7 de agosto de 2013

Ciudad e intelectuales

Por Pedro Flores Crespo*
—A Laura Ruzzier.

¿Por qué Karl Marx se inspiró y escribió en Londres El Capital? ¿Si Pablo Picasso no hubiera vivido en París, habría revelado su genio como lo hizo? ¿Sin el ambiente de la Toscana, Leonardo Da Vinci hubiera cultivado a tal grado su sensibilidad e inteligencia? ¿Cómo serían los cuentos de José Emilio Pacheco y las novelas de Carlos Fuentes sin la amalgama de sensaciones y situaciones que provoca la Ciudad de México? ¿Por qué ciertas ciudades impulsan el genio y la creatividad más que otras? ¿Son los intelectuales los constructores del ambiente urbano o son las condiciones preexistentes de los lugares los que aguijonean la mente humana y crean las ideas?
No hay respuesta única a tan diversos cuestionamientos. Mientras París y Florencia han sido, por siglos, polos de atracción para artistas e intelectuales, Marx tenía razón en escribir su obra máxima en la capital inglesa debido al nivel de desarrollo económico de Inglaterra en el siglo diecinueve. Por lo tanto, establecer relaciones simples entre el contexto urbano y el desarrollo de la intelectualidad es una trampa; aunque no por ello deja de ser un tema fascinante para el campo de la educación superior. 
Una ciudad que ilustra las complejas interacciones entre la ciudad y las ideas —y que en México se conoce poco— es Trieste, la cual se localiza en el norte de Italia en la región de Friuli Venezia Giulia. Llena de históricos cafés, Trieste posee un puerto que hace tiempo dividió la puerta de entrada hacia la Europa Occidental y la del Este. Por su comercio marítimo, Trieste era considerado, según Daniel Grange, como el octavo puerto Europeo más importante en la víspera de la Primera Guerra Mundial. Seguramente, por el mar no sólo llegaron mercancías, sino también ideas, cultura y una particular forma de ser y vivir. 
Ubicada en una zona geográfica muy peculiar, la interculturalidad en Trieste no es una mera aspiración, sino una experiencia que se vive a diario debido al constante —y en ocasiones, difícil — cruce entre las culturas germánica, italiana y eslava. Los movimientos intelectuales y artísticos que han tomado lugar en Trieste son variados y hasta la fecha, la ciudad puede dar cuenta de tener magníficos escritores e intelectuales públicos como Claudio Magris (1939) y Susanna Tamaro (1957).
A Trieste llegó Sigmund Freud en 1876 con el propósito de estudiar zoología — específicamente disecó 400 anguilas para comprobar la existencia del órgano masculino (Nobecourt). Gracias a sus enseñanzas y a la impronta que dejó en varios discípulos como Edoardo Weiss, el psicoanálisis se introdujo profusamente en Italia. Weiss, de acuerdo con Nobecourt, fundó la Sociedad Italiana del Psicoanálisis pero tuvo que dejar Italia en 1939 debido a las leyes fascistas y se refugió en Chicago hasta el día de su muerte en 1970. ¿Moraleja? El pensamiento florece en condiciones de libertad y no en ambientes marcados por la supuesta pureza ideológica o racial.
Por su belleza natural —mezcla de mar, montaña y ciudad; Trieste fue lugar de origen y de asentamiento de grandes poetas y escritores como Italo Svevo (1861-1928), Umberto Saba (1883-1957) y Rainer Marie Rilke (1875-1926). Este último, después de pasar por Capri y Venecia, seleccionó a Trieste como un “lugar propicio para el florecimiento de su inspiración poética” (Rella). Fue allí en donde escribe, en 1912, las Elegías de Duino. Ahora, para recordar al poeta, uno puede caminar por el Sentiero Rilke y admirar, desde las alturas, el azul eléctrico del mar. 
A principios del siglo veinte, el célebre escritor irlandés, James Joyce (1882-1941), también se asentó en esta ciudad pese a que su destino final era París. Según Rabaté, Joyce eligió esta ciudad “como el único contorno que podía favorecer su creación literaria”. Por su genio linguístico —que en su tiempo fue poco reconocido—, Joyce aprendió a hablar Triestino, dio clases de inglés en Bertlitz, escribió Dublineses y el Retrato del Artista como un Hombre Joven en Trieste y preparó el camino para la novela que es ahora considerada como la más importante del siglo veinte: Ulises. ¿Hubiera escrito Joyce como lo hizo en otro lugar distinto a Trieste? 
¿Qué inspira esa ciudad que en 1909 fue vista como el “lugar de ningún lado”, según el dramaturgo y crítico vienés, Hermann Bahr? Esta enigmática calificación de Trieste fue retomada, descrita y bellamente explicada por Joan Morris en su libro,Trieste and the Meaning of Nowhere (2001; Londres, Faber&Faber). Morris es, sin duda alguna, otro ejemplo de cómo una escritora perspicaz hace del ambiente de esta ciudad una expresión literaria única.
Pero si Trieste ha inspirado tantas expresiones artísticas e intelectuales, ¿qué papel ha desempeñado la Universitá degli Studi di Trieste en este desenvolvimiento cultural y artístico? En la próxima entrega exploraremos algunas respuestas a esta pregunta al entrevistar, en exclusiva para Campus, al doctor Sergio Paoletti, rector de la universidad triestina.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

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