23 de septiembre de 2013

La puerta falsa de profesionistas

Por Enrique Huerta*

Haber concluido sus estudios en Tecnología Ambiental en la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, en el estado de México, no le garantizó a Mayra Ruiz aplicar los conocimientos de su profesión y, en vez de eso, hoy se dedica a vender brazaletes para entrar a las discos de Playa del Carmen.
Hace cuatro años partió hacia Quintana Roo ilusionada en encontrar una actividad acorde con su profesión pero después de frustrados meses de búsqueda tuvo que aceptar lo primero que le ofrecieran para poder subsistir.
Por eso, al preguntarle sobre sus sentimientos de laborar en algo para lo cual no estudió, Mayra acepta que esta situación la desanima.
“Tenía muchos proyectos que sentía que valían la pena pero aquí nadie te escucha y no le dan importancia al ambiente, entonces no sentí que hubiera manera de ejercer mi carrera. Obviamente no tengo palancas para laborar en ningún lado”, cuenta. 
No se trata de un caso aislado sino de algo que cada vez es más común entre los jóvenes que concluyen una carrera con la falsa esperanza de, alguna vez, ponerla en práctica.
“En este trabajo somos 15 jóvenes encargados de llevar gente para todos los bares y las discos, uno de ellos es contador y el otro arquitecto”, dice.
La realidad a la que se enfrentan los jóvenes es que estudiar una carrera ya no es garantía para conseguir un trabajo digno, bien pagado y que te dé para aspirar a un nivel de vida decoroso.
En México, la tasa de desocupación de los jóvenes entre los 20 y los 24 años de edad (rango en el cual se encuentran la mayoría de los estudiantes a nivel superior), es del 9.2 por ciento.
La situación no mejora para aquellos que ocupan el rango que va de los 25 a los 29 (edad en la que regularmente se ubica a los egresados de las universidades), pues el desempleo se ubica en 6.7 puntos porcentuales, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2013.
Además, según el documento denominado “Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Juventud”, del Inegi, el 44.8 por ciento de los jóvenes ocupados de 25 a 29 años, con estudios profesionales terminados, desarrollan actividades no profesionales, pero la incidencia en el estrato socioeconómico bajo aumenta hasta 60.4 por ciento.
En otras palabras, casi la mitad de los jóvenes que cursaron una carrera (sea licenciatura o técnica) se dedican a otra cosa diferente a lo que estudiaron en las aulas de sus universidades.
Disociación. Y es que a pesar de esta situación, gran parte de los egresados de universidades está satisfecho con la formación recibida en su institución, según revela un estudio realizado por la Universidad Iberoamericana.
“El 70 por ciento de los egresados encuestados dijeron sentir satisfacción por la formación recibida en la universidad”, comenta Marisol Silva Laya, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Ibero.
Y prosigue: “Nosotros hicimos un estudio comparativo de la percepción en siete países de Iberoamérica sobre la competencia profesional de los jóvenes que egresan de las universidades y cómo se relacionan con las necesidades del mercado laboral y sociales”.
Los resultados arrojaron que a pesar del optimismo de los egresados encuestados, éste no es compartido por los empleadores de Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Chile, España y México, naciones donde se llevó a cabo el muestreo.
“Si comparamos esta satisfacción de los estudiantes con los empleadores, hay una cierta distancia, en la que los porcentajes se ubican entre 40 y 55 por ciento con la formación profesional de los encuestados”, señaló la académica.
Asimismo, el estudio arrojó que alrededor de 70 por ciento de los jóvenes encuestados piensan que incorporarse a un trabajo es muy difícil, aun teniendo título universitario.
“Hay una desarticulación entre tener una formación universitaria y poder encontrar un espacio en el mercado de trabajo que satisfaga las expectativas de los jóvenes”, explica Marisol Silva.

