente de la fundación SNTE, expusieron que es necesaria una nueva reforma que considere no sólo la cobertura, sino la calidad de la enseñanza, que se base en una educación bilingüe (inglés-español) y en la que se ocupen las nuevas tecnologías con mayor eficacia.
Ante esta propuesta los académicos de la UNAM y de la Iberoamericana coincidieron en que además de una nueva modificación a la Ley General de Educación se deben concluir los objetivos planteados en 1993 y planear a mediano y largo plazo, ya que “las reformas que tienen que llegar a la aula son procesos muy largos, incluso hay investigadores que dicen que tardan alrededor de 20 años en entrar”, afirmó Schmelkes Del Valle.
A consideración de la investigadora, la educación bilingüe que propusieron las autoridades educativas el jueves pasado durante La Cumbre de la Comunicación2012, se debía haber planteado desde la reforma de 1993, ya que un año después, en 1994, México y Estados Unidos firmaron un Tratado de Libre Comercio con la intención de romper las barreras internacionales, económicas e incluso sociales.
Por otra parte, Zebadúa González, aseveró que hasta el momento la Alianza por la Calidad Educativa –firmada entre la SEP y el SNTE en 2008 y que es continuidad de la reforma de 1993- no se ha cumplido, ya que “no se ha establecido una verdadera coordinación entre los 33 sistemas educativos o en otras palabras, entre las entidades de la República, sus autoridades y el gobierno federal (…) y segundo, no se ha hecho una política integral de reforma educativa”. 
“No se ha invertido en infraestructura para formar en inglés a los maestros y a los alumnos, no se ha modernizado la burocracia de la SEP, o de las secretarías de educación de los estados”, lamentó en entrevista, al término de la Cumbre. 
El reto ahora no es sólo educar mejor a los jóvenes del futuro, sino darles la seguridad de obtener un empleo, “eso requiere un acuerdo multisectorial, la educación por sí misma no puede resolver el problema de los ninis -que actualmente son más de siete millones 800 mil en el país-, lo único que puede hacer es preparar mejor a los muchachos, que tengan más conocimiento, más competencias”, precisó Rodríguez Gómez, y aseguró que “la educación por sí misma no genera los empleos”, éstos se crean en el sector productivo, las empresas y el gobierno, subrayó.

Línea del tiempo
  • 1921 se crea la SEP
  • 1921-1940 se otorga al gobierno federal la totalidad de los sistemas educativos
  • 1934 se reforma la ley y se hace obligatoria la educación primaria
  • 1943 se unifican todas las organizaciones del gremio en un sólo sindicato
  • 1973 la Ley Federal de Educación -como se llamaba anteriormente- refuerza a la SEP con la centralización de las decisiones sobre el currículo, la elaboración y distribución de libros y materiales educativos, la planeación y programación de espacios educativos y la contratación del personal
  • 1992  se firmó el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica y Normal (ANMEB), en el que se establecía la reforma de 1993
  • 1993 se publica en el DOF la reforma, en la que se establece su descentralización y modificación de los planes de estudio y métodos de enseñanza
  • 1993 se hace obligatoria la secundaria
  • 2008 se firma la Alianza por la Calidad de la Educación entre la SEP y el SNTE
  • 2012 entra en vigor la obligatoriedad de la educación media superior



Derechos Reservados. Originalmente publicado en Diario 24 Horas. Síguelos en Twitter: @diario24horas
Sylvia Schmelkes del Valle es Socióloga y Maestra en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana - Ciudad de México). Actualmente es Directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la UIA.

