31 de octubre de 2013

Redes de tutoría. Pensamiento en acción

Por Pedro Flores Crespo*

El 24 de octubre pasado, el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México organizó un diálogo entre los participantes de las redes de tutoría, académicos y representantes de diversas organizaciones civiles con el propósito de reflexionar sobre esta forma de organización escolar que presuntamente ha mejorado, de manera significativa, los aprendizajes de los estudiantes de la educación básica (www.redesdetutoria.org).
La reunión estuvo dividida en tres partes principales. En primer lugar, se proyectó el documental Maravillas, que narra la forma en como las tutorías han mejorado el proceso de enseñanza-aprendizaje en la telesecundaria Pedro Vélez, la cual está ubicada en un desolado pueblo de Zacatecas (http://documentalmaravillas.com/) Sobre este notable caso, ya escribí en Campus; ver “Cambio educativo sin sangre, sudor y lágrimas: El caso Maravillas” (No. 526, 12/09/13).

La segunda parte del encuentro estuvo dedicada a escuchar los testimonios de los actores principales de la relación tutora: director, autoridades educativas, maestros, estudiantes y padres de familia. La tercera parte la constituyeron cuatro mesas de discusión entre académicos, participantes de la tutoría, interlocutores y público en general. En esta entrega, quisiera exponer algunos de los argumentos vertidos en esta última parte del seminario, en donde tuve la fortuna de interactuar y discutir con colegas como Emilio Blanco (Colmex), Giovanna Valenti (Flacso), Manuel Ulloa (Redes de tutoría), Bernardo Naranjo (Proyecto Educativo, S.C.), Catalina Inclán (UNAM), entre otros especialistas y testigos de la tutoría.
A mi juicio, el programa de mejoramiento del logro escolar (PEMLE), que adoptó como estrategia central la tutoría y las comunidades de aprendizaje, tuvo al menos tres características destacadas. En primer lugar, empleó una base de información plural —y no sólo oficial— para focalizar las secundarias que había que atender. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), por ejemplo, contribuyó a la identificación de secundarias con bajo aprovechamiento académico para que la Subsecretaría de Educación Básica pudiera intervenir. 
Segunda característica: los fundamentos filosóficos y pedagógicos de la idea sobre redes de tutoría y comunidades de aprendizaje se desprenden del conocimiento educativo históricamente acumulado. No se trata de “inventar el agua tibia”, sólo que ahora hubo un equipo profesional comandado por el doctor Gabriel Cámara que supo poner en marcha ideas clásicas. En resumen, el programa de redes de tutoría es ejemplo de un proceso de implementación novedoso de teorías previa y lúcidamente concebidas. 
La tercera característica sobresaliente del programa de intervención educativa basado en las redes de tutorías es que ha sido evaluado con técnicas de tipo cuasi experimental. Es decir, se ha tratado de mostrar si las secundarias que son sujeto de estos programas mejoran estadísticamente su desempeño en términos de logro escolar en comparación con aquellas escuelas en donde no existe tal programa. Según Sara Vogel, con el paso del tiempo, las escuelas que pusieron en marcha acciones basadas en la tutoría lograron cerrar la brecha en términos de logro escolar entre las escuelas que adoptaron el programa y aquéllas que no (Revista de la AZ, número 58, junio 2012). Este tipo de evaluación me parece cada vez más necesaria en un país que en ocasiones centra el debate público más en cuestiones ideológicas o estructurales (“el neoliberalismo es el culpable”) que en efectos prácticos y visibles (“qué programas educativos realmente funcionan para ampliar las habilidades del estudiante”).
Asumiendo que el programa de redes de tutoría es efectivo en algunas escuelas del nivel básico, los académicos nos preguntamos si habría posibilidades de generalizarlo. ¿Qué condiciones se deben cumplir para hacer un escalamiento exitoso de esta intervención escolar? Es fácil conmoverse con el documental sobre el caso de la secundaria Pedro Vélez, pero también hay buenas razones para pensar en cómo la tutoría puede transitar de particularidades a iniciativas amplias. ¿Quién podrá sugerir su expansión? ¿La SEP? 
El papel de la autoridad educativa federal también fue discutido y se hicieron notar algunas aparentes contradicciones. Por un lado, la SEP fue quien canceló este programa y además, ha emprendido una recentralización de atribuciones y de poder, pero por otro, en la legislación de la reforma propuesta por esta administración, se habla recurrentemente de “autonomía de la gestión escolar” (Ley General de Educación) y de que la escuela se define como “el plantel en cuyas instalaciones se imparte educación y se establece una comunidad de aprendizaje entre alumnos y docentes” (Ley General del Servicio Profesional Docente). La comunidad de aprendizaje es el espacio que articula, en este programa de tutorías, el establecimiento y desarrollo de las redes. ¿Reconocimiento o coincidencia?
Como en cualquier espacio donde el pensamiento y la acción están presentes, también se cuestionó a qué grado la tutoría podría compatibilizar su método con la enseñanza de los contenidos mínimos de la educación básica y no operar como una estrategia que supla procesos de enseñanza-aprendizaje igual de valiosos. Este tipo de preguntas surgieron con el ánimo de seguir explorando nuevas formas de conducir el cambio educativo y de aprovechar los resquicios que abre un destartalado sistema educativo para innovar y mejorar las capacidades y habilidades cognitivas de las niñas, niños y jóvenes que siguen enfrentando, injustificadamente, graves desventajas sociales y económicas.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

30 de octubre de 2013

Desinterés por enseñar lenguas indígenas demuestra racismo arraigado: Sylvia Schmelkes

