20 de junio de 2013

¿Universidad libre o cultura libre? Sobre el libro de Zaid

Por Pedro Flores Crespo*

Al revisar el documento, Inclusión con responsabilidad social. Una nueva generación de políticas de educación superior de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES, 2012), una de las cosas que más resalta es la omisión de propuestas específicas sobre cultura. ¿Cómo no hablar de este tema que es, supuestamente, una de las funciones centrales de las universidades junto con la docencia y la ciencia? Al indagar las razones del vacío, algunos especialistas cercanos al proceso de elaboración del documento de ANUIES me comentaron que el tema de la cultura sí fue considerado pero que se decidió dejarlo fuera bajo el supuesto de que sería la Secretaría de Educación Pública la que lo retomaría en sus documentos de planeación sexenal.
¿Es grave la omisión de la cultura en un documento de la ANUIES? Pues hasta donde se vio, no hubo un rector que criticara el punto. Durante el cambio de administración, algunos de ellos estuvieron más enfocados en cabildear la creación de una Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación. ¿Será que las autoridades universitarias valoraban más la ciencia que la cultura? Para algunos críticos, no hablar de las acciones artísticas de las universidades en un documento de la asociación que las integra es sintomático, pero para otros tal omisión puede no ser tan grave.
Al leer el libro Dinero para la cultura (Debate, 2013) del poeta Gabriel Zaid (1934), uno puede entender la posición de quiénes se ubican en el segundo grupo de críticos. Según Zaid, las burocracias sean éstas militares, cortesanas, eclesiásticas, universitarias, mediáticas, empresariales y sindicales "desaniman la creatividad". Para Zaid, las "estructuras jerárquicas se llevan mal con la libertad creadora". El poder económico de las universidades, dice el intelectual mexicano, sirve para presentarse como la "institución central de la cultura", pero no lo son porque "la enseñanza superior no es lo mismo que el desarrollo de la cultura superior".
¿O sea que para Zaid la universidad sólo debe preparar académicamente a las personas? Para el colaborador de Letras Libres, la "universidad puede generar innovaciones en sus departamentos de investigación y extensión cultural, si los tiene y los apoya, pero está centrada en la educación". La visión de la universidad basada mayoritariamente en la docencia, da para pensar y seguramente, va a generar indignación y espero, también discusión publica y debate.
Para Zaid, las "influencias dominantes del siglo XX (Marx, Freud, Einstein, Picasso, Stravinsky, Chaplin, Le Corbusier) nacieron de la libertad creadora de personas que trabajaban en su casa, en su consultorio, en su estudio, en su taller". El marxismo y el psicoanálisis, dice el intelectual mexicano, "no salieron de las universidades: entraron...".
La observación de Zaid sobre la función de la universidad requiere mayor análisis para sostener que las instituciones de educación superior han desempeñado un papel tangencial en el desarrollo científico y cultural de los países. Apenas la semana pasada se habló en Universidad Crítica de los pensadores de talla mundial más destacados que fueron citados por la revista Prospect. Ahí, se hizo notar que todos esos intelectuales han estado ligados a alguna universidad de prestigio (Oxford, Harvard, Princeton, Cambridge y Edimburgo). La pregunta entonces sería si ha habido un cambio radical en la función de la universidad a través del tiempo. ¿Será esto resultado de una mayor (o menor) libertad cultural y científica? Si en otros países, las universidades no fueron el centro de la "cultura libre", como asume Zaid, ¿qué ha ocurrido en México y en las naciones latinoamericanas? La contextualización de la educación superior es otro punto a meditar dentro de las tesis del destacado intelectual mexicano.
Algunas burocracias universitarias pueden ser asfixiantes, pero aquellas que han reflexionado sobre sus limitaciones han introducido periodos cortos de investigación (research term), para que los académicos se dediquen de lleno a a sistematizar y profundizar sus ideas, sin tener que esperar al idílico sabático que se otorga cada seis años. También vale la pena tomar en cuenta que los académicos destacados en algunas universidades están descargados de tiempo (no de responsabilidades) para escribir libros que han sido punta de lanza en los debates contemporáneos. La universidad, por lo tanto, tiene la capacidad de evitar convertirse en una camisa de fuerza de la libertad creadora si hay autoridades que se atreven a cambiar las reglas del juego.
Ojalá el libro de Zaid se lea y discuta en las universidades mexicanas. El texto se compone de cuatro apartados generales y contiene 69 artículos y posicionamientos que han sido escritos desde 1971 a la fecha. Algunos de ellos fueron corregidos, actualizados e incluso, abreviados por el propio autor. Las posiciones de Zaid, a mi juicio, espolean la necesidad de debatir la política cultural de México y contribuyen a poner en tela de juicio los prejuicios sobre el funcionamiento de la industrial artística de un país que, si algo hace bien, es recrear constantemente la sensibilidad.
Zaid es un autor sensato y valiente que expone clara y fundamentádamente sus ideas y hasta donde se ha podido observar, evita ser políticamente correcto, algo que en México es cada vez más extraño. Quizás por esta tutela burocrática que existe sobre el pensamiento.


Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

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