6 de diciembre de 2012

Premios y protestas

Por Pedro Flores Crespo*
La investigación educativa de México tiene un motivo más para celebrar. Uno de sus mejores exponentes, Carlos Muñoz Izquierdo, recibió de manos del Presidente de la República el Premio Nacional de las Ciencias y las Artes en el campo de la Historia, Ciencias Sociales y Filosofía. Sin duda alguna, este es un premio a la trayectoria de una persona que ha “enriquecido el acervo cultural del país y el progreso de la ciencia”. Muñoz Izquierdo ha cultivado el entendimiento de las formas en que la educación puede mejorar las dimensiones sociales, culturales y económicas de nuestra vida.
Con serenidad, este científico social nos ha enseñando a relacionar inteligentemente la teoría con los datos, a construir evidencia en aras de iluminar mejor la problemática educativa, a indagar las causas de la baja efectividad de las políticas y a proponer alternativas de acción como un ejercicio derivado del intelecto y de la razón. Muñoz Izquierdo no es un académico que se deje fascinar por sofisticados modelos econométricos, el dato o modas discursivas y teóricas - aunque en ocasiones se arriesgue a menospreciar y subvaluar trabajos originales -, tampoco suele utilizar discursos catastrofistas o alarmistas para llamar la atención sobre la problemática educativa. Es, en el campo de la investigación social, un ejemplo de sensatez y buen juicio y con ello, su obra ha tenido profundas repercusiones.
A finales de 2003, tuve la fortuna de volver a México y empezar mi carrera académica en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, cuyo director era precisamente Carlos Muñoz Izquierdo. Él ha criticado mi trabajo académico como yo el suyo y seguimos siendo amigos. Digo, ya ve usted que en México la crítica u opinión en sentido contrario sigue siendo un pasaporte seguro hacia el encono y la indiferencia. Le he agradecido que comente de manera elegante y poco complaciente esta columna; que platiquemos de cosas triviales en los comedores institucionales de la Ibero; que nos ponga al día de lo chistes de Catón y que nunca busque su lugar “reservado” - o hasta adelante - en los auditorios en donde se realizan eventos académicos u oficiales a los cuales es invitado.
Sobre el Premio – que se suma a otros de talla internacional - expresó que este reconocimiento le da esperanza de que su trabajo será más leído y aprovechado; pues su único interés es que más niños, principalmente de zonas indígenas y marginadas, tengan acceso a una educación básica de calidad: axiológicamente relevante, pedagógicamente eficaz, culturalmente pertinente, económicamente eficiente y socialmente equitativa. ¿No es esto un claro ejemplo de buen pensar?
Protestas, desinformación y parcialidad
Soy de la idea de que la democracia se construye con legalidad, instituciones sólidas, elecciones limpias y libertades para informarse, discutir, razonar y participar públicamente. Históricamente, el cambio político no parece haberse iniciado por el simple auto examen de las élites o de los representantes del poder. La crítica e inconformidad abierta de los individuos es una fuerza para la defensa y mantenimiento de los sistemas que nos hacen convivir pacíficamente como la democracia.
Los actos de protestas legítimos y vandalismo reprobable que observamos el día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto (EPN) como presidente hacen pensar en la responsabilidad de los actores no gubernamentales frente a un régimen cuyas formas de proceder, históricamente, eran ¿son? el autoritarismo y la represión. Los medios de comunicación electrónicos, por ejemplo, seguían la noticia del cambio de gobierno con banalidad y como si todo fuera un día de campo. Ante no más de 30 personas que estaban apostadas afuera de la casa de EPN, un reportero de TV Azteca proclamaba que había habido una “gran movilización” para saludar al presidente electo.
Con el mismo sentido de manipulación, empecé a recibir tuits de que en las protestas alrededor del palacio legislativo de San Lázaro, había muerto un joven a consecuencia de una herida de bala de goma en el rostro. Su nombre, según La Jornada, era Carlos Yahir Valdés de una organización de Oaxaca. Si mi indignación creció, imagínese usted el efecto que produjo esta información entre los que le apuestan al fracaso del gobierno priísta como una forma de reivindicar su fervor político. Aunque La Jornada no rectificó inmediatamente, después se supo que afortunadamente no había habido ningún deceso. ¿Para qué lanzar en esos momentos información que no tiene respaldo?
La creación de ficciones – como el de la “imposición” - daña profundamente cualquier avance democrático y la negación de la realidad puede ser el inicio de la intolerancia y la violencia. ¿De qué lado estamos los que nos suscribimos las formas de gobierno del PRI?

* Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

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