Con la innovadora aplicación por primera vez en una escuela indígena de México de la metodología pedagógica de doble inmersión, la Universidad Iberoamericana contribuye a preservar lenguas nativas y combate las prácticas racistas que dejan de lado su enseñanza y recuperación.
Antes de realizar la práctica denominada “Cultura e identidad con educación ambiental” con 150 maestros y dos mil 500 estudiantes de la Escuela Primaria Intercultural Bilingüe Juan Álvarez, en Xochistlahuaca, Guerrero, en México sólo existían casos efímeros del uso de metodologías de doble inmersión, así como de la enseñanza de una segunda lengua o de su recuperación, lo que es un “ejemplo muy claro de un racismo muy arraigado”, señaló la doctora Sylvia Schmelkes, presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en la presentación de los resultados del proyecto en la Universidad Iberoamericana.
Schmelkes, quien antes de presidir el INEE fue directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Ibero, criticó que si bien desde hace muchos años se utiliza una pedagogía a nivel global para enseñar una segunda lengua, en México ha sido poco aprovechada para enseñar o rescatar lenguas indígenas en riesgo de desaparición.
La doctora Schmelkes destacó el programa impulsado por la Ibero en Xochistlahuaca, pues consideró que a esta propuesta “sí le interesa poner en práctica el bilingüismo equilibrado”, que implica darle su lugar a la lengua indígena en las aulas, poniéndola en práctica mediodía, todos los días, lo que facilita la educación intercultural.
Coordinada por la maestra Joan Marie Feltes, colaboradora del Inide, la práctica “Cultura e identidad con educación ambiental” ha integrado el saber local a los conocimientos escolares oficiales en colegios como la Escuela Juan Álvarez, que se convirtió en uno de los 20 casos ganadores de la Cumbre de Líderes en Acción por la Educación 2012, que reconoció las buenas prácticas de escuelas públicas de educación básica en México.
Mediante esta práctica, los alumnos aprenden a escribir y hablar en español y en ñomndaa (lengua de la zona), en espacios de práctica separados para cada lengua, con el apoyo de maestros altamente capacitados, lo que ha facilitado el desarrollo de un bilingüismo equilibrado y el diálogo intercultural.
Además, al involucrar en un alto grado a los padres y madres de familia, y gracias a una gran variedad de estrategias encaminadas a las necesidades específicas de aprendizaje de los alumnos, los programas de doble inmersión facilitan que los estudiantes no sólo mantengan su lengua nativa, sino que adquieran otra (el español) al mismo tiempo.
En su visita a la Ibero, Sylvia Schmelkes precisó que la lengua indígena se debe escribir, pues esa acción le brinda un lugar público, refuerza su capacidad de memoria histórica, evita su desplazamiento y unifica su comprensión, sobre todo cuando es leída por quienes hablan diversas variantes de la misma lengua.
“La lengua da identidad, respetarla da autoestima y permite aprenderla mejor”, añadió la experta, quien reafirmó que ser bilingüe tiene enormes ventajas cognitivas.


® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Educación y Cultura AZ.

24 de octubre de 2013

Salvador Ruiz de Chávez: sobre la virtud individual y los vicios sociales

Por Pedro Flores Crespo*

Salvador Ruiz de Chávez Ochoa (SRCH, n.1948) fue director de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1989 a 1993 y tuvo el acierto de fijar como horizonte de esa institución la calidad académica. Esto implicó el desarrollo y puesta en marcha de innovadores programas, arduas jornadas de trabajo, internacionalización del quehacer universitario, un firme liderazgo y sobre todo, una clara convicción por el desarrollo integral de los estudiantes. Había que transformar la fisonomía de una de las facultades más grandes de la UNAM.
Pero mover una facultad hacia la transformación académica no fue fácil. SRCH tuvo que tomar decisiones en un ambiente adverso, el cual gradualmente se fue transformando como resultado de su incansable esfuerzo y de una particular mística personal. Pese a la hostilidad, SRCH supo conformar un equipo de trabajo unido y profesional (Juan José Pérez Castañeda, Jorge Acoltzi, Eva Ruelas, Óscar Lara-Fournier, Jesús Escobedo, Alfonso Orozco-Castañon, Nadima Simón y Fernando Arias Galicia, entre otros). Además, siempre mantuvo la esperanza en los jóvenes estudiantes y en los profesores. Reflejo de ello, fue su convicción de fundar, en 1998, la Asociación de Profesores de Contaduría y Administración de México (APCAM), cuya misión es promover la creación de oportunidades de desarrollo para los académicos y así mejorar la función docente.
Si tomamos en cuenta que Administración, Negocios y Contabilidad son áreas que aglutinan alrededor del 17 por ciento de la matrícula escolarizada total de licenciatura (527,279 jóvenes) y que los actuales programas del mejoramiento docente dejan fuera al profesor de asignatura, se podrá aquilatar mejor la importancia de la APCAM en el campo de la educación superior. Desde 1998, esta asociación ha organizado, anualmente, el Congreso Internacional sobre Innovaciones en Docencia e Investigación en Ciencias Económicas Administrativas y mantiene una revista electrónica arbitrada (www.apcam.org.mx).
Pero a muchos, inexplicablemente, el valioso trabajo de la APCAM les incomoda. Aún así, SRCH no se arredra y prefiere fijarse nuevas metas en el sector universitario y fuera de él, un día diseña y organiza exámenes generales de egreso para contaduría y administración desde el Ceneval, otro organiza los procesos de evaluación interinstitucional de los CIEES (Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior) o se le ocurre fundar una consultora educativa y además, dirigir el área de capacitación y desarrollo institucional de la Auditoria Superior de la Federación. Por si esto fuera poco, sigue practicando la natación, deporte que lo llevó, en 1968, a ser miembro del equipo nacional junto a campeones de la talla de Guillermo Echevarría, Felipe “el Tibio” Muñoz y María Teresa Ramírez. Creo que si Salvador Ruiz de Chávez viviera en un país moderno, las más reconocidas universidades del país no hubieran prescindido de sus capacidades y labor docente; pero México es, a veces, terriblemente ingrato. ¿No me creen? Pregúntele a muchos otros académicos, intelectuales y artistas que tienen que dejar su tierra para poder abrirse camino. Aquí el mérito es lo de menos. ¡Vivan los compromisos, ambición e intereses!
Al contrario de otros “universitarios” que se amargan por la pugna académica, SRCH sigue creyendo en las personas, mantiene su buen humor y ensancha su generosidad. Quizás sus estudios, vida y amor por el Japón le introdujeron el gen estoico y trabajador, que muchos de los que colaboramos con él tuvimos que “sufrir” y adoptar en algún momento. Vimos entonces que la herencia no sólo es un proceso de índole genético, sino que las virtudes también puede incrustarse en nosotros por admiración y cariño. ¿Como en los sistemas cuánticos abiertos?
Mañana 25 de octubre de 2013 una aula del Centro de Desarrollo Docente de la FCA-UNAM llevará oficialmente el nombre de Salvador Ruiz de Chávez. Tal hecho reconoce a un maestro dedicado, a un director visionario, a un amigo que supo ser leal y a un universitario cuya impecable trayectoria profesional no se ha asentado en la lisonja ni en la cultura cortesana que aun, por desgracia, sigue permeando la vida universitaria. Aun cuando SRCH fue capaz de centrar su atención y preocupación en la vida y trayectoria de los jóvenes estudiantes (aparte de mejorar los indicadores clásicos de desempeño), la Junta de Gobierno de la UNAM decidió no reelegirlo para el periodo 1993-1997. A 20 años de esa inexplicable decisión, quedan muchas lecciones y preguntas abiertas para la vida y “cambio” institucional de la Universidad Nacional. 
Como egresado de la FCA, espero que los estudiantes que crucen la puerta del salón Salvador Ruiz de Chávez mediten que así como las virtudes individuales pueden cultivarse por medio de la reflexión y el estudio, la envidia, ambición y mala leche son vicios de cualquier espacio social. Pero no hay que arredrarse, hay ejemplos concretos que siguen marcando una línea honesta y congruente en el quehacer universitario. A éstos hay que unirse y seguir.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

