10 de enero de 2013

La equidad, el lado oscuro del sistema educativo

Por Carlos Reyes*

La equidad es la gran deuda pendiente del sistema educativo. Miles de estudiantes de todos los niveles están al margen de la calidad y la evaluación.
Las condiciones de igualdad en el acceso y la permanencia en las aulas siguen siendo un privilegio del que no goza el 100 por ciento de la matrícula escolar.
La movilidad social, la reducción de la pobreza, y un mejor desarrollo económico pasan por un sistema educativo incluyente.
Sin embargo, la desigualdad educativa impide avances más sólidos en estos rubros.
No todos los niños y jóvenes asisten regularmente a la escuela y permanecen en ella hasta concluir su escolaridad obligatoria en el tiempo previsto.
Si bien casi la totalidad de niñas y niños de 6 a 11 años, es decir, el 97 por ciento asiste a la escuela primaria y se avanza de manera importante hacia la universalización de la educación secundaria, ya que 91 por ciento de los niños de 12 a 14 años asisten a ella, la equidad es uno de los retos a saldar.
De acuerdo con especialistas en el tema, aunque en la última década se registraron avances importantes en términos de equidad en el acceso a la educación obligatoria, la inasistencia a estos niveles escolares fragmenta al sistema educativo.
Y más, en la población vulnerable, especialmente los niños y jóvenes en hogares pobres, indígenas que viven en localidades aisladas o cuyos padres cuentan con poca escolaridad.
Los logros en la cobertura universal del preescolar y del bachillerato aún constituyen un desafío. A la escuela asiste más del 71 por ciento de la población entre 3 y 5 años y más del 67 por ciento de quienes tienen entre 15 y 17 años de edad.
Y en los siguientes niveles, la parte superior de la pirámide más se estrecha.
Es éste, dicen los expertos, el rostro de un sistema educativo que está más allá de la certificación de la calidad, de las evaluaciones internacionales, y de una obligatoriedad que no termina de consolidarse a la velocidad que se requiere.

Diferencias considerables
Las brechas educativas son importantes cuando se trata de jóvenes entre 15 y 17 años. La asistencia a la escuela es considerablemente menor entre quienes están en situación de pobreza alimentaria, es decir 27 puntos porcentuales menos que los no pobres.
O bien, para quienes trabajan en jornadas de medio tiempo o mayores, es decir, 61 puntos menos que los que no trabajan o laboran jornadas más breves.
De acuerdo con los últimos datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), respecto de la equidad de género, casi de manera imperceptible se abre la brecha, ahora desfavorable para los varones, ya que asisten a la escuela en proporciones ligeramente menores que las mujeres.
Es decir, 0.3 puntos porcentuales menos, en el caso de quienes tienen entre 6 y 11 años, y casi 2 puntos, entre los jóvenes de 15 a 17.
Esta desigualdad, establece el INEE, tiene que ver con el tamaño de la población que reside en el país, ya que de los más de 112 millones de personas, casi 30 por ciento tiene entre 3 y 17 años, esto es, está en edad de cursar la educación obligatoria.
Aunado a ello, la dispersión poblacional, ya que el 23 por ciento de los habitantes vive en alguna de las 188 mil 594 localidades rurales que hay en el país; y la diversidad lingüística, en la que 6.2 por ciento de la población de 3 y más años de edad habla alguna de las más de 60 lenguas indígenas.
En ese sentido, Ilse Brunner, Directora del área de Docencia y Educación para la Vida del Centro de Cooperación Regional  para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), comenta que la inequidad se ve muy clara en las comunidades alejadas.
“La educación no funciona bien, en las ciudades hay a veces mejores escuelas, hay una desigualdad tremenda”, apunta.
En ese contexto, sólo 72 por ciento de los estudiantes cursa la educación primaria en seis años, una proporción considerablemente menor, en 50 por ciento, entre quienes asisten a escuelas indígenas.
El Instituto detalla que casi todos los que terminan la educación primaria continúan a la secundaria, es decir el 97 por ciento, pero sólo alrededor de cuatro quintas partes de quienes ingresan consiguen concluirla en tres años.
Por otra parte, la gran mayoría de quienes finalizan la secundaria tiene acceso al bachillerato, sin embargo, durante el primer grado, el 15 por ciento abandona los estudios. Por ello, sólo 62 de cada cien estudiantes concluyen la educación media superior en el tiempo establecido.
Estas cifras concluyen que de cada mil niños que se inscribieron en primaria en el ciclo escolar 2001- 2002, sólo 438 terminaron la educación media superior 12 años después.
Para Marisol Silva Laya, investigadora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana (UIA), para que la puerta abierta a la educación "no resulte una puerta giratoria" es necesario vincular las políticas de equidad y calidad educativa.
Y es que, añade, los esfuerzos gubernamentales sólo se han centrado en asegurar, lograr y ampliar el acceso de los jóvenes a la educación formal.
En el caso de la educación superior, datos del propio INIDE señalan que 47 por ciento de los jóvenes con edad para estudiar, pertenecientes al décimo decil de ingresos económicos, asiste a dicho nivel de enseñanza, mientras que en el decil de la población más pobre, solamente asiste 7 por ciento.
Silva Laya explica que las universidades creadas para atender a la población tradicionalmente excluida no cuentan con los mismos niveles de calidad y de recursos para compensar las desventajas que enfrentan los jóvenes de situación económica baja.
Incluso, las universidades con peores niveles de calidad, son las que atienden a la población que no ha logrado entrar a universidades públicas, y repiten los esquemas de desigualdad en detrimento de los sectores que más lo necesitan.


Originalmente publicado en Campus MilenioMarisol Silva Laya es doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), académica e investigadora titular del INIDE . Email: marisol.silva@uia.mx 

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