14 de octubre de 2014

Juventud, educación, diálogo y democracia. Marisol Silva Laya en Milenio Diario 13 Campus

 El diálogo se vincula con una concepción ética de la coexistencia en la democracia, afirma la Dra. Laura Baca en el Cuaderno Diálogo y Democracia que forma parte de la colección Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática que publica el Instituto Nacional Electoral (INE). Éste es un principio considerado fundamental para la vida en democracia y está asociado a un conjunto de valores que son fundamento de la moderna convivencia civil, entre ellos la paz, el ejercicio del espíritu crítico y el intercambio respetuoso de opiniones.
No deja de generar un desasosiego permanente el hecho de que esta práctica vital, sea tan inusual en la vida de nuestras instituciones.
El conflicto que se ha suscitado en el Instituto Politécnico Nacional es una muestra de ello. La autoridad tomó decisiones sin considerar a otros actores: profesores y estudiantes, en un claro ejercicio de autoritarismo, muy distante de lo que reclama el desarrollo intelectual y académico, horizonte natural de una institución educativa de nivel superior.
Los estudiantes expresan legítimas preocupaciones acerca de las modificaciones que sufrieron el reglamento y los planes de estudio. Consideran que los nuevos planes instrumentados —y suspendidos— afectarían la calidad de la formación, al simplificar los contenidos de los primeros semestres con el fin de que éstos permitan la acreditación del nivel de técnico superior universitario (TSU). Después de analizar varias posturas, se puede concluir que un objetivo de la reforma es ampliar las posibilidades de los estudiantes politécnicos al ofrecer dicha salida intermedia.
Esta propuesta amerita una reflexión puntual. ¿Por qué el IPN decide repentinamente ofrecer una opción que ya ha sido ensayada en el sistema público de educación superior y que ha enfrentado serias limitaciones para posicionarse tanto en las preferencias estudiantiles como en el mercado de trabajo? El TSU es un perfil profesional que ofrecen las Universidades Tecnológicas (UT) creadas en 1991 con el fin de impartir carreras cortas (de 2 años) a jóvenes que no tienen posibilidades de dedicar más tiempo a un programa universitario.
Durante los primeros años de existencia, estas universidades se encontraban muy por debajo de su meta de matrícula.
Los jóvenes no las veían como su opción más deseable. Transcurridas más de dos décadas, están en camino de su consolidación, no sin antes haber instrumentado un segundo ciclo que permite a los estudiantes, después de los dos años, continuar con los estudios para obtener el título de ingeniero o licenciado; es decir, para logar una educación de nivel superior completa.
Pese a que los jóvenes insisten en su demanda por una “educación superior completa”, desde hace varios sexenios el Estado ha canalizado las iniciativas para incrementar la matrícula mediante la creación de carreras tecnológicas cortas. En el último informe de gobierno se reporta la creación de doce universidades, 4 de ellas UT, con lo que este subsistema sobrepasa el centenar de planteles (las otras 8 fueron Universidades Politécnicas). Los jóvenes mexicanos siguen aspirando a ingresar a las instituciones más grandes y de mayor prestigio en el país: la UNAM, el IPN, la UAM, entre otras. ¿No resulta paradójico que cuando ya lograron entrar al IPN, se les proponga optar por una carrera de nivel inferior? Cualquier persona en su sano juicio exigiría una explicación. Y, es esto lo que han hecho los estudiantes politécnicos.
No es mi intención cuestionar el valor de las opciones cortas de educación superior, considero que cumplen una función relevante en el contexto mexicano.
Únicamente trato de comprender las razones del rechazo de los estudiantes. También procuro desenmarañar las de la autoridad del IPN. ¿Cuáles podrían ser las razones para crear la salida intermedia? Se podría justificar, por ejemplo, si estuvieran presentando altas tasas de deserción en los primeros semestres, las cuales no hubieran podido revertirse después de haber aplicado dispositivos para asegurar la permanencia facilitando la adaptación tanto académica como social de los jóvenes en la institución.
La amplia investigación sobre el tema de permanencia y trayectorias exitosas ha demostrado que tales intervenciones son fundamentales. ¿Qué estrategias habrá instrumentado el Poli para garantizar entre sus estudiantes la permanencia y conclusión exitosa de los estudios? Otro escenario posible sería el haber diagnosticado que muchos jóvenes tienen una mayor orientación vocacional hacia perfiles como el técnico superior universitario. ¿Habrán realizado tal diagnóstico? Si no son éstos, cuáles serán los escenarios que condujeron a la decisión mencionada. ¿O será que el IPN está siguiendo de manera acrítica una política gubernamental que no ha sido del todo efectiva? Me pregunto, ¿por qué ocupar las plazas del IPN con estudiantes de carreras cortas cuando hay al menos cien instituciones que ya las ofrecen y muchas operan por debajo de su capacidad potencial?
Como puede advertirse, al igual que la comunidad politécnica, tengo más preguntas que respuestas. No hay una mejor manera de encontrar y construir alternativas que mediante el diálogo. Es una buena hora para que esta casa de estudios genere los espacios y las estrategias adecuadas para llenar de contenido ese principio educativo fundamental “aprender-haciendo”. Que prevalezca el diálogo informado, plural y respetuoso en la búsqueda de soluciones viables para mejorar la calidad educativa que ofrece esta institución fundamental para la sociedad mexicana
*INSTITUTO DE INVESTIGACIONES PARA EL DESARROLLO DE LA EDUCACIÓN (INIDE)/ UIA

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