4 de marzo de 2013

¿Podrá cambiar la educación con el PRI?

Por Pedro Flores Crespo*

La administración que encabeza Enrique Peña Nieto empezó a tambor batiente y la política educativa no fue la excepción. En menos de 100 días, el actual gobierno se anotó la aprobación de una reforma constitucional. Pareciera que los priístas tienen prisa en demostrar que sus acciones pueden ser distintas a las que emprendieron administraciones pasadas.
 Pero la velocidad de un gobierno no necesariamente es sinónimo de cambio. Independientemente de su contenido, a varios analistas nos sorprendió la rápida aprobación de la reforma educativa por los cuerpos legislativos a nivel federal y estatal. ¿En dónde quedó la discusión legislativa, el intercambio de ideas, así como la persuasión de los proponentes y la argumentación de los contrarios? Si se cancelan estos espacios para la construcción de la agenda educativa, habrá que estar conscientes de que se tiene que lidiar con la tergiversación, mala leche y mentiras de los poderes fácticos. Por menosprecio, la plaza pública se puede convertir en ring callejero y mediático.
De la pregunta concerniente a si puede cambiar la educación con el actual gobierno priísta, se derivan tres cuestionamientos más que quisiera compartir con los lectores de Campus, que orgullosamente llega a su edición 500. Estas tres preguntas son: (1) ¿Cómo impulsar el cambio educativo? (2) ¿Qué significa cambiar?, y (3) ¿Cómo saber que algo cambia en el sector educativo?

¿Cómo impulsar el cambio educativo?
No pensando y haciendo lo mismo que hasta ahora. Si el PRI tiene prisa en cambiar está bien, sólo que habrá que advertirles algo: El contexto político ya no es el mismo en donde la mera voluntad gubernamental bastaba para cambiar planes de estudio, repartir recursos, multiplicar escuelas y cambiar leyes. Del 2000 a la fecha, programas gubernamentales pensados como óptimos no recibieron financiamiento y en cambio, sí el cuestionamiento técnico y público. Me refiero específicamente a Enciclomedia y Habilidades Digitales para Todos (HDT). ¿Y qué me dicen de la Alianza por la Calidad de la Educación en donde dos poderosos actores (el Presidente y la dirigencia sindical) se unieron con el objetivo de “transformar la educación”? El pacto corporativo fue tan oneroso que ahora el nuevo gobierno habla de “recuperar la rectoría” del Estado.
Querer dar resultados rápidos puede ser una legítima respuesta a la inconformidad social, pero para ello no es adecuado utilizar las clásicas prácticas del autoritarismo. Las “aplanadoras” legislativas no sólo son cuestionables desde el punto de vista ciudadano, sino también desde una perspectiva de eficiencia. Propuestas unilaterales tienden a convertirse, en una democracia, en objeto de suspicacias, ataque y eventual rechazo, independientemente de su valor y contenido. Por eso, esperemos que el Programa Nacional de Educación 2013-2018 sea conformado por medio del diálogo, procesando la crítica, utilizando evidencia confiable y tratando de aprender de experiencias pasadas e internacionales. ¿Adoptará el titular de la nueva subsecretaría de planeación un enfoque abierto y plural? Habrá que estar atentos de la capacidad del PRI para crear un nuevo esquema de gobernabilidad democrático y efectivo en materia educativa.

