31 de octubre de 2013

Redes de tutoría. Pensamiento en acción

Por Pedro Flores Crespo*

El 24 de octubre pasado, el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México organizó un diálogo entre los participantes de las redes de tutoría, académicos y representantes de diversas organizaciones civiles con el propósito de reflexionar sobre esta forma de organización escolar que presuntamente ha mejorado, de manera significativa, los aprendizajes de los estudiantes de la educación básica (www.redesdetutoria.org).
La reunión estuvo dividida en tres partes principales. En primer lugar, se proyectó el documental Maravillas, que narra la forma en como las tutorías han mejorado el proceso de enseñanza-aprendizaje en la telesecundaria Pedro Vélez, la cual está ubicada en un desolado pueblo de Zacatecas (http://documentalmaravillas.com/) Sobre este notable caso, ya escribí en Campus; ver “Cambio educativo sin sangre, sudor y lágrimas: El caso Maravillas” (No. 526, 12/09/13).

La segunda parte del encuentro estuvo dedicada a escuchar los testimonios de los actores principales de la relación tutora: director, autoridades educativas, maestros, estudiantes y padres de familia. La tercera parte la constituyeron cuatro mesas de discusión entre académicos, participantes de la tutoría, interlocutores y público en general. En esta entrega, quisiera exponer algunos de los argumentos vertidos en esta última parte del seminario, en donde tuve la fortuna de interactuar y discutir con colegas como Emilio Blanco (Colmex), Giovanna Valenti (Flacso), Manuel Ulloa (Redes de tutoría), Bernardo Naranjo (Proyecto Educativo, S.C.), Catalina Inclán (UNAM), entre otros especialistas y testigos de la tutoría.
A mi juicio, el programa de mejoramiento del logro escolar (PEMLE), que adoptó como estrategia central la tutoría y las comunidades de aprendizaje, tuvo al menos tres características destacadas. En primer lugar, empleó una base de información plural —y no sólo oficial— para focalizar las secundarias que había que atender. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), por ejemplo, contribuyó a la identificación de secundarias con bajo aprovechamiento académico para que la Subsecretaría de Educación Básica pudiera intervenir. 
Segunda característica: los fundamentos filosóficos y pedagógicos de la idea sobre redes de tutoría y comunidades de aprendizaje se desprenden del conocimiento educativo históricamente acumulado. No se trata de “inventar el agua tibia”, sólo que ahora hubo un equipo profesional comandado por el doctor Gabriel Cámara que supo poner en marcha ideas clásicas. En resumen, el programa de redes de tutoría es ejemplo de un proceso de implementación novedoso de teorías previa y lúcidamente concebidas. 
La tercera característica sobresaliente del programa de intervención educativa basado en las redes de tutorías es que ha sido evaluado con técnicas de tipo cuasi experimental. Es decir, se ha tratado de mostrar si las secundarias que son sujeto de estos programas mejoran estadísticamente su desempeño en términos de logro escolar en comparación con aquellas escuelas en donde no existe tal programa. Según Sara Vogel, con el paso del tiempo, las escuelas que pusieron en marcha acciones basadas en la tutoría lograron cerrar la brecha en términos de logro escolar entre las escuelas que adoptaron el programa y aquéllas que no (Revista de la AZ, número 58, junio 2012). Este tipo de evaluación me parece cada vez más necesaria en un país que en ocasiones centra el debate público más en cuestiones ideológicas o estructurales (“el neoliberalismo es el culpable”) que en efectos prácticos y visibles (“qué programas educativos realmente funcionan para ampliar las habilidades del estudiante”).
Asumiendo que el programa de redes de tutoría es efectivo en algunas escuelas del nivel básico, los académicos nos preguntamos si habría posibilidades de generalizarlo. ¿Qué condiciones se deben cumplir para hacer un escalamiento exitoso de esta intervención escolar? Es fácil conmoverse con el documental sobre el caso de la secundaria Pedro Vélez, pero también hay buenas razones para pensar en cómo la tutoría puede transitar de particularidades a iniciativas amplias. ¿Quién podrá sugerir su expansión? ¿La SEP? 
El papel de la autoridad educativa federal también fue discutido y se hicieron notar algunas aparentes contradicciones. Por un lado, la SEP fue quien canceló este programa y además, ha emprendido una recentralización de atribuciones y de poder, pero por otro, en la legislación de la reforma propuesta por esta administración, se habla recurrentemente de “autonomía de la gestión escolar” (Ley General de Educación) y de que la escuela se define como “el plantel en cuyas instalaciones se imparte educación y se establece una comunidad de aprendizaje entre alumnos y docentes” (Ley General del Servicio Profesional Docente). La comunidad de aprendizaje es el espacio que articula, en este programa de tutorías, el establecimiento y desarrollo de las redes. ¿Reconocimiento o coincidencia?
Como en cualquier espacio donde el pensamiento y la acción están presentes, también se cuestionó a qué grado la tutoría podría compatibilizar su método con la enseñanza de los contenidos mínimos de la educación básica y no operar como una estrategia que supla procesos de enseñanza-aprendizaje igual de valiosos. Este tipo de preguntas surgieron con el ánimo de seguir explorando nuevas formas de conducir el cambio educativo y de aprovechar los resquicios que abre un destartalado sistema educativo para innovar y mejorar las capacidades y habilidades cognitivas de las niñas, niños y jóvenes que siguen enfrentando, injustificadamente, graves desventajas sociales y económicas.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

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