2 de julio de 2013

Necesario atender el déficit educativo de adultos mayores en México

Carlos Muñoz Izquierdo, investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Ibero y Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, explicó que el Estado tiene la obligación de lograr que los adultos mayores con rezago ejerzan su derecho a recibir la educación básica.

Según datos del año 2000, mientras un poco más de 25 por ciento de quienes tienen entre 60 y 64 años terminaron los estudios obligatorios, sólo 15 por ciento de los mayores de 85 años alcanzaron esa meta.
En 2010, el censo poblacional registró 10 millones 55 mil 379 adultos mayores (60 años de edad o más), que representaban 9.06 por ciento de la población mexicana. De acuerdo con cálculos del Instituto Nacional de Geriatría, hacia el año 2029 la presencia de los adultos mayores en el país se habrá duplicado, dada su tasa de 3.8 por ciento de crecimiento anual. 
Dicho crecimiento se debe a que el perfil demográfico de la población de México experimenta una creciente participación de esos adultos en la población total del país. Lamentablemente su escolaridad es deficiente, pues cuando ellos tenían entre seis y 24 años de edad (etapa en la que estuvieron en condiciones de adquirir educación formal), las oportunidades de ingresar al sistema escolar, y de permanecer en él, eran más escasas que las de los niños, adolescentes y adultos jóvenes actuales.
Así lo señaló el doctor Carlos Muñoz Izquierdo, investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Ibero y Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012 en el campo de historia, ciencias sociales y filosofía.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la escolaridad que en el año 2000 tenían los adultos mayores era la siguiente:
• Adultos con 60 a 64 años: sin instrucción (28.5%), con estudios de primaria (18.1%), con estudios de secundaria (7.4%), con estudios superiores (5%).
• Adultos con 70 a 74 años: sin instrucción (37.9%), con estudios de primaria (14.4%), con estudios de secundaria (5.5%), con estudios superiores (2.7%).
• Adultos con 85 años o más: sin instrucción (51.4%), con estudios de primaria (11.9%), con estudios de secundaria (3.2%), con estudios superiores (2.1%).
Esta información permite observar que existe una relación inversa entre las edades de los adultos mayores y la escolaridad que alcanzaron, apuntó el experto de la Ibero, casa de estudios con 70 años de trayectoria.
También es interesante mencionar que 53.8 por ciento de los adultos que no han iniciado o concluido su educación básica se encuentran en localidades rurales (aquellas con menos de dos mil 500 habitantes), mientras que sólo 21 por ciento vive en ciudades con más de cien mil habitantes. Las entidades federativas en las que se concentran los primeros son, principalmente, Oaxaca y Veracruz.
Obviamente, será difícil ofrecer educación extraescolar a esos adultos (que son la mayoría de los que integran el rezago) por la dispersión geográfica de las localidades en las que se encuentran, indicó el investigador.
“Lo anterior tiene diversas implicaciones. En primer lugar, es necesario hacer notar que el Estado tiene la obligación de hacer los esfuerzos necesarios para lograr que los adultos que se encuentran en situación de rezago ejerzan su derecho a recibir la educación básica que, de acuerdo con nuestra legislación, es obligatoria. En segundo lugar, esa educación es indispensable para que los adultos reciban la capacitación que les permita desempeñar exitosamente una ocupación productiva. Y, en tercer lugar, algunos estudios han demostrado que la escolaridad de los adultos contribuye a disminuir la incidencia de varios problemas, como la depresión y el carecer de un ‘sentido de la vida’, es decir, el no contar con alguna razón para existir”, subrayó.


® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Universia.

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