13 de diciembre de 2012

Nombramientos en SEP: apariencias y reacomodos


Por Pedro Flores Crespo*
¿Cómo leer las nuevas designaciones de funcionarios en la Secretaría de Educación Pública? ¿Hay razones para ser optimistas? ¿Son las personas las que impulsan en mayor grado el cambio educativo? Respondamos a estas tres preguntas.
En primer lugar, diría que en un régimen plenamente democrático, los nombres de las personas que llegan a ocupar altos puestos en la burocracia gubernamental no deberían ser tan importantes. Pero como en México no tenemos marcos institucionales sólidos y bien definidos que regulen la conducta y el actuar de los políticos, nos vemos en la necesidad de especular sobre quién es “el bueno”. Con las tradiciones, normas, reglas y leyes que actualmente tenemos dentro del sistema educativo, hasta un santo terminaría haciendo lo que cualquier ciudadano reprobaría. Altanería, arbitrariedad y patrimonialismo (pensar que el puesto es de él y por lo tanto, que debe pasárselo a un allegado) son prácticas que nuestras remodeladas y certificadas oficinas gubernamentales crean y reproducen.
Revertir esta situación es complicado porque el que detenta el poder tiende a adecuarse confortablemente a estas prácticas y tradiciones. Así, es muy difícil que el gobierno en turno proponga cambios para un renovado ejercicio del poder. Los cambios institucionales, por lo tanto, tienen que venir de la oposición si es que ésta posee una visión de largo plazo y moderna. No es siguiendo con vehemencia al caudillo como se limita el poder unipersonal de los gobernantes, por cierto.
¿Hay razones para ser optimistas ante los nuevos nombramientos en la SEP? El que Emilio Chuayffet, nuevo titular de la Secretaría, haya sido adversario político de Elba Esther Gordillo no revela automáticamente una clara y probada capacidad para impulsar el cambio educativo. Los pleitos políticos son una cosa y la formulación e implementación de las políticas públicas es otra. Espero, por el bien de la educación pública de México, que el nuevo secretario posea y demuestre la capacidad para poder introducir las transformaciones que la educación de México requiere urgentemente.
En donde parece haber indicios alentadores es en la designación de Alba Martínez y Rodolfo Tuirán como subsecretarios de Educación Básica y de Educación Media Superior, respectivamente. A la primera funcionaria, tuve la oportunidad de escucharla en un debate sobre profesionalización docente en la Ibero y me pareció que sus argumentos partían de un amplio y sólido conocimiento sobre el campo de formación de maestros. Ojala la profesora Martínez haga uso de ese conocimiento para poder definir, de manera plural, el grave problema de la formación del magisterio, formular una agenda consistente e instrumentar acciones mucho más efectivas en beneficio de los maestros y la niñez mexicana. Más discusiones razonadas y menos paternalismo es lo que se requiere para construir políticas y programas orientados a formar, seleccionar y promover al maestro mexicano.
De Tuirán diría que aunque quedaron algunos pendientes durante su gestión como subsecretario de educación superior (e.g. la renovación y puesta en marcha de un sistema de evaluación, certificación y acreditación de la calidad universitaria), es digno de reconocerse su papel como interlocutor entre el pasado gobierno panista y los rectores de las distintas universidades del país, así como su esfuerzo por ampliar la cobertura de la educación superior. Seguramente, el nuevo subsecretario de educación media superior seguirá cultivando sus dotes de buen negociador, se abocará a trabajar por elevar la cobertura en el bachillerato mexicano y tratará de llevar a buen puerto la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) que comenzó su compañero Miguel Székely.
Sobre el nuevo subsecretario de educación superior, Fernando Serrano se sabe que es una persona culta y destacado abogado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En relación con el nombramiento de Enrique del Val como titular la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas (UPEPE), me sorprendió escuchar que esta unidad se transformaría en subsecretaría. ¿A qué responde este cambio? Hasta donde se tiene entendido, cuando la SEP se reestructuró en 2005, sólo podía haber tres subsecretarías por secretaria por razones de “austeridad”.
¿Qué funciones desempeñará la nueva subsecretaría como para justificar su creación? Además, el perfil que en ese entonces se le quiso dar a la UPEPE era más estratégico y técnico que político. Al subirla ahora de rango, ¿qué perfil tomará? Por otra parte, es importante preguntar si al encabezarla un ex funcionario de la UNAM, se seguirá escuchando desde Copilco el tono de confrontación como en los tiempos panistas.
A este respecto, llamó mucho la atención que el rector de la UNAM, José Narro Robles, no hiciera una declaración inmediata y espontánea ante las detenciones arbitrarias de jóvenes y maestros universitarios ocurridas el día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. Al contrario de Narro, otros rectores, inmediatamente, condenaron la violencia “venga de quien venga” y luego ofrecieron asesoría legal a los estudiantes “dentro del marco de la ley”. ¿Qué explica el largo silencio de Narro? Quizás su ausencia —salió de viaje—o tal vez un cálculo político en virtud del reacomodo de las nuevas élites de gobierno.
En resumen, hay razones para ser optimistas en virtud del perfil y trayectoria de algunos funcionarios que pueden facilitar y sostener discusiones plurales de los problemas educativos del país; en segundo lugar, no hay que perder de vista el reacomodo de la élite unamita en el desarrollo de la acción pública y en tercero, pareciera que el PRI está decidido a mejorar la implementación de las políticas aún cuando su agenda no sea del todo original.
Agradezco a la maestra Dulce C. Mendoza sus observaciones.

* Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

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