25 de septiembre de 2012

Transición educativa (segunda parte)

Por Pedro Flores Crespo*
He sostenido aquí que la llegada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus aliados al gobierno federal abre diversas dudas sobre si México experimentará una verdadera transición en el ámbito educativo. Parece que en términos ideológicos y en orientación de políticas y programas no habrá grandes cambios con respecto a las dos administraciones pasadas. Pese a ello, también he comentado que existe una oportunidad de transitar del actual —y limitado— modelo de gobernabilidad del sistema educativo a uno que sirva para ampliar la efectividad de las políticas y programas orientados a mejorar la calidad de la educación de México.
Esta nueva forma de organizar y gobernar el sistema educativo podría construirse si, a mi juicio, se reconstruye la autoridad pública, se institucionalizan los procesos de política, se articula mejor la estructura funcional de la SEP y se le otorga un decidido impulso a la participación social. La semana pasada expliqué el primero de los cuatro puntos (reconstrucción de la autoridad) y ahora procedo a comentar otros dos. En primer lugar, ¿qué significa institucionalizar los procesos de política? Básicamente, introducir reglas para modular la acción de los actores que operan dentro del sistema de políticas para que se vaya construyendo la “superioridad técnica” (Weber) de un régimen político moderno.
La necesidad de institucionalizar la política educativa es cada vez más evidente en estos días en que especulamos quién será el nuevo secretario o secretaria de Educación Pública. La ansiedad por saber el nombre del nuevo secretario es directamente proporcional a la precariedad de nuestra institucionalidad educativa. Si tuviésemos instituciones sólidas, flexibles y con procedimientos claramente establecidos para orientar el rumbo de la educación mexicana, no importaría quién llega a la SEP. Si los privilegios de grupo estuvieran desterrados de la política mexicana, no sería tan determinante para el futuro de la educación quién es el secretario, subsecretario o director general.
Institucionalizar los procesos de política significa despersonalizarlos. Para reforzar este punto, permítanme usar una anécdota. Una vez que le pregunté a un alto ex funcionario de la SEP cuáles pensaba que había sido las tres políticas más exitosas del sector educativo, me respondió: “Vasconcelos, Torres Bodet y Solana”. La personalización de los ciclos de políticas es un rasgo característico de sistemas políticos en donde impera la figura para explicar el éxito o fracaso de las políticas. Una forma moderna de gobernar el sistema educativo sería haciendo menos relevantes los apellidos y creando sistemas de organización política más allá de la voluntad del personaje. ¿Tendrá el PRI el deseo de avanzar en este sentido como para poder constatar que habrá cambio en el ámbito educativo? ¿Sabrán leer los jóvenes del equipo de transición la nueva realidad?
Es evidente que en el sector educativo los actores sociales se están multiplicando, la información es cada vez mayor y más plural, el poder se está esparciendo en los distintos órdenes de gobierno y la preocupación por lo que ocurre en el sistema educativo ha crecido a tal grado hasta convertirlo en un espacio de constante disputa y debate.
Pasemos al tercer elemento sugerido para hablar de una verdadera transición en el sector educativo: La articulación de la estructura funcional de la SEP. Esto significa, por un lado, identificar los cambios más urgentes que habrá que impulsar la Secretaría (e.g. abatir el rezago educativo, elevar la calidad de la secundaria mexicana y hacer pertinente el bachillerato, por ejemplo) e imaginar, por otro, cómo podría organizarse mejor para hacerle frente a esos retos.
Así como decimos que fue un error de Acción Nacional haber cedido partes de la autoridad pública a la dirigencia sindical en el periodo 2007-2012, también es importante reconocer que durante el primer sexenio panista (2001-2006) se crearon importantes unidades administrativas para el desarrollo educativo del país. Gracias a la reestructuración de 2005, surgió la Subsecretaría de Educación Media Superior y años antes, la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe, así como el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. El tema de los jóvenes, de los indígenas y la necesidad de contar con una base de información independiente del poder ejecutivo impulsaron una nueva estructura funcional de la SEP. Ahora se habla de crear una nueva Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, idea que Enrique Peña Nieto (@EPN), en tiempos de campaña, no suscribió.
La SEP forma una de los cuerpos burocráticos más extensos de la administración pública, como bien lo hizo notar Alejandro Canales en Campus (14/06/12) y sin embargo, tal magnitud no se ha traducido en una eficiencia gubernamental generalizada. Las instituciones son valiosas en la medida que cumplen con el interés público y amplían las posibilidades de vida de las personas. Pregúntele usted a una mujer indígena de la tercera edad, a un hijo de un jornalero agrícola, a una joven con capacidades diferentes, a un asesor del Instituto Nacional para la Educación de Adultos (INEA) o a una maestra del medio rural que lucha por alcanzar autonomía sindical si se siente respaldada por las instituciones que mantiene la SEP. Hay una oportunidad de defender las palabras con hechos, ¿estará el nuevo gobierno a la altura de las circunstancias? Presionemos con argumentos y acciones razonadas para que así sea.


*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

No hay comentarios. :

Publicar un comentario