22 de octubre de 2013

Capacitan a 450 docentes de escuelas indígenas de Chiapas, Yucatán y Guerrero

A lo largo de dos años, la Universidad Iberoamericana (UIA) ha brindado profesionalización docente a más de 450 maestros, directores y capacitadores de maestros de primarias y secundarias rurales en municipios marginados con población predominantemente indígena, de los estados de Guerrero, Chiapas y Yucatán.
Esto ha sido posible gracias al programa Escuela y Comunidad: Diplomado en Metodología de Educación por Proyectos para docentes de primarias y secundarias de comunidades indígenas, impartido por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide), perteneciente a la Universidad.
Este diplomado de tres años, que capacita a profesores y directivos de escuelas primarias indígenas, primarias regulares, secundarias generales y telesecundarias, es llevado a cabo por tres equipos de trabajo, ubicados de manera permanente en cada uno de los estados mencionados.
La estrategia de intervención consiste en el desarrollo de 12 sesiones presenciales, así como visitas de seguimiento y apoyo pedagógico, acompañadas de investigación cualitativa y cuantitativa que permite a los especialistas identificar los cambios significativos en las prácticas de los docentes capacitados.
En su primer año (2011-2012) se capacitaron 153 docentes (44 de Chiapas, 38 de Yucatán y 71 de Guerrero), mientras que en el segundo se atendieron 300 (66 de Chiapas, 64 de Yucatán y 170 de Guerrero).
En el presente y último año de actividades, este proyecto, que ha recibido apoyo de fundaciones como Kellogg’s, Sertull, Metlife y Bécalos, fortalecerá las capacidades docentes y proporcionará herramientas pedagógicas para la formación de valores, la participación infantil y juvenil en proyectos participativos, el rescate y revalorización de la lengua, los saberes ambientales y culturales, así como el fortalecimiento de la identidad y el sentido de pertenencia.
Además desarrollará una plataforma educativa innovadora y pertinente a las condiciones locales y el fortalecimiento del vínculo escuela-comunidad, promoviendo la consolidación de una red interestatal de docentes y directivos para continuar su formación e intercambio de experiencias, a través de una plataforma virtual.

La educación superior particular y la distribución de oportunidades educativas en México

Este ensayo presenta un análisis de la evolución de la educación superior de sostenimiento privado en México durante las dos décadas más recientes. La perspectiva de análisis tiene como objetivos valorar el desarrollo de este tipo de oferta educativa y llamar la atención sobre la necesidad de discutir la función social que debiera cumplir en un entorno caracterizado por una insuficiente e injusta distribución de las oportunidades educativas. Las sugerencias derivadas de las reflexiones contenidas en este texto pretenden alimentar el debate público sobre este tema, acción fundamental para avanzar hacia soluciones óptimas.


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Carlos Muñoz Izquierdo es Licenciado en Economía por el ITAM y doctor honoris causa por  la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Es investigador emérito y fundador del INIDE de la UIA. Marisol Silva Laya es doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México). Actualmente es Directora del INIDE. E-Mail: marisol.silva@uia.mx  

21 de octubre de 2013

Presentación del Diplomado "Escuela y Comunidad" con maestros de Chiapas, Guerrero y Yucatán (Segunda Parte)

Premian a ganadores de Concurso Nacional de Ensayo

Se llevó a cabo la premiación de los ganadores del Primer Concurso Nacional de Ensayo sobre Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia, que realizó la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), a través de la Secretaría de Rectoría e Imagen Institucional (SRII).
En la categoría Extensión de la Cultura, el ensayo ganador fue de Luz María Ortega Villa, catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC, quien presentó “Viejos problemas, nuevas preguntas y escenarios para la extensión de la cultura”, en el que se hace un recorrido sobre los orígenes de la función de la Extensión Universitaria desde principios del siglo XX y como está marcada en América Latina como una vocación de servicio público.
En Divulgación de la ciencia el ganador fue Carlos Enrique Orozco Martínez, profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), de Guadalajara, quien presentó el ensayo intitulado “Sin embargo, se mueve. La divulgación de la ciencia en México”, el cual es un análisis que ofrece diversas propuestas para mejorar la divulgación de la ciencia en el país.
Cada uno de ellos recibió un cheque por 100 mil pesos entregado por el doctor Felipe Cuamea Velázquez, Rector de la UABC, quien comentó que estos trabajos serán publicados en un libro impreso por el Departamento de Editorial Universitaria de la UABC, cuyo tiraje será de mil ejemplares. 
Asimismo, entregó las menciones honoríficas a Bianca Garduño Bello, del Distrito Federal, quien participó con el ensayo “La extensión de la cultura universitaria en México: un ensayo sobre su historia, conceptualización y relevancia”, y a Osvaldo Joya Rubio de Tijuana por su trabajo intitulado “La inflexión cultural”.
 También recibieron menciones honoríficas Raquel Torres Peralta de Hermosillo, Sonora por “Hagamos ciencia: ciencia viva, ciencia portátil, ciencia interactiva”, y Alejandro Benítez Aguilar de Cholula, Puebla por “Cultura; extensión y conversación”. Cabe mencionar que todos estos trabajos también serán publicados en el libro.
El jurado seleccionador estuvo integrado por Antonio Calera-Grobet, actualmente escribe para las revistas Letras Libres y Variopinto; Estrella Burgos Ruiz, Directora de la revista “¿Cómo ves?”, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y por Luis Jesús Galindo Cáceres, autor de 25 libros, con más de 300 artículos publicados en 14 países de América y Europa.
En la ceremonia de premiación realizada ayer, el doctor Cuamea Velázquez mencionó que este concurso se llevó a cabo en el marco del Programa de Extensión “Presencia Cultural UABC”, el cual concentra más de 370 eventos culturales dirigidos tanto a la comunidad universitaria como la sociedad en general, principalmente a quienes tienen difícil acceso a las actividades de extensión de la cultura y divulgación de la ciencia.
“En un ejercicio de congruencia hemos realizado esfuerzos para recuperar y relanzar el quehacer de las actividades de extensión cultural universitaria, con la asignación de recursos crecientes a proyectos claros y específicos a esta función sustantiva para la universidad” expresó el Rector, reiterando que la extensión es una actividad tan importante como lo es la docencia y la investigación. 
Agregó que la asignación presupuestal en la UABC para este rubro pasó de 153 millones en el 2011 a 230 millones en el presente año, y que a pesar del recorte presupuestal del Gobierno Federal en el rubro de extensión de la cultura, en la Universidad se está trabajando para que en el presupuesto del 2014 se registre un incremento presupuestal neto y directo de al menos el 10 por ciento en relación con el 2013.
El doctor Cuamea Velázquez anunció 3 nuevas convocatorias el “Certamen Universitario Nacional de Poesía”, la “Convocatoria de apoyos para el desarrollo de proyectos de Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia”, y el “Concurso Universitario de Canto”.
También conformaron el presídium de la ceremonia de premiación el doctor Alfredo Félix Buenrostro Ceballos, Coordinador General den Centro de Estudios Sobre la Universidad y representante de la Junta de Gobierno; doctor Miguel Ángel Martínez Romero, Vicerrector del Campus Mexicali; maestro Saúl Méndez Hernández, Coordinador de Formación Profesional y Vinculación Universitaria, así como el maestro Luis Hirales Pérez, Jefe del Departamento de Extensión Cultural y los Servicios.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en UABC Noticias.

