29 de noviembre de 2013

El COMIE hoy y de cómo la forma no es fondo

Por Pedro Flores Crespo*

El Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) acaba de concluir su décimo segundo congreso nacional, al que asistieron casi 3,000 participantes. De acuerdo con las autoridades universitarias de Guanajuato, nunca se había registrado un congreso académico de tal magnitud en esa ciudad.
Con visión e independencia, diversos académicos fundaron el COMIE hace 20 años como una Asociación Civil cuyo objetivo primordial es “conjuntar acciones e intereses comunes de los investigadores en el área educativa, con el fin de fomentar la investigación de calidad que incida en las prácticas y políticas de la investigación educativa”. Es, por lo tanto, una organización esencialmente académica e interinstitucional. Actualmente, aglutina a 439 investigadores de 88 instituciones entre públicas y privadas.

Investigación educativa en movimiento
El XII Congreso Nacional de Investigación Educativa (XIICNIE) fue testigo de varios hechos que merecen ser resaltados y comentados. En primer lugar, especialistas, maestros, estudiantes, normalistas y representantes de diversas organizaciones civiles y gubernamentales ratificaron al congreso del COMIE como un amplio espacio de diálogo sobre la problemática educativa del país. Se recibieron 2,438 trabajos entre ponencias, presentaciones de libro, carteles, propuestas de taller y proyectos para el Encuentro de Estudiantes de Posgrado (ENEPE). De este total, se aceptaron 1,399, es decir, se tuvo una tasa de aceptación de 57 por ciento.
En segundo lugar, el 12º CNIE presentó una estructura distinta a la tradicional. Primeramente, se fijó un tema central para el congreso: “Aportes y Reflexiones de la Investigación para la Equidad y la Mejora Educativas”. Luego, se organizaron los trabajos dentro de siete grandes áreas (Sistema Educativo Nacional, Educación Inicial y Básica, Educación Media Superior, Educación Superior, Posgrado, Educación Continua y Otras Alfabetizaciones y Educación en Espacios No Escolares). Con esta estructura y, a partir de una sistemática revisión de los resúmenes de las 1,027 ponencias, fue posible saber que cuatro de cada diez ponencias se concentraron en el área de Educación Superior por un lado, y por otro lado, que hubo un bajo porcentaje de ponencias en las áreas de Educación y otras Alfabetizaciones (29), así como de Educación en Espacios no Formales (44). Este dato llama la atención si consideramos que en México el problema del rezago educativo es grave, ya que concentra a más de 30 millones de personas que no saben leer ni escribir o que no han completado su educación básica, la cual es gratuita y obligatoria.
Los congresos del COMIE han evolucionado considerablemente con el tiempo. En este duodécimo encuentro, se repitió, por segunda ocasión y con un éxito rotundo el Encuentro de Estudiantes de Posgrado (ENEPE), mediante el cual los estudiantes de maestría y doctorado presentan sus avances ante investigadores de amplia trayectoria, creando así una cultura académica más abierta y colaborativa. Además, se tuvo la reunión focal de la World Education Research Association (WERA), lo que reafirma la firme estrategia de internacionalización del COMIE. Por si esto no fuera suficiente, se organizó la primera carrera y caminata por la educación con el ánimo de convivir y relajarse fuera de los tradicionales códigos académicos. Todo ello implicó un gran esfuerzo de coordinación, generosidad y un claro compromiso con la labor del COMIE.
En tercero y último lugar, el 12º CNIE vio cristalizados varias metas y proyectos. Se afianzó una forma colegiada de trabajar del Comité Directivo, se consiguieron importantes financiamientos que le van a dar viabilidad a las actividades científicas del COMIE y, finalmente, la Revista Mexicana de Investigación Educativa, ingresó al índice Web of Science-Sciences Citation de Thomson Reuters, lo que la ubica dentro del grupo de revistas científicas más importantes e influyentes del mundo.

Academia y poder político: cuando la forma no es fondo
Uno de los proyectos que también se concretaron fue haber conseguido el apoyo gubernamental para tener una sede permanente y que así el COMIE pueda realizar sus actividades sin contratiempos. Al ser una organización interinstitucional, el equipo técnico y administrativo —no sólo el directivo— del Consejo iba de un lugar a otro, lo que ha originado que se retrasen y entorpezcan las actividades fundamentales del Consejo como la oportuna distribución de la Revista o la pronta resolución de los problemas que cualquier organización tiene que enfrentar.
A destacados colegas como Manuel Gil Antón parece haberles sorprendido el anuncio del secretario de Educación Pública en el sentido de que el Gobierno Federal apoyaría la construcción de la sede del COMIE. El anuncio no fue un acto de magia, como se sugiere en su artículo “Te lo firmo y te lo cumplo” (El Universal, 23/11/13); sino el resultado de una labor de persuasión y negociación del el Comité Directivo (CD) del COMIE con el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Cabe aclarar que todos los miembros del CD son propuestos y elegidos por medio del voto durante las asambleas que anualmente realiza el Consejo. No fue, por lo tanto, una decisión unilateral ni una concesión improvisada derivada de un proceso ilegítimo. En este punto, Manuel Gil se equivoca.
Pero como agudo observador educativo y analista de las relaciones entre el “científico y el político”, Gil Antón provocó con su artículo reflexiones que me parecen muy sanas y útiles. ¿Cómo deberá ser la relación del COMIE con el poder político y los actuales funcionarios del Estado? ¿Cruzará esta relación la perspectiva compleja, pragmática o la clásica de las comunidades inconexas en la que se asume que el “académico es de Venus y el político de Marte” (Birnbaum)? ¿La forma en como producimos y comunicamos el conocimiento en el COMIE es la más idónea para que las autoridades educativas estatales y federales reflexionen sobre su práctica política? Pese a que el COMIE ha organizado seminarios sobre los usos de la investigación en los procesos de política y escolares, aún hay muchos temas que el nuevo CD tendrá que analizar y poner sobre la mesa. Manuel incita a ello y se agradece.
Por último, advierto que nuestro colega del Colegio de México tiende a pensar que por el hecho de recibir apoyo y sobre todo, por la forma en que lo anunciaron los actuales representantes del Gobierno Federal, puede haber un socavamiento de la autonomía del COMIE. Con la misma claridad y apertura con la que Manuel Gil escribe, pienso que en este caso, “forma no es fondo”. Podría haber un “priolítico clásico”, como piensa Gil Antón, pero por el perfil de algunos de los miembros del Comie, sus antecedentes de independencia e historia institucional no se visualiza un plegamiento automático del Consejo a los designios del “Jefe Providente”. Advertir públicamente del riesgo fue, insisto, útil.
Por otra parte, coincido con Manuel Gil en el sentido de que habrá que reflexionar por qué en México las organizaciones civiles recurren al apoyo de los gobiernos electos —¿es esto reflejo de una nueva gobernanza? Sin embargo, en esta discusión debe entrar otro punto esencial que no aparece en el artículo de Manuel: la independencia y autonomía intelectual no la ofrece ni la quita un apoyo en especie. En México, hay diversas instituciones académicas y científicas —incluido el Colmex— que han recibido apoyo de los gobiernos y siguen siendo profundamente críticas por el buen juicio de sus académicos. Es entonces en la manera de pensar, críticar, investigar y actuar frente al poder como se puede demostrar que organizaciones como el COMIE son confiables y útiles para la educación pública del país.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

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