5 de noviembre de 2012

Universidades tecnológicas y politécnicas: posibilidades de desarrollo

Por Pedro Flores Crespo*

Con fecha del 11 de octubre, el Diario Oficial dio a conocer algunas adecuaciones al Reglamento Interior de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que, entre otras cosas, establece la unión de la coordinación de universidades tecnológicas con la de las politécnicas. ¿A qué responde este cambio? Hasta donde pudo verse, no existe un boletín de la SEP o de la Subsecretaría de Educación Superior (SES) que exponga los argumentos técnicos y políticos para unir ambas unidades administrativas.
Se sabe, empero, que el modelo de universidades politécnicas (UP) fue concebido dentro del seno de la Coordinación General de Universidades Tecnológicas (CGUT). Quizás por ello, originalmente, se propuso que ambos subsistemas de educación superior tecnológica podrían compartir la misma unidad responsable, sin embargo, no fue así. La Coordinación de Universidades Politécnicas (CUP) nació por su cuenta, con personal compartido por la CGUT, pero sin una estructura legal propia. Esto seguramente dificultó el manejo administrativo que se hacía más complejo a medida que se multiplicaba el número de UP. Mientras en 2001 había sólo una UP, actualmente contamos con 49 de estas instituciones (oficialmente, 51). Al no tener una base administrativa sólida y propia, se pone también en riesgo la viabilidad del modelo educativo de las UP. Quizás por ello, la SES dio el paso hacia la fusión de ambas unidades en lo que ahora se llamará, la Coordinación General de Universidades Tecnológicas y Politécnicas (CGUTyP). Parece ser que entonces la propuesta original se impuso.
Al revisar las atribuciones de la nueva coordinación, es notable observar que no se trata solamente de sentar las bases para un adecuado manejo administrativo y financiero de las UP, sino también de crear sinergias institucionales entre ambos subsistemas (UT y UP). En el nuevo Reglamento se habla de “[p]romover que las universidades tecnológicas y politécnicas formulen programas integrales de fortalecimiento institucional que les permitan alcanzar niveles superiores de desempeño”. Se enfatiza, además, la necesidad de “coordinar” el funcionamiento y operación de ambos subsistemas y de “[a]poyar las acciones de concertación que propicien el desarrollo y consolidación de las universidades tecnológicas y politécnicas”.
Con estas nuevas disposiciones se abre, a mi juicio, una valiosa oportunidad para que ambos subsistemas aprendan uno del otro y consoliden sus fortalezas tales como el programa de estadías o la generación sistemática de información e indicadores que otros subsistemas de educación tecnológica no han desarrollado a pesar de haberse creado muchos años antes.
Asimismo, al tener una unidad administrativa única, los dos subsistemas (UT y UP) podrían articularse mejor para hacer frente a sus limitaciones tales como la necesidad de formar integralmente a los jóvenes o hacer más eficiente el tránsito del nivel de Técnico Superior Universitario al de ingeniería o licenciatura. Rebasar el enfoque vocacional y responder a las aspiraciones razonadas de los jóvenes son dos puntos que cualquier cambio organizacional tendría que tomar en cuenta. El hecho de crear o suprimir unidades burocráticas debe beneficiar, en primera y última instancia, a los jóvenes más que al funcionario, rector o grupo de interés que éste represente. Esperamos que los nuevos cambios en el Reglamento Interno de la SEP caminen en este sentido. Habrá que estar atentos.
Otro de los temas que también llama mucho la atención en las nuevas disposiciones del Reglamento de la SEP es el del impulso a la investigación. Se dice que habrá que “[f]omentar en las universidades tecnológicas y politécnicas el desarrollo de actividades de vinculación e investigación que fortalezcan la docencia y apoyen la articulación con los sectores de producción de bienes y servicios”. Con ello, parece haber una idea mucho más consistente de cómo una universidad puede tener un impacto amplio en su entorno social y económico que el mero hecho de insertar profesionales en el mercado laboral.
Si las UT y las UP unen esfuerzos científicos – cuestión que cruza la incorporación y desarrollo de una planta de investigadores –, identifican las necesidades sociales y económicas de las regiones en que se asientan y articulan esfuerzos intelectuales no sólo para dar respuesta a éstas, sino para transformarlas, un modelo distinto de educación superior tecnológica podría estarse formando. Con un modelo educativo más integral, no sólo se esperaría que las UT y UP preparen al personal para empleos específicos, sino que también puedan hacer que los sujetos universitarios produzcan parte del cambio social y la transformación que algunas regiones del país realmente necesitan. La adaptación al contexto es una capacidad de la universidad, como lo es también su transformación. ¿Avanzarán hacia allá las UT y UP o seguirán ellas mismas limitando su potencial? Vamos a estar atentos de estos cambios y ver cómo avanzan dentro del nuevo contexto político del país. Seguramente, volveré al tema en los próximos números de Campus.
Postcriptum. Invito a todos los interesados en discutir el futuro de la educación técnica y tecnológica en México y en América Latina al seminario que se realizará en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, el 27 de noviembre del presente de 10:00 a 14:00 horas. Se contará con la participación de algunos funcionarios de la SEP y destacados especialistas nacionales e internacionales. Para confirmar, escribir a:pedroa.flores@uia.mx


* Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

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