18 de octubre de 2013

¿Puede la evaluación mejorar la política educativa? (tercera y última parte)

Por Pedro Flores Crespo*

¿Qué realmente se está transformando con los cambios propuestos por el gobierno de Enrique Peña Nieto en materia educativa? Esta fue la pregunta principal que guió el seminario internacional sobre la reforma del sector organizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, el 25 y 26 de septiembre pasado. Como un agradecimiento a Flacso por haberme invitado a participar en ese encuentro, trataré, en este última entrega, de responder a la pregunta que inteligentemente bautizó su magnífico encuentro.
Transformar quiere decir que algo cambie de aspecto. Si nos ceñimos a esta simple definición, lo primero que diría —siguiendo el argumento de Sylvia Schmelkes — es que con la reforma educativa, se modificó el lugar de la educación en los planes de gobierno y en el debate nacional. Desde principios del 2013, la educación básica, que aglutina al mayor número de estudiantes, presupuesto y recursos, ha sido materia de un constante y a veces ríspido debate. El seguimiento informativo a cada paso de la reforma ha sido puntual y derivado de ello, muchos hemos podido, desde nuestras diferentes trincheras, pensar, opinar y reflexionar sobre lo que está haciendo el actual gobierno priísta en materia educativa. Esto contribuye, en cierto sentido, a hacer públicas las políticas.
Sin embargo, aún persiste un problema. Pese a la preocupación de esta administración federal por la educación y al interés de la sociedad por participar en el debate, parece que no se ha transformado la capacidad del gobierno de escuchar argumentos distintos a los suyos, aprender del diálogo y matizar sus propuestas e iniciativas. El gobierno “por discusión” que, entre otras cosas, serviría para mejorar la calidad de nuestra democracia, no se advierte dentro de algunos círculos del poder Ejecutivo y Legislativo. 
Si bien esta administración optó por una vía distinta al corporativismo clásico para impulsar cambios sustanciales en la educación de México, aún falta dar mayores pasos hacia la construcción de un nuevo esquema de gobernabilidad eficiente y democrático. Las leyes aprobadas, por ejemplo, presentaron deficiencias que diversos grupos y analistas identificaron a tiempo y sin embargo, no pudieron ser enmendadas. Una de estas deficiencias es una idea preconcebida de que los maestros mexicanos son irresponsables por naturaleza y por tanto, su actuación debe regularse al máximo. 
Otra cosa que a mi juicio parece transformarse es el lugar de los especialistas dentro de los procesos de política educativa. En un seminario sobre “evaluación docente” en la Universidad de Colima, expresé que al contrario de hace algunos años cuando había sólo dos actores configurando la agenda educativa, ahora hay por lo menos un tercer actor cuyo recurso de actuación es el conocimiento especializado. Esto no es poca cosa, pues, como diría Anthony Giddens, la confianza en sistemas abstractos y móviles como el conocimiento es un paso hacia la modernidad. Dejar de confiarle al Rey, sacerdote, líder o rector el desarrollo educativo del país es un paso hacia delante y confío en que el equipo del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) sabrá construir la institucionalidad necesaria para hacer frente a los retos políticos, técnicos y sociales que la actual coyuntura le plantea. 
Pero el debate sobre la educación también revela agrias disputas y prejuicios. Algunos profesores disidentes manifestaron que ciertos grupos sociales como el de los empresarios debía “sacar las manos” de la educación (La Jornada, “Exigen diálogo con la IP”, nota de Laura Poy; 02/06/12). Cambiemos la pregunta del seminario de Flacso y pensemos, ¿qué es lo que no se ha transformado dentro del ámbito educativo para que se expresen tales posiciones? ¿Es que acaso la pluralidad incomoda? Si este reclamo es causado por la carencia real de oportunidades para expresarse, participar y tener voz en la definición de la agenda educativa nacional, así debe expresarse y no pidiendo “diálogo” por un lado y descalificando por el otro. 
A la participación de cada grupo social y actor político la cruza una estructura de poder que en México, como en muchos países, es desigual y si los maestros la saben identificar y la señalan sin caer en la intolerancia, podrán conjuntar apoyos con otros participantes de las políticas como el de los investigadores. 
Parece haber fuertes coincidencias en la necesidad de democratizar las condiciones para participar en las discusiones sobre el cambio educativo. Si recuperar la “rectoría del Estado” en materia educativa implicó una fuerte concentración de poder, ahora la incógnita es si habrá una redistribución de éste para tratar de implementar eficazmente la reforma. Este camino, no obstante, presenta un problema: Democratizar, implica para el PRI perder poder. Ya veremos qué camino elige. Ellos también podrían transformarse gracias a la reforma. La bolsa de la legitimidad aguarda a los gobiernos que pagan los costos por un bien mayor. 


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

17 de octubre de 2013

Debate informado. "Reforma educativa: ¿qué estamos transformando?"

Debate informado. "Reforma educativa: ¿qué estamos transformando?". Mesa 4: Evaluación y política educativa. Intervención de Pedro Flores Crespo*.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Flacso México.

10 de octubre de 2013

¿Puede la evaluación mejorar la política educativa? (segunda parte)

Por Pedro Flores Crespo*

Uno de los argumentos contra los cambios propuestos por el gobierno de Enrique Peña Nieto en materia educativa fue el relacionado con las posibles consecuencias de la evaluación sobre los pobres. Parece haber un temor latente de que las pruebas estandarizadas no le hacen justicia al desfavorecido. El hecho de detectar que los pobres logran puntajes más bajos que el resto de la población en un examen que se aplica a todos por igual, ¿es motivo suficiente para pedir la cancelación de estas técnicas de medición? Si entramos en el terreno político, el argumento pobrista es útil, pero si deseamos pensar con mayor profundidad qué hacer para poder cerrar las brechas entre ricos y pobres, no hay razón para prescindir de esas bases de información.