La especialista refiere que valdría la pena indagar sobre los elementos que conforman la diferencia entre lo ofrecido por los egresados de las universidades y las necesidades de los empleadores, así como el papel en los planes de estudio de las instituciones de educación superior.
“No con la idea de adaptar de forma sistemática los planes de formación a las demandas del mercado de trabajo, pero sí los ajustes que se consideren pertinentes dentro de un concepto de formación universitaria, que es mucho más integral que las competencias instrumentales para incorporarse al mercado de trabajo”.
Además, la especialista acepta que generalmente aquellos egresados que consiguen un trabajo en su área laboral, no están satisfechos con el salario y eso también constituye una desarticulación en el desarrollo económico y productivo del país, y la oferta de recursos humanos calificados a nivel universitario.
“No siempre el aparato productivo del país se está desarrollando al ritmo que se debiera desarrollar para absorber a los egresados de las instituciones”.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su documento “Trabajo decente y juventud en América Latina”, recomienda que para mejorar la transición de la escuela al trabajo, se lleven a cabo algunas medidas, tanto por las instituciones de educación como por las empresas.
En el caso de las universidades, se recomienda que hagan cambios curriculares con la participación efectiva de las empresas en el rediseño de los mismos, además de una capacitación de los profesores para que produzcan “efectos de identificación con el mundo de la economía y la producción”; fomentar la formación técnica intermedia, sobre todo en las áreas rurales y urbanas marginales; facilitar estadías de los alumnos en centros productivos y las prácticas pre-profesionales como parte indispensable de la formación, entre otras acciones.
En el caso de las empresas, el organismo sugiere que se involucren con la capacitación laboral de sus trabajadores jóvenes, además de especializarlos en las tareas que desempeñan; introducir cambios técnicos en los centros de trabajo; incrementar las relaciones empresariales con el sistema educativo para servir como centros de práctica informativa, de orientación vocacional o de desarrollo de programas de inserción en el empleo.
Estas recomendaciones van acorde con las conclusiones a las que llega Marisol Silva, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana:
“Nosotros sugerimos que hay que profundizar los diálogos y poner en agenda estos problemas para su solución. Creo que la planeación desarticulada no es la respuesta, sino que debe de haber soluciones plurales en este problema”.
Desde las universidades. Para saber qué tipo de acciones manejan las universidades de la entidad respecto a la vinculación del estudiantado con el mundo laboral, Luces del Siglo entrevistó a los especialistas.
En la Universidad del Caribe (Unicaribe), la jefa del Departamento de Vinculación y Prácticas Profesionales, la maestra Ilse Graciela Mandujano Wild, explica que esta casa de estudios estipula que sus alumnos, de manera obligatoria, deben pasar por tres o cuatro estadías en empresas –dependiendo de la carrera–.
Con base en sus cifras internas, Mandujano Wild afirma que los estudiantes de la Unicaribe no tienen muchos problemas para ubicarse laboralmente, que se van quedando en las prácticas y que en cada periodo consiguen el trabajo alrededor del 16 por ciento de los practicantes. Esto arrojaría una efectividad de 64 por ciento.
En la Universidad Tecnológica de Cancún (UT), comenta Ana Lucía Méndez, responsable del Departamento de Seguimiento de Egresados y de la Bolsa de Trabajo, se maneja el esquema de 70 por ciento prácticas y 30 por ciento teoría –más las prácticas profesionales, que también son obligatorias–.
Señala que este enfoque práctico es una de las ventajas de estudiar en la UT, pues los chicos ya salen preparados para entrar de lleno en el campo de trabajo.
Explica: “Obviamente, las carreras que nosotros manejamos son las que mayormente requiere el sector productivo, como turismo. Ahora, la carrera ‘más taquillera’ es la de gastronomía, que es la que está teniendo mucho más auge”.
Por su parte, la maestra María Eugenia Hernández Muñoz, encargada del Departamento de Acción Social, Servicio Social y Bolsa de Trabajo de Universidad La Salle, detalla que “como la mayoría de los alumnos trabajan, entonces cuando egresan de la universidad ya tienen experiencia”.
Sin embargo, esta institución también cuenta con prácticas y bolsa de trabajo, al igual que la Unicaribe y la UT.
En este último aspecto, no sólo la institución cuenta con una bolsa de trabajo general sino también individual, por cada carrera.
“Generalmente nos piden jóvenes con experiencia, por lo que cuando terminan ya suben de nivel de puesto, y la Universidad La Salle los vincula con empresas, por ello encontramos gerentes que empezaron como auxiliares administrativos”, dice.
A pesar de estas acciones, cada vez son más los jóvenes que egresan de las universidades y se las ven negras para conseguir un empleo decoroso, que por lo menos esté acorde a lo que estudiaron.
Gonzalo Díaz, estudiante de quinto semestre de gastronomía en la Unicaribe, platica que un profesor fue honesto con su grupo.
“Del 100 por ciento de ustedes, un 30 por ciento van a ser chef ejecutivo, los demás no. Ustedes están estudiando para cocineros, no para chefs”, relata el joven, quien de paso cuenta que su hermana trabajó en ventas de viaje.
“Ella estudió turismo aquí también (Unicaribe), pero ya con su título está buscando otro trabajo sobre lo que estudió”.
Hay otros jóvenes que no tienen la oportunidad de ejercer lo que estudiaron, como el caso de Mayra Ruiz.
“Ejercí durante mis prácticas profesionales en el Sistema de Transporte Colectivo (Metro) y como es carrera técnica duró 2 años y medio, pero salí con mi cédula profesional y título universitario. Las prácticas fueron obligatorias para presentar la tesis”, comenta, para luego rematar que solamente un compañero que estudió con ella en el estado de México encontró el empleo ideal.


® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Luces del Siglo.

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