14 de mayo de 2013

INEE: Retos y visión de futuro

Por Pedro Flores Crespo*
No pocos actores asumen que el cambio educativo ocurrirá cuando “el gran proyecto nacional” baje a la tierra y todos, sin chistar, veamos lo mismo que el redentor. Otros aseguran que la educación de este país no puede ser de “calidad” si no se promueven e inculcan “valores” en las niñas, niños y jóvenes. En el otro extremo de la geometría política, se ubican los que creen que hay que aumentar el gasto público en educación para que ésta opere como si fuera la de Finlandia, Corea o Japón. Algunos otros —los menos— han creído que el conocimiento científico y la técnica es el factor primordial para guiar el curso de la vida escolar y la política pública.
Sobre esta pluralidad de visiones se han conformado las políticas públicas en educación de los últimos años y es muy probable que así siga ocurriendo a medida que la democracia se expande y la renovación generacional toma lugar. Dentro de este escenario fue que surgió el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que en días pasados vio constituida su Junta de Gobierno. El Senado de la República eligió y votó a cinco académicos de reconocida trayectoria para que guiaran las acciones del Instituto que forma parte del marco institucional de la transición democrática, el cual, sospecho que pocas veces se ha comprendido a cabalidad.
Dentro de esta nueva realidad, el INEE enfrenta al menos tres grandes retos. El primero es de naturaleza política, el segundo de índole organizacional y el tercero es técnico. Sobre el reto político diría que ante la dispersión de poder que produjo la democratización, es necesaria una nueva forma de interrelacionarse políticamente con otros actores. La evidencia ha mostrado que un solo actor —por más poderoso que éste sea— es incapaz de impulsar el cambio educativo que todos los miembros de una sociedad demandan. Si bien el INEE goza de autonomía constitucional, ahora tendrá que consolidarse hacia adentro para poder fortalecer su “autonomía orgánica” y así encarar las presiones de actores políticos a los que la transparencia y la objetividad les incomoda. Si el INEE sabe cómo establecer relaciones de cooperación sustentables con otros participantes de política, se hallanaría el camino hacia un cambio educativo distinto.
Con respecto al desafío organizacional diría que el INEE no solamente opera como una agencia de evaluación independiente que diseña y aplica pruebas y exámenes. Es más que eso. Es una organización técnica y especializada que tendrá entre sus responsabilidades más importantes impulsar la consolidación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa. Este sistema tendrá que conjuntar a todas las instancias procesos y procedimientos de evaluación existentes en un país que se dice federalista. ¿Se dejarán convencer los gobernadores de que no deben, por el bien de los niños, ceder a presiones de determinados grupos?
Al INEE recurrentemente se le presiona para que los resultados de las pruebas de logro escolar que aplica, así como los indicadores educativos que elegantemente desarrolla, sirvan para generar “políticas” como si el dato pudiese traducirse en una acción concreta. Esto, aparte de irreal, implica una severa equivocación. Ligar el dato con la toma de decisiones política y la gestión escolar raramente es una acción lineal y directa. Se requieren, por lo tanto, de nuevas formas de organización para hacer que el conocimiento generado por el INEE sea aprovechado al máximo por las escuelas y sobre todo, por los sistemas educativos de las 32 entidades federativas.
Si el INEE desea construir una voz fundada sobre lo que funciona dentro de las escuelas, tendrá entonces que meditar si conviene crear una división de evaluación de políticas y programas educativos que emplee técnicas de medición de la efectividad de éstos y articule esfuerzos. ¿Qué intervención escolar o programa educativo contribuye en mayor grado a elevar el aprendizaje significativo de los estudiantes? Esta pregunta podría ser respondida por el INEE y promover así un enfoque pragmático de las políticas. Lógico, esto en un contexto altamente ideologizado como el mexicano esto sonará a herejía, aunque no por ello se tendría que cancelar la pluralidad de enfoques para evaluar y juzgar el desempeño global del Sistema Educativo Nacional.
El tercero y último reto es el técnico. ¿Lo que se mide con las pruebas de logro escolar es lo importante? ¿Cómo sabemos que los conocimientos y habilidades de los jóvenes les sirven para lidiar y dirigir su vida como ellos desean y valoran? ¿Está relacionada la riqueza económica de un estado con su “buen” desempeño educativo? ¿Qué entidad invierta más y logra mejores resultados? ¿Cómo capturar las diversas competencias de los docentes, por medio de un examen que debe poseer la capacidad de hacer comparaciones? Estas son algunas preguntas que mi juicio el INEE, en su nueva etapa, podría responder para poder encauzar su labor en un contexto crecientemente democrático y complejo. El rigor técnico no va a prevenir al INEE de la presión política y hay que estar atentos para defender a esta institución con los recursos civiles, sociales y legales a nuestro alcance.
Son grandes los retos que el INEE va a enfrentar en esta nueva etapa política de México. Pero de esa medida también son las oportunidades que se le plantean. La mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno del INEE aseguran autonomía, experiencia y una gestión efectiva. Estaremos pendientes de las primeras acciones que tomen, mientras tanto, me congratulo de que el gremio de las y los investigadores educativos tome en sus manos la responsabilidad pública de construir las políticas educativas de México.


Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. 

Originalmente publicado en Campus Milenio

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