¿Ganan algo los más pobres al no ser evaluados o que sus resultados no sean comparados con los de otros grupos sociales? ¿Por ser pobre me vuelvo inmume de cualquier ejercicio evaluativo y comparativo? ¿Quién otorga tal condición? ¿El líder sindical, el académico, el rector o la filosofía política contemporánea?
En su libro sobre la Idea de la Justicia, Amartya Sen (2009) escribió un capítulo sobre “imparcialidad y objetividad” en donde se pregunta lo siguiente: “¿Puede haber una buena comprensión de la ética en general y de la justicia en particular que centre su atención en algunas personas y no en otras con la idea de que algunas de éstas son relevantes y otras no?” Sen es claro al responder: la filosofía política y moral contemporánea niega esa posibilidad al exigir que se vea a todo individuo como “política y moralmente relevante”. 
Es decir, sacar de un esquema de evaluación al desposeído podría minar el carácter de imparcialidad cuyo lugar en la ética y en la teoría de la justicia es, según el Nobel, central. Si al evaluar, no se capturan las condiciones de los más desprotegidos ni se comparan sus resultados con los de otros grupos, estaremos entonces en riesgo de dejar fuera información relevante para poder discutir cómo mejorar políticas y programas orientadas a cerrar las brechas entre pobres y ricos. Sabemos que las comparaciones son odiosas a nivel personal, pero en el terreno de la filosofía política, son necesarias. 
Abatir la pobreza implica, entre muchas otras cosas, un ejercicio de evaluación estandarizada que puede no ser negativo per se. El mal uso de los resultados de ésta es otra cosa y gracias a la voz de algunos especialistas y de las recientes movilizaciones magisteriales, hemos sido bien advertidos de no sobre dimensionar el recurso de la evaluación en el desarrollo de las políticas orientadas a mejorar la calidad de educación de un país tan desigual como México. Por ello, en la primera entrega de esta serie de artículos, expresé la necesidad de ampliar la base de información para discutir qué programas y políticas suprimir, cuáles mejorar y cuáles mantener.
En resumen, la diferencia entre el valor de ser sujeto de evaluación y los usos (y abusos) de los resultados de estos ejercicios no es menor y si se advirte claramente, habrá posibilidades de: (1) mejorar sustancialmente las técnicas de medición del logro escolar o docente; (2) centrar la crítica pública en las condiciones que no hemos podido — como sociedad y gobierno — asegurar para que los más pobres puedan aprender al parejo de otros grupos y (3) promover debates académico—filosóficos sobre la relación entre evaluación y desigualdad y así no estar a merced de discursos demagógicos o de presiones de políticos profesionales. 


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

9 de octubre de 2013

¿Y la calidad educativa?

Por Gabriela Rodríguez*

¿Por qué no se utiliza el conocimiento que genera la investigación para mejorar la calidad de la educación? Una entrevista realizada al doctor Carlos Muñoz Izquierdo por los investigadores Aurora Loyo y Cristian Solórzano (La influencia de los resultados de investigación en la toma de decisiones de política educativa, Revista Mexicana de Investigación Educativa, número 58, volumen XVIII, 2013). nos da lecciones clave sobre la relación –o el divorcio– entre investigación y políticas públicas.
En la visión de uno de los más destacados investigadores mexicanos de la educación se trata de un vínculo complejo que no se soluciona con un diálogo con los políticos. La etapa con mayor diálogo de investigadores con los políticos fue cuando se fundó el Conacyt; desde entonces el doctor Muñoz Izquierdo comprendió que con ese diálogo no era posible transformar las políticas públicas. Él considera que nunca hay que dejar la investigación para irse a colaborar directamente como asesor del gobierno, porque ese camino lleva a perder la independencia intelectual. Una de las claves es que las instituciones académicas sigan siendo independientes; más que responder a la investigación, el gobierno ha reaccionado cediendo a las presiones que le han hecho diversos sectores sociales, como cuando los sectores empresariales obligaron a poner en línea los resultados de las pruebas Enlace de cada alumno y de cada escuela.
Entre las principales experiencias que cuenta el también posgraduado de la Universidad de Stanford, es que en los 70, cuando Víctor Bravo Ahúja era el secretario de Educación Pública, le comunicó los resultados de un estudio que mostraba la incapacidad que ya en ese momento tenía el sistema productivo para absorber a los egresados del sistema escolar. El secretario opinó que era necesario entonces frenar el crecimiento de la enseñanza superior para solucionar el problema; como es obvio, esa opinión era totalmente contraria a la que el doctor esperaba. Refiriendo otra de sus amargas experiencias, Muñoz Izquierdo no menciona el nombre de un secretario que se impulsaba como candidato a la Presidencia de la República, y que citó a su equipo de investigadores del Centro de Estudios Educativos: sin miramientos nos regañaron, porque estábamos pateando el pesebre con las críticas que hacíamos al gobierno. En los últimos años de la década de los 70, la investigación educativa tuvo su edad de oro gracias a la percepción del presidente José López Portillo de que iba a ser necesario administrar la abundancia. Algunos de sus estudios hicieron notar que iba a disminuir la demanda por profesores de primaria y que aumentaría el número correspondiente de educadoras de prescolar, lo cual fue tomado como argumento del SNTE para hacer obligatorio ese nivel de enseñanza.
En tiempos de Carlos Salinas, cuando Manuel Bartlett encabezó la SEP, hubo una interesante interacción. Bartlett fue el último secretario que intentó poner en práctica un modelo educativo novedoso, muy vinculado a las propuestas de la Unesco. Surgió un Plan de Desarrollo Educativo y un modelo operativo producto de diversos estudios. Sin embargo, el modelo nunca se aplicó, porque Bartlett lanzó su candidatura al gobierno de Puebla por presiones del SNTE –según entendió Muñoz Izquierdo–, entonces le quedó claro que el gobierno apoya gustosamente lo que considera necesario, aunque después tira por la borda las sugerencias derivadas de la investigación, por considerar que ellas no satisfacen sus propios intereses. Con Zedillo, el doctor no recuerda ninguna experiencia significativa; durante el periodo de transición previo al presidente Fox hubo un grupo de análisis que preparó un balance al nuevo gobierno.
Con el presidente Calderón se hicieron análisis de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), cuyos resultados fueron decepcionantes para el también premio Nacional de Ciencias:tomen en cuenta que, años atrás, el secretario de Educación había pagado una importante cantidad de dólares a una consultora internacional, quien a cambio de ese pago le aconsejó recuperar el control de las plazas magisteriales, así como las de dirección y supervisión escolar.
Josefina Vázquez Mota fue muy gentil conmigo, sin embargo, nunca encargó estudio alguno ni tomó en cuenta las investigaciones realizadas. Es necesario invertir en investigaciones robustas y longitudinales que vayan más allá de los diagnósticos e investiguen las soluciones, recuperar la influencia de la investigación doméstica y no solamente importar estudios de otros países, generar espacios de intercambio de saberes entre áreas de planeación y gestión escolar, crear canales entre investigadores y tomadores de decisión, así como impulsar el periodismo especializado para influir en los últimos. El recientemente nombrado premio Nacional de Ciencias afirmó: Puedo decirles que estoy cansado de hacer propuestas por escrito, tanto en la prensa y en mis publicaciones, encaminadas a mejorar la calidad de la educación y a reorientar el gasto educativo, que se han quedado en el aire.
Hoy que llevo cinco días atrapada en Acapulco, también me queda claro que si los políticos hubiesen tomado en cuenta la información meteorológica sobre las tormentas tropicales, se hubiesen evitado muchas muertes y graves consecuencias en medio de estas tempestades.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en La Jornada.