20 de septiembre de 2012

Celebra INIDE 10 años de analizar al sistema educativo del país: Campus Milenio

Las decisiones tomadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP) durante el presente sexenio, al distribuir en escuelas programas que buscaban mejorar la calidad de la educación básica, no se basaron en  criterios como el aprovechamiento eficiente de los recursos, la promoción de la equidad o la maximización de la eficacia pedagógica de dichos programas. 
Así lo señaló Carlos Muñoz Izquierdo, coordinador de la línea de investigación Calidad y equidad en educación básica, con motivo del seminario que celebró el décimo aniversario del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana.
El experto apuntó que también se comprobó que al distribuir dichos programas, la SEP pasó por alto las sinergias que se generan cuando dos o más intervenciones educativas (como la llamada Enciclomedia o la “carrera magisterial”) son implementadas en las mismas escuelas.
“De estas dos conclusiones se desprende que las intervenciones analizadas fueron el resultado de decisiones discrecionales; lo que, a su vez, pudo ser resultado de la influencia de factores políticos o, peor aún, una consecuencia de los insuficientes conocimientos de quienes operan los programas mencionados", dijo.
Muñoz Izquierdo apuntó que gracias a investigaciones que han “cruzado” las bases de datos en las que la SEP concentra anualmente las características de las escuelas (infraestructura, recursos humanos y resultados académicos), con indicadores de los niveles de marginalidad de las localidades donde están dichos establecimientos.
Asimismo, un estudio longitudinal, basado en una encuesta levantada en un conjunto de escuelas ubicadas en una zona con altos niveles de marginalidad, se logró sintetizar la influencia de los distintos factores que, tanto desde el interior como desde el exterior del sistema escolar, intervienen en la generación del rezago escolar.
Al evaluar los resultados de diversos programas que han sido implementados por la SEP para mejorar la calidad de la educación básica, se logró determinar, por primera vez en México, el rendimiento marginal atribuible a cada programa (o combinación de ellos). 

*Derechos Reservados. Originalmente publicado en Campus Milenio.

18 de septiembre de 2012

La inequidad educativa en México

Por Mariana Dávila*

La inequidad educativa es un problema que aqueja al país. Esta es una causa más de la desigualdad social imperante, la cual aumentó en los últimos años. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señala que existen 52 millones de mexicanos viviendo en pobreza, estadística que del 2008 al 2010 se elevó en un 1.7%. Si se considera que el indicador internacional Programa para la Evaluación Internacional (PISA) establece que el desempeño académico es más deficiente en los estudiantes de un nivel socioeconómico bajo que en los que pertenecen a una clase social media o alta, dicha cifra habla del profundo rezago educativo al que nos enfrentamos.
Sin embargo, la raíz del problema no es puramente económica. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el Gobierno Federal destina el 6.2% del Producto Interno Bruto a la educación. Esto ha permitido que en la última década la cobertura se haya incrementado, colocando a México en el cuarto lugar de una lista de 38 países en lo que respecta a educación básica. Logro que a su vez es revertido en la educación de nivel superior en la cual sólo 4 de cada 10 jóvenes que ingresan logran graduarse. Lo que indica que la crisis educativa tiene que ver más con la falta de contenidos que con los insumos.
La Dra. Marisol Silva Laya, investigadora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), informa que el conflicto fundamental radica en que “la política educativa busca combatir la inequidad pero no conceptualiza adecuadamente el término, por lo tanto los programas gubernamentales no atacan la raíz del problema. Se tiende a asociar la equidad con la cobertura que, aunque ha tenido un alcance considerable, no se ha hecho bajo las condiciones adecuadas. Con esto me refiero a que generalmente las escuelas destinadas a la población más marginada no cuentan con la infraestructura apropiada ni el equipo necesario para garantizar un buen aprendizaje. Asimismo, la falta de calidad en los proyectos educativos no permite que haya un desarrollo integral en el estudiante.”
Por su parte, la organización Mexicanos Primero, que actualmente enfrenta un conflicto con la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) por condenar que las comisiones que el magisterio otorga a 22 mil de sus agremiados representan una malversación de fondos, coincide en que la inequidad es una problemática real en la educación del país. 
La investigadora Marisol Silva Laya concluye que si se quieren disminuir los índices de inequidad educativa en el país se deben llevar a cabo tres acciones fundamentales. En primer lugar, se requiere de una reestructuración de los programas educativos, ya que estos no responden a las necesidades de los estudiantes. En segundo, es de vital importancia contar con un personal docente bien capacitado que transmita sus conocimientos de forma adecuada. Y, por último, se debe lograr una distribución más equitativa del presupuesto destinado a la creación de escuelas.


* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Ibero 90.9

El rezago educativo en México, un reto a combatir

Por Mariana Dávila*

La educación es el eje fundamental para el progreso de un país, genera conocimiento, desarrolla la conciencia crítica de sus ciudadanos e incentiva la creación de capital intelectual, lo que deriva en sociedades más competitivas y prósperas. El reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), dirigida por el mexicano, José Ángel Gurría, señaló que México ocupa el último lugar en expectativa de graduación en el bachillerato con un 47% y el penúltimo en el nivel superior con un 20% y existen 5.4 millones de personas analfabetas en el país. Cifras que exponen el profundo rezago educativo en el país, el cual se muestra también en el documental ¡De Panzazo!: 
De acuerdo con el Dr. Carlos Muñoz Izquierdo, investigador emérito del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), “la raíz del problema es la inequidad educativa que sufren las personas de bajos recursos, la falta de infraestructura en los planteles de las comunidades desfavorecidas y la falta de calidad en los programas de estudio, así como en el personal docente que los imparte.” Este último punto se explora más a fondo en el reportaje de Angélica Guerrero para NotimexEducación en México
Más allá del atraso educativo, la cuestión es preocupante porque afecta todo el tejido social. El informe de la OCDE reveló que México es el tercer país con más jóvenes que no estudian ni trabajan en el mundo, más de 7 millones, pero un dato que hay que destacar también es que la tasa de desempleo más alta es para quienes concluyeron el nivel superior de educación: “Hecho que desmotivan a los jóvenes a continuar con su formación académica, obligan a los profesionales a probar suerte en otros países y orillan a la población a incurrir en actividades delictivas. A la par que nos generan un estancamiento cultural y una falta de productividad enormes.”, opinó para El Universal, Efe Héctor Castillo Berthier, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.
A pesar de la gravedad del asunto, todavía no existe una solución viable para frenar el rezago educativo, por ello es importante conocer las opciones para tratar de frenarlo. “En primer lugar es imperante reducir los índices de pobreza y la desigualdad social que prevalecen en el país. En segundo, es necesario destinar más financiamiento público al mejoramiento de la calidad educativa. Finalmente hay que encontrar una forma de impartir una educación que verdaderamente responda a las necesidades y posibilidades de los distintos sectores sociales. Sólo a través de la educación de calidad nos será posible construir una sociedad igualitaria, políticamente participativa, económicamente productiva y adecuadamente preparada para enfrentar problemas futuros.”, estableció el Dr. Muñoz.

* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Ibero 90.9

14 de septiembre de 2012

Urge rector de la UIA a un cambio radical en el modelo educativo


Por Cesar Arellano*

El rector de la Universidad Iberoamericana, José Morales Orozco, aseguró que para disminuir el rezago educativo en la población juvenil tiene que haber un cambio radical en el modelo educativo del país, de lo contrario, dijo, el número de jóvenes que ni estudian ni trabajan (ninis) seguirá en aumento.
Asimismo, señaló que tienen que cambiar las relaciones laborales entre la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que obstaculizan mejorar la calidad en la educación y el rendimiento académico.
"Mientras el sistema no asuma este desafío, estos ninis siempre existirán, porque el gobierno no tendrá la capacidad, primero, de ofrecer una educación de calidad y luego de retenerlos. Es muy preocupante el hecho de que haya jóvenes que no tienen acceso a la educación y a través de ésta a una movilidad social".

