3 de septiembre de 2012

Regreso a clases ¿y vuelta al pasado?

Por Pedro Flores Crespo*
Laico es quien sabe abrazar una idea sin someterse a ella…
-Claudio Magris en Laicidad la gran incomprendida.
Si bien ninguna forma de vida es la mejor para todos, algunas resultan malas para cualquiera.
-John Gray en Una ilusión con futuro.
El lunes 20 de agosto volvieron a la escuela 27.5 millones de niñas, niños y jóvenes y 1.2 millones de maestros. Es alentador ver la fuerza que despliega en esos momentos la sociedad mexicana, la cual sigue considerando a la educación como un factor para que los individuos asciendan socialmente, mejoren sus ingresos y acrecienten su cultura. Por ello, el regreso a clases me parece una acción digna de comentar.
El ciclo escolar 2012-2013 será particularmente especial por varias razones. Entre ellas, están las razones históricas. Hace 20 años el gobierno federal, los gobiernos de los estatales y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) firmaron el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB). Este Acuerdo - que dio paso a la Ley General de Educación de 1993 - impulsó cuatro políticas que le imprimieron rumbo definido a la educación básica. Estas cuatro políticas son: descentralización (o federalismo), formación docente, reforma curricular y participación social. Veinte años son más que suficientes para retomar la discusión sobre el diseño y funcionamiento del ANMEB y sobre todo, para imaginar nuevos arreglos institucionales y políticos que contribuyan a fundar un esquema de gobernabilidad democrático y eficiente. En este sentido, opinaría que el “federalismo”, así como la participación ciudadana tienen que revisarse a fondo.
Una segunda razón histórica para poner atención en el inicio de este ciclo escolar es que, si todo salió bien, ahora estarán terminando la educación básica la generación de jóvenes que ingresó a la primaria cuando se logró la alternancia partidista y se allanó el caminó para la transición democrática. Esto también hace preguntar si los niños – ahora jóvenes – que estudiaron bajo un régimen democrático fueron mejor formados que si lo hubieran hecho durante el régimen de partido único. Habrá que reunir los datos y dar pronto una respuesta a esta pregunta.
Pero hay otras buenas razones para preocuparnos por el regreso a clases en este 2012. La esperanza de que al volver a la escuela nuestros hijos ampliarán sus capacidades, serán más independientes, compasivos y responsables se obscurece cuando se conocen algunas noticias recientes sobre la vida del país y del sector educativo. Veamos.
El mismo día en que regresaban a clases millones de niños y jóvenes, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer un boletín de presa que anunciaba, según datos preliminares, que en 2011 se registraron 27,199 homicidios en el país. Esto representa una proporción de 24 homicidios por cada 100,000 habitantes y lo triste es que en 2007 esta proporción era significativamente menor (8). La inseguridad que actualmente vivimos no es aliada del derecho de los niños a recibir educación y esto debe preocuparnos a todos.
Otra razón para preocuparnos por el futuro de la educación lo ilustra la comunidad Nuevo Jerusalén (NJ) en el estado de Michoacán. NJ fue fundada en 1973 luego de que supuestamente se apareció la Virgen del Rosario y mandó un mensaje al párroco, Nabor Cárdenas (Papá Nabor), de construir una comunidad “divina”. Bajo esta creencia, Papá Nabor impuso un código de conducta anacrónico: prohibió los televisores, radios, usar ropa “moderna” y la educación laica. El fanatismo ha llegado a tal punto que en julio pasado varios “iluminados” de NJ destruyeron escuelas de la comunidad por “mandato celestial”. Ante ello, varios habitantes que no comparten las creencias del actual obispo, San Martín de Tours, heredero de Papá Nabor, acondicionaron una casa como escuela. Ante esta acción, los seguidores del líder religioso reaccionaron construyendo casetas de vigilancia para impedir el paso de maestros y alumnos que quieran estudiar bajo los preceptos que marca la Constitución Política de México como el laicismo y el combate a los fanatismos. Estos terribles hechos hacen preguntarnos qué hizo mal la sociedad michoacana —y sus gobiernos— para permitir tales atropellos a la razón y a la modernidad.
La ignorancia y la violencia no pueden seguir amenazando nuestra incipiente democracia ni ser más grandes que la fuerza que despliega una sociedad cuando regresa a clases con la esperanza de mejorar individual y colectivamente. Cultivemos la razón y regresemos a clases con alegría, no adoremos de manera acrítica el pasado ni permitamos que algunos “iluminados” normen nuestras vidas. Esto sí que puede provocar estallidos sociales.

*Pedro Flores Crespo es doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

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