15 de febrero de 2013

Padres niños

Por Pedro Flores Crespo*
No conformes con interferir la carrera profesional de los maestros de México, ahora los dirigentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) desean llevar agua a su molino haciendo que los padres de familia rechacen la reforma educativa. La pregunta es si los padres de familia nos dejaremos influir por este grupo político o seremos capaces de desarrollar una posición independiente sobre los recientes cambios en materia educativa.
Los dirigentes sindicales hasta dan números. Buscarán la firma de “por lo menos” cinco millones de padres, de “ciudadanos informados” que simpaticen con el docente y quieran darle su apoyo (La Jornada, 08/02/13 nota de Poy). Aunque lo digan, los dirigentes magisteriales no pretenden “informar” a la sociedad, sino enmascarar puntos de la reforma para generar temores e incertidumbres, las cuales forman parte de un rico caldo de cultivo para la alharaca y la presión política. ¿Nos dejaremos engañar los padres de familia por el SNTE? Pues en algunos estados de la república, parece que esta organización sindical está ganando terreno. “Padres de familia del Jardín de Niños “María Edmee Álvarez” manifestaron su apoyo a las acciones que realiza el SNTE en defensa de la educación pública de calidad y mostraron su inconformidad por los cambios realizados a los artículos 3 y 73 de la Constitución, por considerar que existen riesgos de una posible privatización de las instituciones educativas” (www.snte.org.mx)
En la defensa de los privilegios —ahora llamada Jornada Nacional por la Educación Pública— aparecen los calificativos de siempre (privatizador, neoliberal). No importan los argumentos sobre las distintas estrategias para elevar la calidad educativa del país; la popularidad se gana poniendo adjetivos impopulares.
¿Cómo consolidar la democracia cuando los adultos, en este caso los padres de familia, son considerados por la burocracia magisterial como infantes? El uso que quieren hacer los dirigentes del SNTE de una figura como la del tutor refleja un menosprecio de la capacidad de las personas para pensar por sí mismas y actuar de manera autónoma e independiente. ¿Es ésta su filosofía y práctica educativa? Querer pastorear a los padres de familia ha sido uno de los objetivos recurrentes de la burocracia sindical en los últimos años. ¿Acaso no recuerda Usted las famosas Guías de Padres que la dirigente sindical quiso distribuir en las escuelas con el apoyo de la “pareja presidencial”? ¿Y qué hay de los encuentros nacionales que desde 2003 la dirigencia sindical organiza en conjunto con las asociaciones de padres de familia? Si el conjunto de todos estos esfuerzos hubieran fortalecido la participación social, no tendríamos los saldos tan negativos en la materia (ver mis artículos en Campus 494, 495, 496).
Pero si el SNTE menosprecia la individualidad de las personas, la disidencia magisterial no se queda atrás. Artemio Ortiz Hurtado, secretario general del Comité Ejecutivo Nacional Democrático (CEND) del SNTE expresó que era necesario involucrar a los padres de familia en su planteamiento de “desobediencia civil” contra la reforma educativa por ser “injusta”. Además, según Ortiz, pedirá a los tutores de los niños una copia de su credencial de elector y su firma para poder ampararse contra las recientes acciones propuestas por el gobierno y aprobadas por los cuerpos legislativos federales y estatales (La Jornada, 04/02/13 nota de Avilés).
El discurso que han construido los oponentes a la reforma educativa es que la autonomía escolar propuesta derivaría en una privatización de la escuela porque se permitirá a los particulares intervenir en ella. Si esto es cierto, la dirigencia sindical tendrá que explicar públicamente tres cosas. Primero, qué entiende por educación pública, segundo, quiénes han sido históricamente los únicos intermediarios entre la autoridad educativa y los establecimientos escolares y tercero, si el gobierno quisiera retraerse de su función de proveer condiciones de estudios suficientes para los niños, son los ciudadanos independientes quienes podrían denunciar de mejor manera el incumplimiento gubernamental. El SNTE, por sus ligas con el poder, no se ha caracterizado por denunciar puntual y sistemáticamente las malas condiciones escolares, pese a que sus líderes se desgañiten en público y jueguen con el sentimiento popular.
Ante la mascarada de los líderes sindicales, me parece que tendría que haber una política de comunicación gubernamental que pudiese contrarrestar las mentiras de los “poderes fácticos” cuyos recursos de persuasión están bien articulados y son efectivos. ¿Cuántas iniciativas orientadas al bien público no han sido frenadas con tergiversaciones del SNTE? Habrá que comprender cómo se comunican jefes de sección, supervisores, maestros y directores y sobre todo, qué tipo de relación establecen los miembros de las asociaciones de padres de familia con los líderes sindicales. Es con individuos independientes y autónomos como se construyen las democracias modernas y en ellas, el padre niño no tiene cabida a menos que sigan existiendo burocracias como las del SNTE y sus apéndices.

* Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio. Foto: El Informador

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