En entrevista, luego de asistir a la ceremonia de celebración del Décimo Aniversario de su Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Ibero, el rector dijo que también el problema de los ninis se debe a que en México hay una gran inequidad educativa. "Desafortunadamente, el gobierno gasta más en quienes menos necesidades tienen y menos en los jóvenes que más necesidades requieren de una educación de calidad; esto produce una seria desigualdad en nuestro país".
Al respecto, añadió que las autoridades tienen que hacer un esfuerzo para disminuir el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan, “ofreciéndoles un lugar en las aulas, así como una educación de calidad y los jóvenes que ahorita no la tienen o que han desertado de sus estudios reincorporarlos de nuevo al sistema educativo”.

* Derechos Reservados. Originalmente publicado en La Jornada (14 de Septiembre de 2012)

13 de septiembre de 2012

La educación intercultural: Una necesidad para el desarrollo de México

Por Mariana Dávila*

La interculturalidad es un proceso de intercambio cultural basado en el respeto, la igualdad y el enriquecimiento muto. El concepto es relevante para México por dos razones. En primera, es un país profundamente pluricultural al contar, según el Unicef, con 12 millones de habitantes indígenas (10% de la población) y, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), con 961 mil 121 residentes extranjeros. En segunda, porque ésta, al admitir y fomentar el respeto a la diversidad, constituye un motor para construir sociedades más democráticas.
La manera más efectiva de alcanzarla es mediante la educación intercultural, la cual en México todavía no se implementa del todo. De acuerdo con la Dra. Sylvia Schmelkes, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), esto se debe al imperante racismo de la sociedad. “La discriminación hacía los grupos más marginados, sobre todo las comunidades indígenas, ha derivado en la creación de sistemas educativos homogéneos. En ellos, la lengua y la cosmovisión de culturas diferentes a la mestiza tienden a ser relegadas. La educación intercultural tendría que ser para toda la población. Las clases dominantes han interpretado este sistema académico como un modelo donde se debe aspirar a que las minorías étnicas adoptan los rasgos de la cultura predominante, aunque al hacerlo pierdan parte de su propia identidad. Prueba de ello es que en muchas escuelas indígenas, su lengua materna sólo se enseña tres horas a la semana”.

La falta de educación intercultural vuelve al sistema educativo excluyente e inequitativo. Una investigación conducida por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Unicef señala que más de medio millón de menores indígenas (6.3% de los niños en edad escolar) no han accedido nunca a la educación formal o la han abandonado sin aprobar ningún año de estudio. Asimismo, programas de apoyo económico como Oportunidades siguen sin tomar en cuenta a dicho sector.

Para aminorar el rezago ya se están implementando programas que fomentan la educación intercultural. Uno de ellos es el de doble inmersión bilingüe en el municipio de Xochistlahuaca en Guerrero, en donde 21 escuelas primarias indígenas han comenzado a enseñar la lengua amuzga y el español. “A un año de su ejecución los resultados son alentadores. Los niños de segundo grado que se educan bajo este sistema están leyendo y escribiendo mejor que los de quinto grado que siguen el sistema tradicional de enseñanza.”, informó Sylvia Schmelkes.

La investigadora concluye que hay que apostar por este tipo de educación no sólo para fortalecer las raíces de las comunidades minoritarias, sino también para impulsar el intercambio cultural, el cual contribuye al enriquecimiento social y, por ende, a la construcción de naciones más prósperas.



* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Ibero 90.9

Transición educativa (primera parte)

