14 de noviembre de 2013

La “fábrica de genios” del maestro Sergio Juárez

Por Carlos Rafael Rodríguez Solera*


En un mundo repleto de malas noticias, de vez en cuando llega una buena, que nos permite mantener viva una luz de esperanza.
Matamoros es un lugar del que estamos acostumbrados a leer reportajes de muertos, balaceras y crímenes de todo tipo. Pero hace unos días vino de ahí una noticia sorprendente: en medio de la pobreza, una niña de 12 años obtuvo la calificación más alta en matemáticas en la prueba ENLACE.
Tal logro pudo haber pasado inadvertido, a no ser por el artículo de la influyente revista Wired, que puso a Paloma Loyola en su portada y la presentó como la Steve Jobs del futuro.
“Genios hay en todas partes” dijo Paoli Bolio en el programa Primer Plano, cuando se comentó el caso el 28 de octubre de este año, pero, como bien le respondió Lorenzo Meyer, lo sorprendente de esta historia no es sólo la indudable capacidad de Paloma, sino también el extraordinario trabajo de su maestro.
Además de la “niña Jobs”, otros nueve alumnos del mismo grupo atendido por el maestro Sergio Juárez, son parte del selecto grupo que obtuvo las calificaciones más altas en la mencionada prueba.
Pronto esta historia se olvidará y los medios pasarán a ocuparse de otra "curiosidad" que llame la atención del público. Sin embargo, antes que eso ocurra, es importante rescatar algunas reflexiones generales sobre lo que podemos aprender de esa experiencia. 
Algo está haciendo el profesor Juárez para producir “genios” a voluntad y eso que hace debería ser de interés para autoridades e investigadores que nos dedicamos a buscar cómo mejorar la calidad y la equidad educativa, no porque se busque crear “genios”, como se calificó en la prensa el caso de alumnos con rendimientos sobresalientes, si no porque su práctica puede mostrarnos alternativas para mejorar la educación de todos los niños.
El salto a la fama de Paloma Loyola ha hecho que muchos medios de comunicación se interesaran en averiguar cómo hizo el maestro Juárez para que sus alumnos obtuvieran tan extraordinarios resultados.
Como se desprende de esa amplia cobertura periodística, el maestro Sergio Juárez se dio cuenta que había que hacer algo diferente a lo que prescriben los planes y programas de la SEP. 
El maestro Juárez buscó métodos de enseñanza innovadores que pudiera aplicar a sus alumnos. Leyó sobre lo que se hacía en otros países como Finlandia o Japón y trató de adaptar a su práctica lo que aprendía de esas experiencias.
Fue así como conoció los planteamientos del profesor hindú Sugata Mitra, quien propuso un método de enseñanza que estimula la participación activa de los estudiantes en su proceso formativo.
Mitra desarrolló este enfoque a partir de una primera experiencia de lo que hoy se conoce como el “experimento del agujero en la pared”.
En 1999, Mitra trabajaba en una compañía de Nueva Delhi que capacitaba a desarrolladores de software. Su oficina estaba al lado de un barrio pobre. Un día, decidió poner una computadora haciendo un hoyo en una pared que separaba al edificio de la barriada. 
Tenía curiosidad por ver lo que harían los niños con el aparato, si no se les daba ninguna instrucción. Para su sorpresa, los niños rápidamente descubrieron la forma de utilizar la máquina.
Esta experiencia llevó a Mitra a crear el sistema “Ambiente de Aprendizaje Auto-organizado”, conocido como SOLE, por sus siglas en inglés. Un procedimiento que rompe con el papel tradicional del maestro como poseedor del conocimiento.
En el método de Mitra, el maestro lanza una pregunta que genere interés y estimule la creatividad. Los niños trabajan en grupos pequeños y, con ayuda de Internet, buscan información para responder las interrogantes. Luego, los alumnos comparten sus historias de cómo descubrieron las respuestas. 
Aunque Mitra sostiene que el desarrollo de la informática ha permitido un estilo de aprendizaje que no era posible antes, su método demuestra algo que los educadores han intuido desde siempre: dejar que los niños persigan sus propias inquietudes, agudiza su deseo de aprender.
Es posible que habrá investigaciones y tesis de posgrado que van a tratar de explicar cómo ha hecho el maestro Sergio Juárez, para que estudiantes en las peores condiciones de pobreza tengan un logro académico mucho más alto que los alumnos de las más exclusivas escuelas particulares.
Aunque todavía no tengamos los resultados de una investigación de ese tipo, hay varias cosas que saltan a la vista. 
Una es que el profesor Juárez logró que sus alumnos alcanzaran esos niveles de aprendizaje sin contar con un peso más que otros maestros que trabajan en condiciones similares, por lo que su éxito no es atribuible a que le destinaran una gran cantidad de recursos.
Otra es que los estudiantes del maestro Juárez y él mismo, como lo relatan las crónicas periodísticas, provienen de un lugar caracterizado por la pobreza extrema, por lo que, en este caso, el contexto socioeconómico no fue un factor determinante para impedir que los alumnos aprendan.
Por último y quizá lo más importante, el maestro Juárez y sus estudiantes no tuvieron laboratorios de cómputo u otros recursos sofisticados, lo que no impidió que adoptara enfoques que han demostrado ser exitosos en otros contextos. 
Con su “fábrica de genios” el maestro Sergio Juárez demostró que no se trata de copiar paso a paso un método de enseñanza, como quien sigue una receta, sino que, lo más importante, es adoptar una concepción distinta de la educación, en este caso una que promueve, estimula y respeta la creatividad de los alumnos.

Carlos Rafael Rodríguez Solera es Doctor en Ciencias Sociales, investigador y académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). Originalmente publicado en Campus Milenio.

No hay comentarios. :

Publicar un comentario