7 de octubre de 2013

Cada vez son más los graduados sin empleo

Pese a que en el sexenio pasado se crearon sólo 40 por ciento del total de empleos necesarios para eliminar el desequilibrio de egresados de licenciatura y su entrada al sector productivo de la sociedad, lo preocupante es que hoy no existen indicios de que la magnitud del problema haya disminuido.
En México, el subempleo estructural es generado por la disparidad entre el ritmo al que crece la economía para incorporar productivamente a los egresados del sistema escolar, y la velocidad a la que se expende el número de egresados de educación superior provoca una situación que afecta a los egresados de cualquier nivel educativo, pero principalmente a los de instituciones de educación superior.
El doctor Carlos Muñoz Izquierdo, del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Universidad Iberoamericana, y también ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, indicó que durante la segunda mitad del siglo pasado la proporción de egresados de educación superior que pudo obtener empleos acordes a su escolaridad disminuyó paulatinamente hasta descender a 0.27 al terminar la década de los 90.
Por ello, en el año 2000, casi cuatro egresados (3.73) tenían que competir por el mismo puesto profesional generado en el sistema productivo. Como ocurre en cualquier mercado en el que la demanda es inferior a la oferta, los precios (en este caso, los salarios relativos de los egresados) tendieron a la baja, dijo.
De esta forma, los egresados que no consiguen el puesto por el que compiten con tres personas más, no quedan desempleados necesariamente, pero sí se ven obligados a aceptar ocupaciones menos productivas que aquellas a las que se orientaron sus carreras, apuntó el experto de la Ibero, casa de estudios que celebra 70 años de existencia.
Así, más que una “sobreoferta de profesionales”, se registra un “déficit de demanda”, una incapacidad estructural de la economía para absorber en condiciones aceptables a los egresados del sistema escolar, empezando por quienes han cursado la educación de nivel superior.
Para combatir este problema, el especialista sugiere que en lugar de desacelerar el crecimiento de la demanda por educación superior tradicional, se requiere que sus egresados estén preparados para realizar funciones de carácter general (como el diseño, planeación, administración y evaluación de productos, procesos y organizaciones).
También será indispensable aceptar que el crecimiento de la oferta educativa no se puede limitar a satisfacer la demanda laboral generada en el sector tecnológicamente más avanzado del sistema productivo, ya que el crecimiento de ella es y seguirá siendo insuficiente para absorber en condiciones adecuadas a dichos egresados, exhortó el investigador.
En lugar de tener como único referente el crecimiento de esa demanda, el sistema escolar debe preparar a sus egresados para crear nuevas ocupaciones productivas, por lo que “es necesario que las instituciones de educación superior revisen la orientación de sus funciones de docencia, investigación, servicio y difusión, con el fin de incluir algunas actividades que se dirijan al análisis, interpretación y gradual solución de los problemas que afectan a las actividades productivas realizadas fuera de los sectores hegemónicos del sistema económico del país”, recomendó Muñoz Izquierdo. Al concluir sus estudios de licenciatura, 75 por ciento de los alumnos de la Ibero ya trabajan en su campo, mientras que el resto encuentra empleo en los siguientes cinco meses.


Carlos Muñoz Izquierdo es Licenciado en Economía por el ITAM y doctor honoris causa por  la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Es investigador emérito y fundador del INIDE de la UIA. Originalmente publicado en Sin Embargo.

Despliegue de estrategias para erigirse en modelo nacional

El programa Educar con Responsabilidad Ambiental (ERA) convierte a Chiapas en un modelo nacional y es impresionante por el despliegue y las estrategias que conlleva. Será emblemático’, afirma Sylvia Schmelkes, presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y una de las integrantes del Consejo Consultivo Nacional del proyecto.

La especialista en investigación educativa fue, en días pasados, testigo de calidad en la firma del convenio entre la Secretaria de Educación del estado y la Universidad Iberoamericana (UIA) para la impartición del diplomado ‘Escuela y Comunidad’.
Socióloga, con una maestría en investigación educativa, precisamente por la UIA, la catedrática considera que “es un momento muy apropiado para que Chiapas empiece a trabajar a través de Educar con Responsabilidad Ambiental, pues la educación en medio ambiente implica la formación de valores. Este paso convierte hoy día al estado en un modelo nacional al asegurarse de que las regiones y las comunidades sean sustentabas'.
Al conocer de manera detallada los avances en las líneas estratégicas del proyecto ERA, Schmelkes recordó que Chiapas es un estado emblemático en cuanto a su biodiversidad y riqueza por lo que consideró a la escuela como un sitio de privilegio para formar en valores y respeto, así como para la promoción de la sustentabilidad.
La especialista también ha sido coordinadora general de educación intercultural y bilingüe en la Secretaría de Educación Pública, al tiempo que realiza investigación en el campo de la educación valoral.
Se comprometió a dar todo el apoyo al programa ERA, el cual tendrá oportunidad de revisar y enriquecer desde el punto de vista pedagógico. En particular, su presencia contribuirá ‘en la construcción de estrategias y propuestas de intervención en favor del desarrollo de una nueva cultura ambiental en la sociedad chiapaneca’, señalaron las autoridades educativas estatales al presentar a la investigadora como parte del Consejo Consultivo Nacional de ERA.
Sylvia Schmelkes fue presidenta de la junta de gobierno del Centro de Investigación e Innovación Educativas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y consultora de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Unicef y la OEA, en temas educativos, entre otros cargos.


*Originalmente publicado en La Jornada. Sylvia Schmelkes del Valle es Socióloga y Maestra en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana - Ciudad de México). Fue Directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la UIA de 2008 a 2013. Actualmente es Presidenta del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE).

4 de octubre de 2013

¿Puede la evaluación mejorar la política educativa? (primera parte)