Por Pedro Flores Crespo*
Debido a que las impugnaciones sobre la elección del primero de julio no prosperaron, México tiene ya un presidente legalmente reconocido para el periodo 2013-2018: Enrique Peña Nieto (EPN). La transición está en marcha y habrá que discutir en qué consiste, qué podemos esperar y qué escenarios se vislumbran dentro del ámbito educativo.
Lo primero que habrá que reflexionar es si el reemplazo del gobierno panista por uno priísta representa una verdadera transición para el sector educativo. Una transición significa pasar de “un modo de ser o estar a otro distinto” (RAE). En política, esta definición contiene una valoración positiva – “si cambiamos, es para mejorar” – y además, encierra tres diferencias para la política: Un modo distinto en: (1) la forma de gobernar, (2) en las políticas y acciones específicas y (3) en la inclinación ideológica. Sobre el tercer punto, varios comentaristas han observado que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), últimamente, no se complica la vida en definiciones ideológicas. El Revolucionario Institucional es ahora una organización política pragmática que sabe adaptarse con facilidad al contexto con tal de cumplir sus fines. En términos ideológicos, por lo tanto, no creo que veamos transición alguna.
En términos de políticas educativas y acciones concretas tampoco avizoro una transición. Revisando las propuestas de campaña de EPN se puede advertir que la mayoría de éstas dibujan una línea de continuidad con la agenda educativa propuesta por las dos administraciones pasadas. Se habla, por ejemplo, de “consolidar” las jornadas escolares completas, ofrecer incentivos económicos a los maestros con base en los rendimientos escolares de sus alumnos – un error, por cierto –, “perfeccionar” el programa de Carrera Magisterial, “continuar” con la implementación del Examen Nacional de Conocimientos y Habilidades Docentes para la obtención de las plazas, ampliar la cobertura en educación media superior y superior, seguir con el otorgamiento de becas, “fortalecer” la educación a distancia y algo que es el leitmotiv de cualquier político en campaña: “Habrán más dinero para la educación”.
Si no hay variación en términos de políticas ni tampoco en la ideología y las creencias que las sustentan, ¿en verdad estaremos hablando de una transición con la llegada del PRI al gobierno federal? No, pero existe una oportunidad de respaldar las palabras con hechos si la nueva administración introduce cambios sustanciales en la forma de organizar y gobernar el sistema educativo. Estos cambios implican por lo menos cuatro aspectos que - siguiendo a algunos teóricos del cambio político -, pueden ser: (1) reconstruir la autoridad, (2) institucionalizar los procesos de política, (3) articular mejor la estructura funcional de la SEP y (4) darle fuerte impulso a la participación social. A continuación explicaré el primero de estos aspectos y dejaré el resto para entregas posteriores.
Reconstruir la autoridad pública. Ante la conflictiva elección presidencial de 2006, la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) vio claramente la posibilidad de acrecentar su poder si convencía al presidente electo de que sin la intervención del SNTE no podría avanzar la educación del país. El presidente panista, contrario a los principios fundacionales de su partido, abrazó el credo corporativo y así nació la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE). Diversos estudios empíricos y reportajes de la prensa han mostrado los incumplimientos de la ACE. Los más graves son en materia de tecnologías de la información, equipamiento, participación social, asignación de plazas, reforma curricular y transparencia. En cambio ahora la dirigencia sindical puede presumir que ha atraído recursos para sus agremiados (véase, por ejemplo, el regresivo programa de estímulos económicos a maestros y directivos). ¿Quién entonces ganó con la ACE? ¿Un grupo político o la educación de México?
Al haberle cedido autoridad a un grupo sindical, cantidades importantes de poder público se trasladaron a manos de un actor que, por su naturaleza, opera con una lógica distinta al interés público. Bajo este escenario, y sin los recursos legales y judiciales necesarios, la SEP fue desautorizada. Como consecuencia, se perdió poder y eficiencia gubernamental. ¿Qué hacer entonces para recuperar la autoridad pública? Primero que nada, reconocer que dentro de la incipiente democracia de México los pactos corporativos son onerosos para la mayoría. El ejercicio del poder y de la autoridad demanda entonces la creación de esquemas institucionales mucho más complejos e impersonales y en esto la renovación legal y judicial es clave. Estos esquemas no deben servir para tratar de suprimir la voz de los diversos actores políticos, sino para recrear los espacios de poder con que debe actuar la autoridad pública. Es a través de estos espacios que pueden impulsarse las transformaciones educativas que la sociedad demanda. Reconstruir la autoridad pública en educación daría entonces una clara señal de que habrá transición.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

