14 de marzo de 2013

TIC: Tiempo de ruptura

Por Pedro Flores Crespo y Luis Gregorio Sosa Grajales*

Al promover el uso y dominio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la educación, poco se reflexionó en las nuevas desigualdades que aparecerían. Para hacer frente a esta realidad, los gobiernos se dedicaron a dotar a los estudiantes de computadoras y de aulas de tecnología mientras que a los maestros se les ofrecieron un sinnúmero de cursos de capacitación para el uso de las TIC.
Este “asistencialismo tecnológico” tuvo diversos efectos. En primer lugar, la cobertura de servicios y recursos tecnológicos fue desigual y en segundo, poco se pensó en qué recursos adicionales eran necesarios para convertirse en un usuario de TIC. Una especie de “mala educación tecnológica” apareció en el escenario escolar, y contribuyó a generar nuevas problemáticas.
Quizás la más riesgosa, tomando en cuenta la cantidad de mexicanos que aún viven en la llamada Brecha Digital (30 por ciento de los jóvenes de 10 a 24 años, y más de 50 por ciento en personas de 25 a 75 años según datos de la SEP en 2011), es la resistencia de muchos profesores de integrarse al mundo digital. De acuerdo con esta institución, 52 por ciento de los profesores de educación básica en México casi nunca o nunca usan la computadora al presentar su clase; la razón de esto derivaría de que a 42 por ciento de los docentes en este nivel, “no les agrada” utilizar ni las computadoras ni el internet como auxiliar pedagógico.
A este aparente desinterés deviene una fascinación por las TIC en ciertos sectores que no ha variado desde hace un par de décadas. Durante su gira por Uruguay en enero pasado, el presidente Enrique Peña Nieto conoció el proyecto Ceibal, el cual “promueve la inclusión digital de los niños y adolescentes” de ese país. Peña Nieto no dejó dudas. A pesar de que muchos no nos explicamos qué ocurrió con el programa Enciclomedia y después con el mal logrado Habilidades Digitales para Todos (HDT), ahora se promete impulsar en México un “modelo propio con el fin de dotar de computadoras a los niños de 5º y 6º años de primaria”. Esto, se asume, será para elevar la calidad de la educación (www.presidencia.gob.mx 29/03/13).
Asumiendo que las TIC son un apoyo para el aprendizaje y el logro escolar, queremos proponer una ruptura (entendida como un cambio paradigmático) en la forma en la que se ha abordado su uso en la educación de México. Esta propuesta se sustenta en tres puntos clave.
En primer lugar, es preciso quitar al objeto tecnológico del centro del proceso educativo. El uso de las computadoras y el internet no pueden ser protagonistas de un proceso que, por esencia, debe tener a los estudiantes y a los profesores en el centro. Las TIC, por más innovadoras que sean, son sólo un medio que posibilita la mejora en los procesos de enseñanza y aprendizaje. No es el fin educativo.
En segundo término, es necesario volver al sujeto. Repensar la labor educativa desde la perspectiva de los distintos actores educativos. Esta sugerencia apunta la noción de pertinencia que tanto se ha discutido en las definiciones de calidad y que el Senado de la República agregó en el caso de la reforma. Mientras la literatura sobre uso de la TIC se centra en los nativos y migrantes digitales, nuestra propuesta es que no se deje de considerar a los marginados digitales (Sosa, 2012), los cuales pueden ir desde un niño en alguna población apartada hasta una persona de la tercera edad que paso con sus nietos —probablemente nativos digitales — largos espacios de tiempo.
En tercero y último lugar, opinamos que habrá que reflexionar, desde los espacios de decisión política, en el desarrollo de nuevo lenguaje que aquí podemos nombrar como lenguaje tecnológico. El lenguaje tecnológico (LT) es una condición clave antes de inundar a las escuelas de cables, computadoras y cursos de TIC, pues se trata de un sistema comunicativo surgido de la adquisición, la apropiación y el uso de la tecnología digital por parte de las personas; una dimensión de nuestro lenguaje que se ha desarrollado en nuestra realidad tecnológica actual.
Estamos en un tiempo en que el debate sobre la tecnología y la virtualidad son cada vez más necesarios. Las fronteras entre aquello que es real y lo que no, impulsa el desarrollo de nuevos aprendizajes. En este sentido, el LT — como cualquier otro lenguaje— quizás nos conduzca a desarrollar nuevas capacidades de pensamiento y razonamiento. “El hombre no habla porque piensa sino que piensa porque habla”, diría Octavio Paz.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Luis Gregorio Sosa Grajales es Maestro en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana Ciudad de México) y colaborador del INIDE desde 2009: luis.sosa@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio. Foto: ADN Político.

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