¿Qué significa el cambio educativo?
Para decir que la educación va a cambiar, lo más fácil sería estipular que se elevarán los puntajes en las pruebas de aprendizaje (PISA, Enlace). Sin embargo, esta información —valiosa como es— sólo representa un indicador de algo más complejo. Podemos aumentar los puntajes en los exámenes por medio del entrenamiento de los jóvenes o podemos obtener mejores resultados a través de procesos pedagógicos punitivos o regresivos.
Hablar de impulsar el cambio educativo exige una referente más exigente que la posición de la escuela en el ranking. El referente normativo necesario no debe ser fijado unilateralmente ni ser único, pero si tendría que contener al menos un componente de equidad. Mejorar puntajes en las pruebas de logro académico mientras se amplía la brecha entre los grupos sociales no significa cambio; sino acentuación de la desigualdad. ¿Cómo hacer para que los amplios beneficios de la educación no sean solamente aprovechados por los individuos mejor posicionados social y económicamente? Este reto filosófico es también un desafío práctico que los gobernantes en turno tendrán que enfrentar. ¿Sabrá el PRI cómo aminorar las desigualdades educativas? ¿Recuperarán sus políticas y programas una orientación de justicia o se ceñirán solamente a los clásicos preceptos de la eficacia económica?
La orientación filosófica que dará sustento a las políticas educativas puede ser una buena señal para verificar si el gobierno de EPN desea en verdad transformar la educación de México o si nos vamos a pasar otro sexenio en la miopía. Los actuales funcionarios de la Secretaría de Educación Pública (SEP) han mostrado ganas de trascender en la posición que ahora ocupan; esperamos que así como atienden lo urgente también se den oportunidad para considerar lo importante.

¿Cómo saber que se registra un cambio?
A pesar de haber avanzado en el monitoreo del desempeño educativo, es indudable que requerimos un sistema de información mucho más sofisticado que el actual. Casi me voy de espaldas cuando un alto funcionario de la SEP me comentó que no saben a ciencia cierta si los programas derivados de la Reforma de la Educación Secundaria de 2004 fueron efectivos. Pese a ello, en el sexenio pasado, se intentó otra reforma al nivel. El “cambio a ciegas” no es lo más recomendable para un gobierno que dice querer “mover a México”.
El uso sistemático de la información para la toma de decisiones tendría que ser otro de los puntos que ojala aparecieran en el programa sectorial. No es exagerado decir que México cuenta con investigación de alta calidad que puede servir de insumo para conformar una agenda educativa de avanzada. Desde hace 20 años el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) ha contribuido al análisis y comprensión de los diversos problemas educativos a través de enfoques plurales y rigurosas metodologías. De que hay conocimiento acumulado y disponible para enriquecer los procesos de decisión política, lo hay. ¿Quién lo aprovechará en la SEP?
Con este gobierno, volvió el término “reforma educativa” y sin embargo, reformas van y vienen y, como dije arriba, poco se sabe si dan resultado. ¿No sería bueno que este gobierno propiciara el diseño de un sistema de información que pudiera ayudarnos a estudiar repetidamente a los mismos niños, profesores, jóvenes y adultos a lo largo del tiempo. Esto nos permitiría responder a preguntas tales como: ¿Aprendieron mejor y ampliaron en mayor grado sus libertades aquellos niños que estudiaron bajo un plan de estudios particular? Este tipo de investigaciones pueden ayudarnos a saber si la educación en México aún tiene la capacidad de transformación social que a veces se le imputa o si algo más debía hacerse.

En resumen, un gobierno veloz no necesariamente es un gobierno eficaz ni democrático. La construcción de una nueva gobernabilidad en el sistema educativo es otro de los retos del actual gobierno y sobre este nuevo esquema, habrá que elegir los fundamentos de las políticas, se tendrán que diseñar pluralmente las acciones y se deberá verificar su avance con métodos mucho más sofisticados de los que hasta ahora hemos intentado. Cumpliendo esto quizás podremos responder, en un tiempo, si la educación cambió con el PRI o si vivimos un retroceso.

Postcriptum. "¡Largo de Oaxaca! ni siquiera conocen el estado. Vamos a una de nuestras comunidades, ustedes hacen sus estudios desde un escritorio". Con estas palabras recibió un maestro de la Sección XXII a los representantes de la organización Mexicanos Primero que iban a presentar su documento sobre el índice de desempeño educativo en la capital de ese estado. Ojala la educación pueda cambiar para poder desterrar la intolerancia.


* Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio. Fotos: CNN México

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