INIDE:10 años de contribuir en mejorar la educación

El INIDE ha generado proyectos que fundamentan teóricamente temáticas cómo la valoración del cumplimiento de metas del subprograma sectorial de educación superior, el desarrollo y heterogeneidad de las instituciones particulares de educación superior, el análisis comparativo de la formación docente en diversos países de América Latina, entre otros proyectos que consolidan la base de la investigación educativa que han generado.
El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) celebró ayer su décimo aniversario con un seminario dedicado a su historia, los principales hallazgos y las propuestas que ha generado para la investigación y el desarrollo de la educación en México.
En 1989, la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, con el afán de impulsar la investigación científica y tecnológica, creó la Dirección de Investigación y Posgrado, a ésta se le encomendó el establecimiento de proyectos de investigación académica con temas y problemáticas determinadas bajo una política institucional de alta calidad.
Uno de los proyectos fue el Programa Institucional de Investigación en Problemas Educativos, el cual estaba dedicado al análisis de la problemática educativa del país, y en específico en la educación superior.
Este fue uno de los primeros antecedentes del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), el cual fue inaugurado en el 2003 con la misión de contribuir a la mejora de la calidad de la educación que se imparte en México. A partir de esta misión, el INIDE toma como objetivos principales la detección y el análisis de los factores que impiden que la educación sea un apoyo para la mejora de la sociedad, el desarrollo de alternativas que ayuden a superar los problemas que la educación enfrenta y el diseño y la evaluación de estas alternativas para su innovación y renovación.
Investigadores como Carlos Muñoz Izquierdo, economista e investigador del SNI nivel III con experiencia en planeación y evaluación educativa; Pedro Flores Crespo, experto en el análisis de políticas públicas en educación y Sylvia Schmelkes, quien actualmente dirige el INIDE y quien se ha dedicado a los temas de calidad de la educación, educación de adultos, formación en valores y educación intercultural, conforman al equipo de académicos e investigadores que llevan a cabo la misión de la institución.
En la actualidad trabajan en el diseño formal de la línea de investigación sobre políticas educativas, en la sistematización de la transformación y desarrollo educativos de un internado indígena y en el desarrollo de un sistema de información sobre experiencias de formación para el trabajo, entre otros.

* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Educación a Debate.