Por Pedro Flores Crespo*

Ante la visión oficial, la noticia sesgada y el jucio apresurado, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede México, hizo un alto en el camino y tuvo el acierto de abrir un espacio plural de discusión académica sobre las recientes iniciativas propuestas por el Poder Ejecutivo —y avaladas por el Legislativo —para impulsar el cambio en el nivel de educación básico de México, que es el que más estudiantes, financiamiento y recursos concentra.
El seminario internacional: “Reforma educativa, ¿qué estamos transformando?” estuvo organizado en cuatro mesas temáticas con títulos y marcos de referencia muy sugestivos. La primera mesa se llamó: “Servicio Profesional Docente (SPD): entre la lógica de la eficacia y la gobernabilidad del sistema educativo”; la segunda analizó las implicaciones laborales del SPD, la tercera trató el tema de la gestión y de la federalización educativa y la cuarta, trató el tema de la evaluación y la política educativa.
Como uno de los participantes en esta última mesa traté de responder a la pregunta: ¿A qué grado podría la evaluación mejorar los procesos de política pública educativa? En esta serie de artículos compartiré algunas de mis reflexiones que tuve el honor de discutir con mis apreciados colegas como Teresa Bracho (INEE), Francisco Miranda (Flacso), Margarita Poggi (IIPE-UNESCO), Gabriela Uribe, de la Secretaría de Educación del Estado de Guerrero y sobre todo, con el entusiasta público que asistió a Flacso. Así que el debate continua.
Difícilmente un indicador sobre desempeño docente, escolaridad, aprovechamiento académico o sobre las condiciones de estudio puede dar cuenta de un fenómeno tan complejo como es la calidad educativa. En México, se ha adoptado un marco conceptual de lo que esto significa, identificado sus componentes, dicho que la integración de éstos constituyen la “calidad” y por si fuera poco, se han creado indicadores para dar cuenta de ella de manera objetiva. Esto no es un logro menor, pero tristemente se olvida al entrar al terreno de la disputa política.
Sin embargo, evaluar la calidad de la educación requiere más que un constructo coherentemente construido. Se requiere, entre otras cosas, de una base de información más amplia y plural y un uso inteligente de ésta. A la par de los indicadores que se han generado y de los resultados de las pruebas nacionales e internacionales sobre logro académico, parecería que aún falta mayor evidencia para discutir qué programas suprimir, qué políticas mantener y cuáles reforzar, pero, ¿cuál podría ser esa evidencia? En otros espacios, he argumentado que se requiere de un esquema de evaluación de políticas y programas mejor articulado. 
En México, la evaluación de políticas y programas ha existido desde hace varios años, ya sea como mero requisito de las agencias financiadoras, como labor independiente de los investigadores o, más recientemente, como parte de la regulación gubernamental. Sin embargo, parece haber al menos tres limitaciones sobre este tema. Primero, la evaluación de políticas sociales tiene serias limitaciones para valorar la efectividad de los programas en su conjunto, es decir, cómo se produce la sinergía entre varias intervenciones (INSP, 2007; Muñoz, Magaña y Bravo 2009; Bracho, 2011). 
Segundo vacío: los esfuerzos de evaluación se han concentrado en verificar el cumplimiento de ordenamientos presupuestales o normativos bajo el esquema de planeación gubernamental conocido como la metodología del Marco Lógico (MML) y esto, como bien argumenta Bracho, facilita el seguimiento de los resultados, pero no tiene el potencial de valorar profundamente el programa en cuestión.
Tercero, parece haber una multiplicidad de esfuerzos institucionales para evaluar programas en el campo de la educación de México. Existe, por un lado, la Dirección General de Evaluación de Políticas de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y por otro, la Ley General de Desarrollo Social establece que la evaluación de la política social —que incluye, por supuesto, a la educativa— la realizará el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval), las universidades y organizaciones “no lucrativas”, siempre y cuando sean independientes al ejecutor del programa (LGDS, 2004)
Por si esto fuera poco, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), junto con la Subsecretaría de Educación Básica (SEB) han puesto en marcha convocatorias para apoyar proyectos de investigación educativa que evalúen el “diseño, resultados e impacto de programas y estrategias educativas”. A este conjunto de iniciativas se sumó el INEE que, desde 2002, ha incluido como una de sus funciones la evaluación de programas. Ahora, el Artículo 25 de la ley del Instituto, promulgada hace unos días, vuelve a reforzar el punto.
Ante esta multiplicidad de esfuerzos, es justo preguntar: ¿Podrían todas estas instancias articularse para saber públicamente qué programas y políticas educativas verdaderamente funcionan? ¿Quién ha hecho una síntesis de los resultados de evaluación de impacto de los programas educativos? ¿Están las evaluaciones midiendo realmente lo importante? ¿Y qué es lo importante para esta administración? ¿Las “competencias” lectora, matemática y científica o algo más? 
La evaluación de políticas y programas en el campo educativo es una necesidad real. No hay que olvidar que Gestión Social y Cooperación (Gesoc, A.C.) reportó que 105 de 132 programas públicos federales o presentan problemas de opacidad y por lo tanto, no pueden ser evaluados o simplemente, no están orientados a resolver los problemas para los que se crearon. Tienen, en palabras de Gesoc, una “dispersión de la política social”. Este conjunto de programas —que incluyen a varios en el terreno educativo—, captaban en 2011, 39 por ciento del total del presupuestos asignado. ¿Está México para derrochar así sus escasos recursos? 
La evaluación de política y programas requiere de un mayor impulso y atención de los especialistas, funcionarios y centros de investigación con el propósito de ampliar la base de información y que así, se discuta con mayor rigor y claridad qué políticas educativas habrá que mejorar, suprimir o apoyar. De otro manera, la base del cambio educativo estará sólo asentada en ocurrencias, fobias y modas. Por eso luego nos va como nos va.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

