22 de febrero de 2013

CCH: atrapados en el propio juego

Por Pedro Flores Crespo*
La violenta toma de las instalaciones de la Dirección General del Colegio de Ciencias y Humanidades en plena Ciudad Universitaria el pasado 6 de febrero inquieta y preocupa. Si en un espacio orientado a cultivar la inteligencia y la razón hay violencia, ¿qué podemos esperar en otros terrenos sociales? Algo parece que se está descuadrando en el sector universitario de la capital mexicana.
Sobre el conflicto del CCH, hay por lo menos tres puntos que valdría la pena discutir. El primero es la recurrencia a que decisiones formuladas por distintos órganos colegiados, se entorpezcan por la iracundia de un grupo. Según Armando Alcántara, las propuestas de actualización del plan y programas de estudio del CCH fueron aprobados por el Consejo Técnico del Colegio en mayo del año pasado. Asimismo, en la Presentación del Plan General de Desarrollo 2010-2014 se dice que el documento está puesto a consideración con el fin de recibir “comentarios y proposiciones”. La directora general de los CCH también expresó que el Plan contiene propuestas que hizo ante la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México cuando deseaba ser elegida para el puesto y además, incorporó “reflexiones formuladas por diversos actores” a lo largo de su gestión.
Por si esto no bastara, se instaló una Comisión Especial Examinadora abocada a revisar la propuesta de actualización curricular. Esta comisión, según Roberto Rodríguez, estuvo conformada por profesores, representantes de las cinco áreas académicas del CCH y miembros del Consejo Técnico el cual —vale la pena recordarlo— está integrado por 57 miembros de la comunidad ceceachera, incluyendo estudiantes.
Si el origen del conflicto reside mayoritariamente en las iniciativas de cambio curricular; habrá que preguntarse si las decisiones colegiadas en el bachillerato de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) están siendo procesadas correctamente para poder aminorar las posibilidades del conflicto. ¿Es un problema de representación universitaria, como sugieren algunos jóvenes? ¿Es legítimo posponer iniciativas formuladas por mecanismos institucionales y colectivos ante la violencia de un grupo?
El segundo punto a discutir es: con base en qué información los inconformes cuestionan y rechazan tajantemente los diversos puntos de la actualización curricular del CCH. En el Informe sobre la Gestión Directiva 2011-2012 del CCH aparecen datos que muestran claramente las fortalezas y limitaciones de este modelo de bachillerato. Por ejemplo, durante el primer año de la generación 2012, los índices de acreditación en asignaturas como inglés, computación, lectura e investigación documental son más altos que en las áreas de matemáticas y química. Si esto es verdad, ¿qué problema hay con que se instaure el inglés en los tres años? ¿La “lucha” entonces se volvió, una vez más, ideológica?
Un dato adicional que llama la atención del Informe es que hubo un aumento de 22 por ciento en el número de jóvenes que abandonaron el CCH del ciclo 2010-2011 al 2011-2012 y lo más interesante es que el plantel Naucalpan —lugar que dio origen a otra de las vertientes del actual conflicto—, concentra el porcentaje más bajo de excluidos (3.6 por ciento). Esto contrasta con el caso de Azcapotzalco que aglutina al 41 por ciento de jóvenes que se vieron forzados a abandonar sus estudios. Las principales razones del abandono escolar revelan tanto factores económicos como personales, específicamente, enfermedad y embarazos no planeados. La falta de salud de algunos jóvenes ceceacheros quizás impulsó propuestas que ahora son rechazadas.
El tercero y último punto que hay que analizar detenidamente será la posición que asumirá el rector de la UNAM, José Narro Robles ante el conflicto del CCH. En el sexenio pasado, Narro mostró un abierto desacuerdo con las iniciativas de reforma a la educación media superior propuestas por el gobierno federal de extracción panista. “Nosotros tenemos la tradición”, expresó Narro cuando se opuso a que la institución que representa formara parte de la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS). La RIEMS, dijo, intentaba “homologar” el bachillerato nacional (La Jornada, 09/12/09 nota de Olivares). La oposición de Narro a los cambios en el bachillerato de México puede ahora funcionar como un “boomerang” en su contra al tratar de desactivar el conflicto. ¿Cómo podrá el rector persuadir a los inconformes de que los cambios en el CCH son necesarios cuando él apeló a la tradición? ¿Cómo explicar que el programa de tutorías es necesario si eso mismo incluía la RIEMS que fue rechazada por el rector?
¿Qué sigue ahora que el Partido Revolucionario Institucional está de regreso en la presidencia de la República y el conflicto del CCH irrumpió “como rayo en cielo sereno” – para usar la metáfora de Roberto Rodríguez? En días pasados, maestros, académicos e investigadores de la UNAM (algunos indiscutiblemente democráticos y de izquierda) le han pedido al rector Narro que se “respeten” las expulsiones de los estudiantes que causaron disturbios en el CCH Naucalpan y que no se “transija” con la ley para desactivar el conflicto.
Espero —como ex ceceachero y ciudadano— que este nuevo conflicto en la vida universitaria de la Ciudad de México se procese correctamente y se evite negociar impunidad, como ha ocurrido en otros casos.
* Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio. Foto: CNN 

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