2 de septiembre de 2013

¿Hay futuro para las revistas científicas en educación?

Por Pedro Flores Crespo*

Recientemente, la comunidad de investigadores educativos ha estado involucrada en un debate que va a crecer y que será ineludible en los próximos años. ¿Cómo será la revista científica del futuro? ¿Podrán estos medios asegurar un mayor número de lectores o sólo servirán para que el académico acumule puntos?, como alerta Manuel Gil (Colmex). ¿Debemos trasladarnos lo más rápido posible al formato electrónico y olvidarnos completamente del papel? ¿Cómo lidiar con las “perversiones” que genera el acceso abierto como el plagio y los journals “depredadores” (Roberto Rodríguez, UNAM)? ¿Es el factor de impacto el criterio que ahora va a privilegiar el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) para calificar las publicaciones del investigador? ¿Mejoraría esto la calidad de la producción científica del país o sólo serviría para distorsionar aún más la profesión académica?
El pasado 12 de agosto, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) convocó a todos los directores y editores de las revistas incluidas en su índice —que suman 113 — a una reunión para discutir el proyecto e-revistas. Al asistir como director de la Revista Mexicana de Investigación Educativa del consejo del mismo nombre (Comie), pude conocer los argumentos y las razones por las cuales, según Conacyt, nos conviene movernos hacia al formato electrónico. Básicamente, se trata de que lo que se publique en nuestras revistas, por ser de alta calidad, tenga un mayor impacto y visibilidad en el circuito global de conocimiento. ¿Quién podría objetar tal propósito? Pocos. Sin embargo, como el “diablo está en los detalles”, varios tuvimos la oportunidad de expresar nuestras preocupaciones a los funcionarios del Conacyt.
En primer lugar, se demandó que si el Consejo iba a apoyar financieramente este proyecto tuviera continuidad y que no nos fuera a dejar “colgados de la brocha”. Segundo, la historia y naturaleza de las revistas es diversa y esto implica estrategias igualmente diferenciadas. Por ejemplo, la RMIE, como otras tantas revistas, recibe el respaldo de una organización —el Comie—, pero sus integrantes están adscritos a decenas de instituciones, entonces, ¿en dónde se podrá albergar la plataforma para poder desarrollar una revista electrónica? En la Universidad Nacional Autónoma de México, gracias al convenio que Conacyt suscribirá con esta casa de estudios. 
Una tercera preocupación de los directores de las revistas científicas era que si queremos reforzar nuestros medios de comunicación científica y hacerlos altamente visibles, Conacyt en general y el SNI en particular, tiene que adecuar sus criterios de evaluación. Actualmente, hay un desbalance: cuenta más escribir en journals extranjeros que en los nacionales. Además, según varios colegas, dictaminar artículos o ser director de una revista científica que está incluida en el índice, no cuenta como criterio de evaluación en el SNI. A todas estas inquietudes los funcionarios de Conacyt se mostraron sensibles y han intentado tener una constante retroalimentación.
Como en todo proceso de cambio, varios compañeros manifestaron cierto temor y dijeron que hay que meditar seriamente cómo afectará el traslado de formato los procesos de dictaminación. Aquí, varios aprendimos al escuchar los contraargumentos de otros directores que ya han llevado sus revistas hacia el terreno electrónico y acceso abierto. Por lo tanto, no hay que alarmarse en este sentido. Hay otras cuestiones que son más preocupantes y que demandan urgente atención.
Una semana más tarde, en la ceremonia del 35º Aniversario de la revista Perfiles Educativos que mantiene el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, Imanol Ordorika y Roberto Rodríguez coincidieron en señalar que hay una tendencia hacia la mercantilización del conocimiento y dentro de esta corriente, han surgido grandes consorcios que son los que se encargan de hacer los índices científicos para medir el impacto de las revistas científicas. Estas empresas, de paso, también son los que generan y publican los rankings universitarios con que se trata de “evaluar” la función de las universidades. 
Este reduccionismo ha tenido graves consecuencias y habrá que enfrentarlo con “estrategias institucionales innovadoras” (Ordorika). Una de estas estrategias, no es excluir a otras revistas, sino “hermanarse”, como acertadamente dijo Ricardo Cantoral, director de la prestigiosa Revista Latinoamericana de Investigación en Educación Matemática (Relime) (Cinvestav). “Hay que vincular los sitios electrónicos de las distintas revistas científicas en educación, hacer que los comités editoriales interactúen, compartir editoriales” e ir discutiendo la idea de los mega journals. 
Los meta journals son revistas que abarcan un amplio espectro de disciplinas y subdisciplinas científicas dentro de un campo de estudio específico y que tienden a cuestionar la forma tradicional de publicar (Journals Consortium). Los mega journals aprovechan las economías de escala, son de acceso abierto y tienden a publicar en menos tiempo una gran cantidad de artículos. No hay límites “artificiales” para crecer, dice Peter Binfield de la Public Library of Science (PloS).
Sin duda alguna, los editores e investigadores educativos de México y de América Latina tenemos enfrente una gran oportunidad de demostrar que podemos estar presentes en los nuevos circuitos globales de conocimiento, si es que sabemos cooperar con el otro. Y en esto sí que hay una gran incógnita dada la envidia, intereses o fantasías de superioridad que aún prevalecen en algunos círculos universitarios. ¿Seguiremos reproduciendo nuestras “tribus y territorios académicos” (Becher) o seremos capaces de construir verdaderas comunidades?
Nos desprenderemos de nuestros “bebés” (o sea, de las revistas) para incubar un frente común de conocimiento que sea pluridisciplinar? El mundo de conocimiento actual presenta muchos retos, pero también la posibilidad de hacer visibles las virtudes del académico mexicano. ¿O será que pereceremos?

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

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