6 de septiembre de 2012

ENLACE: los avances dentro de la desigualdad

Por Pedro Flores Crespo*

El miércoles 29 de agosto el doctor José Ángel Córdova, secretario de Educación Pública, presentó los resultados de la prueba Enlace (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares), la cual trata de medir el nivel de dominio que tienen los estudiantes de educación básica en áreas como español y matemáticas y en otras como Ciencias Naturales. Se dice que estas pruebas están “alienadas a currículum” lo que significa que sus preguntas tienen relación con lo estipulado en los programas de estudio vigentes. Si el niño sale bien en la prueba se puede afirmar que su proceso de aprendizaje —que es producto de lo que hace la escuela, familia, sociedad y gobierno—, está siendo favorable.
Los resultados de la prueba Enlace son importantes en la medida que brindan información para detectar áreas de conocimiento, grados o niveles (primaria o secundaria) que requieren mayor atención del gobierno y de la sociedad. Además, esta evaluación puede resaltar aspectos del aprendizaje que demandan una intervención más puntual de los padres, maestros y directivos escolares. Enlace, por lo tanto, podría ser un instrumento para exigir de modo informado que los maestros y los directivos hagan mejor su trabajo.
Como se recordará, Enlace fue una iniciativa del gobierno anterior al de Felipe Calderón, pero fue éste el que lo ha utilizado (y sobre dimensionado) como su bandera de cambio del sistema educativo, como bien lo ha hecho notar el doctor Eduardo Backhoff en Campus (476). La sobre utilización de evaluaciones como Enlace es un error y esperemos que el próximo gobierno sea sensible a la crítica social y rectifique el rumbo. Aplicar religiosamente cada año la prueba Enlace y ligarla con un esquema de incentivos económicos para los maestros y directores es un aspecto que habrá que discutir y revisar urgentemente. Quizás la aplicación anual de la prueba haya servido para entrenar a los niños a contestarla o quizás la ansiedad del maestro por salir bien evaluado lo haya motivado a organizar sus clases para responder exámenes y no para cultivar la inteligencia de la niñez mexicana. Estos supuestos deben ser desechados antes de sostener que “vamos por la ruta correcta” en materia educativa.
Pero, ¿qué reveló la séptima aplicación de Enlace en educación básica? Entre otras cosas, supimos que aun cuando existe una proporción mayor de niños de primaria en el nivel insuficiente y elemental en las áreas de matemáticas y español (56% y 58%, respectivamente), hubo también un crecimiento significativo en la proporción de estudiantes que se ubicaron en los niveles bueno y excelente. Mientras en 2006 sólo 17 niños de cada cien salían bien en matemáticas, ahora, en 2012, esta proporción creció hasta 44. En el área de español, este crecimiento fue mucho más modesto. En seis años, la proporción de niños ubicados en niveles buenos y excelente sólo creció seis puntos ya que pasó de 15 a 21 por ciento. Si descartamos los supuestos arriba mencionados, es alentador que en seis años haya aumentando el número de niños ubicados en niveles de logro académico altos. Se trata, nada más y nada menos, que de la niñez mexicana.
Sin embargo, estos avances – importantes como son – deben también comentarse a la luz de la equidad. ¿Se cerraron en estos seis años las brechas entre las opciones educativas más favorecidas (particular) con las más desfavorecidas (escuelas indígenas, comunitarias y telesecundarias)? En su presentación, el doctor Córdova señaló que todas las modalidades de la secundaria (particular, técnica, general y telesecundaria) registraron avances, aunque fue ésta última la que logró el mayor cambio. En 2006, sólo dos de cada cien jóvenes que asistían a la telesecundaria lograban niveles de logro académico altos en matemáticas. Ahora, en 2012, esta proporción aumentó considerablemente para situarse en 28. Sin duda alguna, esto es un notable avance que en palabras del titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), muestra una “clara tendencia a cerrar la brecha con las escuelas particulares”. De acuerdo, pero, ¿qué pasó en la primaria?
Si observamos la proporción de niños que alcanzaban niveles de logro académico alto en el área de matemáticas y español en las primarias particulares con respecto a las escuelas comunitarias (Conafe), podemos corroborar que las brechas se ampliaron (ver tabla). Para matemáticas, la brecha que separaba a las escuelas privadas de las comunitarias era, para 2006, de 32 puntos y ahora, en 2012, es de 42.3. Para español ocurrió lo mismo, la brecha se amplió de 45 a 57 puntos porcentuales. Esto significa que la capacidad para ubicar a un mayor número de niños en niveles de logro académico alto en el área de matemáticas y español es mucho mayor en las escuelas particulares que en aquellas que enfrentan mayores desventajas socioeconómicas.
¿Qué hará el nuevo gobierno para revertir la desigualdad y contrarrestar los factores que benefician en mayor grado a los grupos mejor posicionados social y económicamente? Esperamos acciones y políticas imaginativas basadas en la amplia base de información que la SEP y las agencias de evaluación han generado en los últimos años; pues el reto es avanzar en términos de aprendizaje pero sin generar mayores desigualdades.
También se presentaron los resultados de Enlace para educación media superior, pero aquí sólo se hace referencia a los de la educación básica.
Proporción de niños ubicados en niveles altos de logro escolar y brechas entre modalidades
Matemáticas

2006
Brecha2006
2012
Brecha
2012
Particular
39.8

61.3

Comunitaria
7.5
32
19.0
42.3

Español

2006
Brecha2006
2012
Brecha2012
Particular
52.4

67.8

Comunitaria
6.9
45.5
13.1
54.7
Esta observación fue producto de las pláticas y discusiones que he sostenido con amigos y colegas como Alejandro Márquez (UNAM) y el equipo de indicadores del Instituto Nacional para la Evaluación del la Educación (INEE).

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.