3 de octubre de 2013

“A la reforma educativa le hace falta diálogo”. Entrevista a Marisol Silva

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az: ¿Por qué las reformas a los sistemas educativos, sin importar el grado de desarrollo de un país, son estratégicas para todo gobierno?
Marisol Silva (MS): Son estratégicas por la importancia que se le da a la educación en el desarrollo social que pueden tener los habitantes de un país. Muchos gobiernos se han dedicado a mejorar las condiciones del sistema educativo y sus resultados, de manera que puedan tener una población mejor formada que pueda impactar no solamente en una mejor productividad, sino también en su comportamiento.
Captura de pantalla 2013-10-01 a las 14.36.42az: En relación a la reforma que acaba de promulgarse, ¿cómo la evaluaría? ¿Podría decirse que es la fórmula para revertir la crisis de la calidad de la educación pública por la que atraviesa el país?
MS: Definitivamente no es la fórmula para revertir los problemas de calidad de la educación. Coincido con otros colegas, no es propiamente una reforma educativa. Es una reforma a ciertas condiciones de operación de un sector del sistema operativo y que puede tener claroscuros. Podrían derivarse algunos efectos positivos, sin embargo, no creo que esta reforma —de la manera que está planteada— pueda impactar en el conjunto de lo que significa el sistema educativo porque la calidad de la educación es un fenómeno complejo que no descansa solamente en los maestros, son múltiples los factores que intervienen para llegar a una mejor calidad. Esta reforma, de la manera como quedó planteada, no abarca al sistema educativo en su totalidad.
az: ¿Podría decirse, como se ha mencionado en algunos medios, que es parcialmente laboral?
MS: Sí, es parcialmente laboral. Después el presidente anunció —y tendríamos que esperar— una serie de acciones posteriores a la reforma que son necesarias. Estas acciones tienen que ver con el diagnóstico de las escuelas normales. Creo que uno de los aspectos que debe atenderse es el mejoramiento y la profesionalización de la formación de los maestros. Si no educamos mejor a los maestros, si no los dotamos de mayores capacidades e impulsamos en ellos una identidad profesional, universitaria, si no mejoramos su imagen no vamos a optimizar ni el proceso ni los resultados de este sistema educativo. El anuncio se da después de las críticas que ha recibido la reforma y eso me parece sensato, pero lo ideal hubiera sido que la reforma resultara integral desde un principio.
az: Desde esa perspectiva, ¿estimaría que en esta iniciativa faltó comunicación efectiva para integrar la voz de los docentes?
MS: Creo que hizo falta mayor diálogo entre docentes y especialistas que hemos trabajado el tema de la educación. Una consulta más amplia y un diálogo fructífero. El hecho de carecer de este tipo de mecanismos para llegar a las propuestas es lo que ha detonado la situación en la que nos encontramos.
az: ¿Considera que la responsabilidad de la mala calidad de la educación ha recaído únicamente sobre los docentes?
MS: No puede negarse la función que tienen los maestros en los procesos de enseñanza y aprendizaje, y con el sostenimiento del sistema educativo en lo general. Definitivamente no es el único actor; culpar a los maestros es un error y puede costar mucho trabajo recuperar esa imagen que necesitamos que tengan los docentes, como gente fundamental en la atención de nuestros hijos. La satanización no dejará nada bueno. La sociedad se encuentra muy polarizada. Los ciudadanos del Distrito Federal reaccionan de forma cada vez más agresiva, con menosprecio hacia los maestros. El peligro de esta reforma es la fragmentación y nadie gana con esa situación.
az: ¿Sería necesario revalorar el papel que desempeñan los docentes en el proceso educativo?
MS: Creo que sí. Vale la pena identificar dónde están las dificultades. La evaluación es útil. Me parece que la evaluación formativa en los términos en que recientemente se ha pronunciado el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) es necesaria. De hecho, se está hablando de hacer una primera evaluación para saber en qué condiciones nos encontramos y, a partir de ello, derivar acciones. Esto me parece muy útil, el problema es que se ató la evaluación con las condiciones laborales. La evaluación es una herramienta muy útil, pero no la única. Tiene que ir aparejada con la formación y el refuerzo de las condiciones profesionales.
az: Una de las principales quejas de los docentes es que muchos de ellos trabajan en condiciones difíciles.
MS: Hay escuelas que trabajan en condiciones paupérrimas. También es importante tener en cuenta el contexto en el que se desenvuelven las escuelas, la situación y el tipo de niños que asisten a esos planteles y cuyo aprendizaje muchas veces no depende del maestro sino que requiere soluciones integrales.
az: ¿Qué le hace falta entonces a esta reforma?
MS: Le hace falta un diálogo fructífero y sincero. En este momento está muy crispada y tensa la situación. Será difícil establecer condiciones de diálogo, pero hay que buscar esos espacios. Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) han radicalizado su postura, mientras que las autoridades sacaron la reforma con una gran premura. El INEE no participó en las discusiones —desde el punto de vista técnico— de lo que sería deseable que se estableciera en el país. A la reforma le hace falta diálogo y tendríamos que buscar en este momento quiénes podrían ser interlocutores, intermediarios en él porque todavía hay muchas cosas por decidir. Tienen que definirse cuáles son las condiciones mínimas del ejercicio de la docencia y quiénes van a participar. No puede ser una decisión vertical. Tendrían que opinar determinados actores con calidad moral, técnica y autorizada sobre estos temas.
az: Con la evaluación de los profesores, ¿verdaderamente se elevará la calidad de la educación pública?
MS: Evaluar a los profesores y muchas otras cosas. Se tienen que evaluar las políticas, los procesos administrativos y la infraestructura. Calificar a los maestros puede mejorar la calidad, pero también tienen que evaluarse los programas, los métodos memorísticos y tradicionales; deberíamos transitar a formas distintas en situaciones de aprendizaje, nuevas reformas didácticas. Evaluar lo que estamos haciendo ayuda, pero no creo que centrándonos en un único actor obtendríamos los resultados que estamos esperando. El elemento pedagógico ha quedado totalmente ausente en la reforma.
az: ¿Se requiere un debate público nacional?
MS: Estoy convencida de que se tienen que generar esos espacios no sólo en la capital de la República sino también en los estados donde se escuchen estas voces y puedan construirse estos acercamientos. Recuperar las buenas prácticas que hay en el país, la voz de los especialistas que han estado trabajando durante mucho tiempo con los temas de enseñanza y aprendizaje para generar una verdadera reforma integral.
az: ¿Cómo evaluaría entonces las políticas públicas educativas en los últimos 20 años?
MS: Yo creo que se han intentado maquillar elementos y fragmentos del sistema educativo y no se ha puesto el acento en una atención integral. Y un factor clave es la formación de los propios maestros y su profesionalización. Ha habido mucha simulación; por ejemplo, la Carrera Magisterial (CM) ha sido ampliamente criticada por los ejercicios de simulación que provocaron, sin una mejora real del aprendizaje, del desarrollo de los niños, de los maestros, de las escuelas.
Al día de hoy, después de dos décadas, seguimos arrastrando problemas muy serios. Por ejemplo, el de la desigualdad en las oportunidades que tienen los niños de asistir a la escuela. Es cierto que en educación básica primaria se tiene casi 99% en cobertura, sin embargo los niños no aprenden y no desarrollan procesos que les permitan fortalecer sus habilidades cognitivas. ¿Dónde están las mayores dificultades? En las escuelas y entre los niños que pertenecen a las familias más pobres del país. Este es un saldo que seguimos acumulando y al día de hoy no se ha resuelto. Si no hemos mejorado durante dos décadas es porque las políticas no han sido integrales. También se requieren políticas intersecretariales para atender las dificultades derivadas de los problemas sociales.
Hay que evaluar los procesos por los que se definen las políticas, conocer la información que se considera para tomar las decisiones. Analizar si la toma de decisiones está sustentada en información fidedigna, por ejemplo, en los procesos de investigación que hay en el país. Al momento de decidir e implementar las políticas está el problema más grave.

* Originalmente publicado en AZ Revista de Educación y CulturaMarisol Silva Laya es doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), académica, investigadora, y actualmente Directora del INIDE de la Ibero. Email: marisol.silva@uia.mx

Evento: Hacia una Metodología para el Desarrollo de las Habilidades de la Biliteracidad y el Diálogo Intercultural en las Escuelas Públicas de la Región Amuzga

El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación le invita a la presentación del Proyecto Doble Inmersión, 50-50, Guerrero: “Hacia una Metodología para el Desarrollo de las Habilidades de la Biliteracidad y el Diálogo Intercultural en las Escuelas Públicas de la Región Amuzga”.

Jueves 17 de  octubre de  las 15:00 a las 18:00 hrs. Auditorio Xavier Scheifler de la Universidad Iberoamericana. Edificio S, segundo nivel.


Registro: angeles.nunez@ibero.mx

2 de octubre de 2013

Presentación del Diplomado "Escuela y Comunidad" con maestros de Chiapas, Guerrero y Yucatán.

El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) invita a la presentación del Diplomado "Escuela y Comunidad" con maestros de Chiapas, Guerrero y Yucatán. 

Con la Participación de Luis Enrique López, Gunther Dietz, María Bertely, Luz María Chapela y los protagonistas de la experiencia.

Miércoles 16 de Octubre. 10:00-18:00 hrs.

Auditorio Xavier Scheifler. Edificio S. 2º Nivel. Universidad Iberoamericana - Ciudad de México.

Contacto: sanchezgonzaleznatalia@gmail.com